Europa busca reducir su dependencia tecnológica sin renunciar a los gigantes de EE. UU.

Europa tiene un problema tecnológico que ya no puede medirse únicamente comparando catálogos de servicios. Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google concentran alrededor del 70 % del mercado europeo de infraestructura cloud, mientras los proveedores europeos se mantienen cerca del 15 %. La diferencia sigue siendo enorme, pero contratos públicos, nuevas inversiones privadas y decisiones como la de Airbus de incorporar Scaleway muestran que la soberanía digital empieza a entrar en las decisiones de compra junto al precio, las prestaciones y la seguridad.

Las claves de la soberanía tecnológica europea en 20 segundos

  • AWS, Microsoft y Google reúnen alrededor del 70 % del mercado cloud europeo.
  • Los proveedores europeos mantienen aproximadamente un 15 %, pese al fuerte crecimiento del mercado.
  • Alemania ha adjudicado a un consorcio con STACKIT una plataforma pública de IA valorada en unos 250 millones de euros.
  • Airbus ha seleccionado Scaleway para determinadas cargas que requieren mayores niveles de control y soberanía.

La objeción habitual sigue siendo difícil de ignorar: las alternativas europeas no siempre ofrecen el mismo catálogo, alcance internacional o madurez que las grandes plataformas estadounidenses. Es cierto en muchos casos. La cuestión para empresas y administraciones es determinar cuántas de esas diferencias afectan realmente a las aplicaciones que necesitan ejecutar.

AWS, Azure y Google Cloud han construido durante años enormes catálogos de infraestructura, bases de datos, inteligencia artificial (IA), analítica, seguridad, redes y servicios gestionados. Replicar servicio por servicio esa oferta exigiría inversiones que pocos proveedores europeos pueden asumir.

Pero tampoco todas las organizaciones necesitan replicarla.

Para una parte considerable de las cargas empresariales, los requisitos principales continúan siendo máquinas virtuales, almacenamiento, bases de datos, Kubernetes, copias de seguridad, conectividad, observabilidad, seguridad y servicios de plataforma relativamente convencionales. En esos escenarios, la discusión puede trasladarse desde quién posee más productos hasta quién satisface los requisitos concretos de cada aplicación.

El 70 % del cloud europeo sigue en manos de tres compañías estadounidenses

Los datos explican por qué la cuestión ha pasado de los departamentos técnicos a Bruselas.

Synergy Research Group calculó que el mercado europeo de servicios de infraestructura cloud alcanzó 61.000 millones de euros en 2024. Los proveedores europeos habían multiplicado por más de tres sus ingresos desde 2017, pero el mercado en su conjunto creció todavía más rápido.

El resultado es paradójico. Las compañías europeas venden mucho más cloud que hace unos años, pero controlan una proporción menor del mercado.

Su cuota pasó del 29 % en 2017 a aproximadamente el 15 % en 2022 y desde entonces se ha mantenido alrededor de ese nivel. Amazon, Microsoft y Google reúnen conjuntamente cerca del 70 %. Entre los proveedores europeos, SAP y Deutsche Telekom aparecen como los mayores, con alrededor de un 2 % cada uno, seguidos por compañías como OVHcloud, Telecom Italia y Orange.

Mercado cloud europeoSituación
AWS, Microsoft y Google~70 %
Proveedores europeos~15 %
Cuota europea en 201729 %
Cuota europea desde 2022~15 %
Mercado europeo en 202461.000 millones de euros

La Comisión Europea ha dado otro paso en 2026. El 25 de junio comunicó a Amazon y Microsoft su posición preliminar para considerar AWS y Azure como servicios sujetos a la Ley de Mercados Digitales (DMA).

Todavía no es una decisión definitiva. Las compañías tienen derecho a responder antes de que Bruselas adopte una resolución final.

La Comisión considera que ambas plataformas mantienen posiciones duraderas y se benefician, entre otros factores, de elevados costes de cambio, amplios ecosistemas y grandes bases de clientes. También señala que las herramientas de IA y las alianzas alrededor de ellas se han convertido en factores relevantes para contratar servicios cloud.

Esto ayuda a explicar por qué la soberanía tecnológica no consiste simplemente en encontrar una máquina virtual europea equivalente a una instancia de AWS.

Una empresa puede trasladar servidores y almacenamiento y continuar dependiendo del proveedor anterior para identidad, bases de datos propietarias, inteligencia artificial, herramientas de desarrollo, analítica o software como servicio (SaaS). Cuantas más capas propietarias utiliza una organización, más complicado puede resultar sustituirlas.

Alemania y Airbus empiezan a llevar la soberanía a contratos concretos

Algunos movimientos recientes permiten observar cómo puede funcionar una estrategia diferente.

En mayo, un consorcio encabezado por SVA System Vertrieb Alexander junto a Codesphere y STACKIT, la plataforma cloud de Schwarz Digits, consiguió el contrato para desarrollar la nueva plataforma de inteligencia artificial del Ministerio Federal alemán de Digitalización y Modernización del Estado.

El proyecto está valorado en aproximadamente 250 millones de euros. STACKIT proporcionará la infraestructura cloud y dispone de certificación de la Oficina Federal Alemana de Seguridad de la Información (BSI).

La futura plataforma está dirigida a administraciones federales y regionales y contempla aplicaciones como procesamiento de documentos y apoyo a determinados procedimientos administrativos.

No significa que Alemania vaya a sustituir de golpe todos sus servicios tecnológicos estadounidenses. Sí demuestra que los criterios de soberanía pueden traducirse en contratos de una escala suficiente para generar demanda local.

Airbus ofrece otro ejemplo desde el sector privado.

En julio de 2026, la compañía aeroespacial seleccionó a la francesa Scaleway como proveedor de cloud soberano europeo después de un proceso competitivo. El contrato está dirigido a determinadas aplicaciones empresariales que requieren niveles elevados de gobernanza, resiliencia y protección jurídica.

Hay un matiz importante: Airbus no anunció una migración completa desde AWS hacia Scaleway.

El acuerdo habla de complementar su cartera cloud existente y trasladar o modernizar cargas seleccionadas dentro de un entorno soberano. Esa diferencia permite entender mejor hacia dónde puede dirigirse el mercado: menos sustituciones absolutas y más arquitecturas en las que las organizaciones deciden qué cargas pueden permanecer en hyperscalers globales y cuáles necesitan mayor control europeo.

El dinero privado también empieza a moverse

La inteligencia artificial añade otra dimensión porque Europa necesita algo más que software. Necesita centros de datos, electricidad, aceleradores, redes y capital para financiar esa infraestructura.

Durante 2026 se han producido varias rondas que difícilmente podrían considerarse pequeñas.

La británica Nscale anunció en marzo una Serie C de 2.000 millones de dólares, que valoró la compañía en 14.600 millones. La empresa desarrolla infraestructura para IA que combina centros de datos, GPU, redes, almacenamiento y software.

Wayve, también con sede en Reino Unido, cerró una ronda Serie D de 1.200 millones de dólares, además de capital adicional sujeto a hitos de Uber dentro de un paquete anunciado de hasta 1.500 millones. Su actividad está centrada en inteligencia artificial para conducción autónoma, por lo que no es un proveedor cloud comparable a Nscale, pero sí forma parte del crecimiento de la inversión europea alrededor de la IA.

AMI Labs, la empresa fundada alrededor del trabajo de Yann LeCun y Alexandre LeBrun en modelos capaces de comprender el mundo físico, recaudó 1.030 millones de dólares en marzo.

Solo esas tres operaciones anunciadas representan más de 4.000 millones de dólares de capital, aunque no deben sumarse como si fueran inversiones equivalentes en infraestructura cloud europea. Nscale construye capacidad informática; Wayve desarrolla tecnología para vehículos autónomos y AMI Labs investiga modelos de IA. Comparten el crecimiento de la financiación tecnológica europea, pero sus negocios son diferentes.

La distancia con Estados Unidos continúa siendo enorme. Los datos recopilados este año muestran que las empresas estadounidenses siguen captando mucho más capital que sus equivalentes europeas. Además, parte de las rondas de compañías europeas procede precisamente de inversores y empresas tecnológicas estadounidenses.

La soberanía, por tanto, tampoco equivale necesariamente a que todo el capital, hardware o software tenga pasaporte europeo.

Ese es uno de los límites prácticos del debate. Europa puede desarrollar proveedores de cloud y centros de datos propios y seguir dependiendo de GPU de NVIDIA o AMD, arquitecturas Arm, equipamiento de redes extranjero, software estadounidense y cadenas globales de fabricación de semiconductores.

Lo relevante para determinadas organizaciones puede ser identificar qué dependencias son sustituibles y cuáles representan un riesgo que merece una alternativa.

Un estudio reciente de Capgemini entre 1.300 responsables de grandes organizaciones refleja precisamente ese cambio. Las empresas están prestando más atención a la posibilidad de sustituir proveedores tecnológicos ante riesgos geopolíticos, ciberataques y restricciones comerciales. No implica abandonar automáticamente al proveedor principal, sino saber qué ocurriría si algún servicio crítico dejara de estar disponible o cambiara sus condiciones.

Ahí probablemente esté la parte más práctica de la soberanía digital europea.

Un proveedor europeo no necesita tener cientos de servicios para resultar competitivo en todas las situaciones. Pero tampoco basta con ser europeo. Tiene que ofrecer disponibilidad, rendimiento, seguridad, cumplimiento normativo, soporte, precios competitivos y una evolución tecnológica suficientemente rápida.

La procedencia puede convertirse en otro criterio de compra, especialmente para administraciones, defensa, industria, infraestructuras críticas y datos sensibles. La competencia tecnológica europea tendrá más posibilidades de crecer si consigue contratos reales, pero esos contratos seguirán dependiendo de que sus productos resuelvan problemas reales.

Europa no necesita elegir necesariamente entre utilizar tecnología estadounidense o europea. El cambio que empieza a observarse consiste en evitar que esa elección desaparezca por completo.

encuentra artículos

newsletter

Recibe toda la actualidad del sector tech y cloud en tu email de la mano de RevistaCloud.com.

Suscripción boletín

LO ÚLTIMO