¿Consume la IA tanta agua como la industria? La comparación que desmonta el gráfico viral

Un gráfico que compara el supuesto consumo de agua de Nestlé, Coca-Cola o PepsiCo con Google, Meta, Microsoft, xAI y ChatGPT se está compartiendo como prueba de que los centros de datos apenas tienen impacto hídrico frente a otras industrias. El problema es que la comparación no identifica unidades, años, metodología ni siquiera si habla de extracción o consumo, y sus cifras no coinciden con los informes ambientales públicos de varias de las compañías representadas. Los datos reales muestran una situación bastante más interesante: los centros de datos consumen menos agua que algunas grandes industrias, pero su impacto no puede medirse únicamente con un ranking global de litros.

Las claves del consumo de agua de los centros de datos en 20 segundos

  • El gráfico viral mezcla cifras que no forman un conjunto comparable y ni siquiera muestra la unidad utilizada.
  • Google consumió aproximadamente 37.000 millones de litros de agua dulce en 2025, según sus propios datos.
  • Meta declaró 3.123 millones de litros en 2024; Nestlé, 51.400 millones en 2025.
  • Retirar agua no equivale a consumirla.
  • Para medir el impacto importa tanto cuánto se usa como dónde, cuándo y de qué fuente procede.

El primer indicio de que algo no encaja está precisamente en la ausencia de unidad. El gráfico asigna un valor de 4.000 a Nestlé, 2.800 a Coca-Cola, 2.300 a PepsiCo, 105 a UPM, 42 a Google, 10 a Meta y apenas 0,05 a ChatGPT.

Pero los informes corporativos permiten contrastar algunas de esas magnitudes y los resultados son muy diferentes.

Nestlé declaró para 2025 un consumo de agua de 51,4 millones de metros cúbicos, equivalentes a 51.400 millones de litros. La compañía retiró aproximadamente 96 millones de metros cúbicos durante el mismo ejercicio. En 2024 había consumido 45 millones de metros cúbicos.

Meta declaró en 2024 3.123 megalitros, es decir, 3.123 millones de litros. De ellos, 2.974 millones correspondieron a sus centros de datos y 149 millones a oficinas.

Google presenta una escala mayor. En su informe ambiental de 2026 asegura haber repuesto 7.700 millones de galones durante 2025, equivalentes al 78 % de su consumo total de agua dulce. Eso permite calcular aproximadamente 9.870 millones de galones consumidos, unos 37.400 millones de litros. Es una estimación derivada de los porcentajes comunicados por Google, no una cifra que la compañía publique exactamente con esa formulación.

Así que un gráfico donde Google aparece como «42» y Meta como «10» podría parecer, a primera vista, que utiliza miles de millones de litros. Pero esa hipótesis deja inmediatamente de funcionar con otras compañías.

La tabla cambia por completo cuando se comparan métricas equivalentes

Una comparación razonablemente homogénea puede construirse utilizando consumo directo de agua en las operaciones, cuando las empresas publican esa métrica. Incluso entonces hay que aceptar que los ejercicios disponibles no siempre coinciden y que los perímetros corporativos son diferentes.

CompañíaPeriodoConsumo directo declarado o derivadoAproximación en litros
Coca-Cola System2023194,853 millones m³194.853 millones
CRH202461,9 millones m³61.900 millones
Nestlé202551,4 millones m³51.400 millones
Google2025~37,4 millones m³*~37.400 millones
UPM202425 millones m³25.000 millones
PepsiCo2024~24 millones m³~24.000 millones
Meta20243,123 millones m³3.123 millones

*Estimación calculada a partir de los 7.700 millones de galones repuestos por Google, que representaron aproximadamente el 78 % de su consumo de agua dulce de 2025.

La tabla tampoco debería convertirse en otro meme. Las empresas no hacen exactamente lo mismo ni utilizan el agua de la misma manera.

Coca-Cola, por ejemplo, declaró para su sistema global en 2023 una retirada de 311.998 megalitros y un consumo de 194.853 megalitros. Parte del agua termina físicamente en los productos y otra parte se utiliza en fabricación, limpieza y otros procesos.

PepsiCo informó para 2024 de aproximadamente 74 millones de metros cúbicos retirados y 24 millones consumidos en sus operaciones propias. Alrededor del 25 % del consumo se produjo en regiones consideradas de alto riesgo hídrico.

UPM ofrece uno de los mejores ejemplos de por qué no debe confundirse retirada con consumo. La compañía papelera retiró 407 millones de metros cúbicos en 2024, una cifra enorme, pero devolvió 382 millones en forma de aguas de proceso y refrigeración. Su consumo neto declarado fue de 25 millones de metros cúbicos.

CRH muestra un fenómeno parecido, aunque con menor diferencia: retiró 104,8 millones de metros cúbicos y declaró un consumo de 61,9 millones en 2024.

El gráfico viral, por tanto, no puede verificarse como una comparación consistente de consumo operativo, retirada de agua o huella hídrica.

Retirar 400 litros no significa consumir 400 litros

La diferencia semántica es más importante de lo que parece.

Water withdrawal, o extracción de agua, mide cuánta agua se toma de ríos, acuíferos, redes municipales u otras fuentes.

Water consumption intenta medir la parte que no vuelve a la misma cuenca o fuente en condiciones equivalentes porque se evapora, se incorpora a un producto o abandona el sistema de alguna otra forma.

Una fábrica puede retirar grandes cantidades de agua para refrigerar un proceso y devolver buena parte posteriormente. Un centro de datos con torres evaporativas puede retirar menos, pero consumir una proporción elevada al liberar el agua como vapor.

Comparar los dos valores como si fueran idénticos puede alterar el ranking en órdenes de magnitud.

También existe una tercera cifra: la huella hídrica de la cadena de suministro.

Aquí aparecen agricultura, producción de electricidad, fabricación de semiconductores, materias primas, alimentación o embalajes.

Para una empresa de alimentación, cultivar café, cacao, azúcar, patatas o maíz puede representar una huella de agua mucho mayor que la utilizada directamente dentro de sus fábricas. Para una compañía tecnológica, la fabricación de chips y la generación eléctrica añaden consumo hídrico que no necesariamente aparece dentro de la cifra operacional del centro de datos.

Mezclar huella indirecta para una compañía con consumo directo para otra produce comparaciones espectaculares, pero metodológicamente inútiles.

Meta ofrece un buen ejemplo de esta diferencia. Además de los 3.078 millones de litros de consumo operativo que declaró en 2023, estimó 55.475 megalitros de consumo de agua asociado a la electricidad comprada. Su informe calcula que su contratación de renovables evitó gran parte de ese consumo potencial. Son métricas distintas y Meta las publica por separado.

Google ya consume decenas de miles de millones de litros al año

Los datos de Google muestran por qué tampoco sería correcto utilizar los errores del gráfico para concluir que el agua de los centros de datos es irrelevante.

En 2024 Google repuso 4.500 millones de galones, equivalentes al 64 % de su consumo de agua dulce. Esa proporción implica un consumo cercano a 26.600 millones de litros durante aquel año.

En 2025 la reposición ascendió a 7.700 millones de galones y representó el 78 % del consumo, lo que lleva el cálculo hasta unos 37.400 millones de litros.

La subida es importante y coincide con una fuerte ampliación de capacidad para inteligencia artificial y servicios cloud, aunque el informe de Google no permite atribuir todo el incremento exclusivamente a la IA.

Meta está bastante por debajo en términos absolutos, pero sus cifras muestran otra característica del sector: casi todo su consumo directo procede de los centros de datos. En 2024 estos representaron aproximadamente el 95 % del consumo operacional de agua de la compañía.

Microsoft, por su parte, comunicó en su informe ambiental de 2026 que durante su ejercicio fiscal 2025 repuso más de 14,2 millones de metros cúbicos y que esa cantidad superó sus extracciones. La compañía también está introduciendo diseños de refrigeración de circuito cerrado que reducen o eliminan el consumo continuo de agua para refrigeración en determinados centros.

OpenAI está adoptando una estrategia similar para sus nuevos campus Stargate. La empresa asegura que sus emplazamientos utilizan o utilizarán sistemas de circuito cerrado o de bajo consumo. En Abilene afirma que, tras el llenado inicial, el circuito recircula continuamente el agua y que el consumo anual de refrigeración del campus completamente desarrollado debería ser comparable al de unas pocas viviendas. Es una estimación de OpenAI para ese diseño concreto y no debe extrapolarse a toda la infraestructura utilizada por ChatGPT.

Esto último desmonta también otro problema del gráfico: no existe una cifra pública y auditada que permita decir que “ChatGPT consume 0,05” de una determinada unidad anual.

ChatGPT funciona sobre infraestructura distribuida entre distintos centros, proveedores y generaciones de hardware. Un dato por consulta tampoco puede multiplicarse de forma simple por el número de prompts y convertirse en la huella hídrica total del producto.

El verdadero problema del agua en los centros de datos es local

Una empresa que consuma 200.000 millones de litros repartidos entre cientos de instalaciones del planeta no tiene necesariamente cinco veces más impacto hídrico que otra que consuma 40.000 millones.

El lugar cambia la ecuación.

Un millón de metros cúbicos utilizados en una región con abundantes precipitaciones, grandes reservas superficiales y poca competencia por el recurso no tiene el mismo impacto que ese mismo millón en una cuenca con sequía recurrente y acuíferos sobreexplotados.

También importa el momento.

Una instalación puede representar una pequeña fracción del consumo anual de una región y convertirse, sin embargo, en un usuario importante durante los meses de mayor estrés hídrico.

Meta declaró que 748 millones de litros de su consumo de 2024 procedieron de zonas con estrés hídrico alto o extremadamente alto, alrededor de una cuarta parte del total.

Nestlé informó de que el 53,5 % del agua que consumió en 2025 correspondió a regiones con estrés hídrico alto o extremadamente alto.

Es precisamente este tipo de información la que desaparece en un ranking global.

Un centro de datos puede utilizar poca agua en comparación con una compañía mundial de bebidas y seguir provocando un problema local si está instalado en una cuenca sometida a sequía. Del mismo modo, una fábrica puede retirar cientos de millones de metros cúbicos y devolver la mayor parte al sistema.

La tecnología de refrigeración también modifica mucho el resultado. Los diseños evaporativos intercambian agua por eficiencia energética: evaporar agua permite evacuar calor utilizando menos electricidad que algunos sistemas completamente secos.

Eliminar el consumo de agua puede incrementar en determinadas condiciones el consumo eléctrico.

Por eso fabricantes y operadores están recurriendo a refrigeración líquida directa, circuitos cerrados, agua regenerada, sistemas híbridos y diseños que seleccionan el método de refrigeración en función del clima y de la disponibilidad local.

El debate real no debería ser si «la IA está robando toda el agua» ni si «los centros de datos no consumen prácticamente nada».

Ambas simplificaciones fallan.

Los informes corporativos muestran que la infraestructura digital ya consume miles de millones y, en compañías como Google, decenas de miles de millones de litros de agua al año. También muestran que industrias como bebidas, materiales, alimentación o papel pueden alcanzar volúmenes mayores.

Pero litros globales no son suficientes para medir el impacto.

Para comparar de forma honesta hay que preguntar primero si se habla de extracción o consumo, incluir el mismo perímetro empresarial, separar operaciones de cadena de suministro, utilizar el mismo periodo y, sobre todo, conocer en qué cuenca se utiliza el agua y cuál es su nivel de estrés.

El gráfico viral hace exactamente lo contrario: reduce todo ese problema a unas barras sin unidad.

Fuentes:

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