Rusia, atascada en los 90 nm, estudia comprar parte de fábricas de chips chinas

Técnico con una oblea de silicio en una sala blanca de fabricación de chips, imagen generada con IA

Rusia estudia comprar participaciones en fábricas de semiconductores chinas para asegurarse capacidad de producción de chips. Según publicó el diario ruso Kommersant el 28/09/2026, la Compañía Microelectrónica Unificada (OMK por sus siglas en ruso), el organismo creado para agrupar los recursos del sector, analiza entrar en el capital de fundiciones chinas «pequeñas y poco prestigiosas» que trabajen para el mercado local y para Rusia. La idea llega mientras la industria rusa sigue sin fabricar en volumen por debajo de los 90 nanómetros.

Las claves del plan ruso para comprar fábricas de chips en China en 30 segundos

  • La OMK estudia entrar en el capital de una o varias fundiciones chinas pequeñas, según tres fuentes citadas por Kommersant.
  • El objetivo es tener hueco garantizado en sus líneas de producción, no comprar tecnología.
  • El Estado podría destinar hasta 750.000 millones de rublos a la OMK, cuya estrategia hasta 2030 se aprobaría este año.
  • Los expertos consultados advierten de que ser accionista no da acceso a patentes y de que Pekín puede rechazar a un socio sancionado.

Por ahora es una opción en estudio, no una decisión. Las fuentes de Kommersant, una persona que conoce la estrategia de la OMK y dos participantes en su discusión, precisan que el plan todavía no fija ni la inversión ni el número de operaciones. Kommersant pidió comentarios al Ministerio de Industria y Comercio y al grupo Element, el mayor fabricante ruso de microelectrónica, que se integraría en la nueva compañía.

Un hueco en la cola de producción

La lógica del plan es sencilla. Rusia no tiene fábricas capaces de producir chips modernos y depende de terceros, sobre todo de China, para fabricar lo que diseña. Si la OMK entra en el capital de una fundición, tendría más fácil conseguir capacidad cuando la necesite. Según una de las fuentes, el porcentaje de acciones no es lo decisivo, porque «se puede acordar que una o varias líneas de producción trabajen para las necesidades rusas». Esa misma fuente asegura que algunos fabricantes chinos han propuesto un esquema parecido.

Alexei Ershov, subdirector de un centro de investigación vinculado a la Universidad Técnica Bauman, lo resume en una frase: «Al accionista le resulta más fácil obtener cuotas y un precio claro». Recuerda además que varios diseñadores rusos de procesadores, como Baikal, Módulo o Elvis, ya fabrican sus chips en China, y que tener una participación en una fábrica china no cambia la puntuación que el Ministerio de Industria concede para considerar ruso un producto, porque esa puntuación depende de las fases de trabajo hechas en Rusia.

La práctica tampoco es extraña en el sector. Ershov cita a Sony y Denso, que participan en la fábrica de TSMC en Japón, o a Bosch, Infineon y NXP en el proyecto de Dresde. Aun así, sugiere que Rusia valore comprar una fábrica entera y trasladarla, porque aparecer en el registro de accionistas podría complicar la relación de esa fábrica con sus proveedores occidentales de equipos.

Ser accionista no da acceso a la tecnología

Los expertos consultados por Kommersant coinciden en que el plan tiene límites claros. Maxim Slugin, socio del despacho Jinshi, explica que una participación permite afianzar la relación, participar en la gestión y conocer parte de la información interna, pero no da libre acceso a patentes, conocimiento técnico ni documentación tecnológica. Eso requiere acuerdos aparte, así que no puede verse como una forma de conseguir tecnología «libremente».

El segundo problema es político. Slugin añade que las fábricas chinas no tienen prohibido aceptar dinero ruso, pero pueden rechazar a un inversor, sobre todo si está ligado al Estado o sancionado. Konstantin Pozdniakov, asesor del rector de la Universidad Social Estatal de Rusia, calcula que para influir de verdad en el reparto de capacidad haría falta un paquete de bloqueo del 25 % o la mayoría. «Pekín está ahora más interesado en atraer capital y tecnología extranjeros que en compartir la gestión de sus propias fábricas, sobre todo con un socio que está sancionado», advierte.

Tampoco hay que perder de vista que el propio sector chino está bajo presión. Sus fundiciones grandes, como SMIC, trabajan al límite de capacidad, y Revista Cloud ya ha contado cómo SMIC gana pedidos extranjeros por la saturación de TSMC y Samsung. Que la OMK apunte a fábricas pequeñas refleja también que es poco probable que las grandes quieran un accionista ruso.

Una industria que no ha pasado de los 90 nm

El contexto explica la urgencia. Mikron, en Zelenogrado, es el principal fabricante ruso de chips y su proceso más avanzado en producción es el de 90 nm, que obtuvo por licencia en 2010 y puso en marcha hacia 2012 y 2013. Llegó a fabricar muestras experimentales de 65 nm en 2013, pero nunca ha producido en serie con ese proceso. Para comparar, TSMC ya fabrica en 2 nm, y en China SMIC produce chips de clase 7 nm y se acerca a los 5 nm sin litografía EUV.

Las sanciones han empeorado la situación. Antes de 2022, los procesadores rusos más avanzados, como los Elbrus o los Baikal, se fabricaban en TSMC. Tras las sanciones, esa vía se cerró y parte de la producción volvió a las líneas de 90 nm de Mikron o pasó a China. Rusia tiene planes para pasar a 65 nm y después a 28 nm, con 2028 como horizonte en algunas previsiones, y está desarrollando sus propios equipos de litografía, pero los primeros trabajan con resoluciones de hace décadas.

La OMK es la apuesta del Gobierno para ordenar ese sector. Según el viceprimer ministro primero, Denis Manturov, sus tareas son agrupar recursos, crear un complejo de microelectrónica de ciclo completo y formar personal. El Estado podría destinarle hasta 750.000 millones de rublos, y su estrategia hasta 2030 debería aprobarse este año. Comprar un trozo de una fábrica china no acercaría a Rusia a fabricar por sí misma chips avanzados, pero sí podría asegurarle el suministro mientras lo intenta. La dependencia de China ya es un rasgo de su estrategia tecnológica, como se vio en el caso de GigaChat y el hardware chino.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la OMK?

La Compañía Microelectrónica Unificada es el organismo ruso creado para agrupar los recursos y la capacidad de producción del sector de semiconductores. El Estado podría destinarle hasta 750.000 millones de rublos.

¿En qué fábricas chinas quiere invertir Rusia?

No se han dado nombres. Las fuentes de Kommersant hablan de fundiciones «pequeñas y poco prestigiosas» que trabajen para el mercado local y para Rusia, y el plan aún no fija importes.

¿Qué procesos de fabricación domina Rusia?

Su proceso más avanzado en producción es el de 90 nm de Mikron. Los 65 nm solo se han probado de forma experimental.

¿Daría la inversión acceso a tecnología china?

No necesariamente. Los expertos recuerdan que ser accionista no da acceso a patentes ni documentación técnica, que exigen acuerdos aparte.

Fuentes:

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