Trump rechaza frenar la IA frente a China: «Quien gane en IA, gana»

Donald Trump ha dejado clara la prioridad de Estados Unidos ante las crecientes advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial: mantener la ventaja frente a China. Preguntado el 13 de septiembre en Irlanda sobre si la industria debería ralentizar su desarrollo o estar más regulada, el presidente estadounidense admitió que pueden establecerse límites, pero consideró exagerados algunos de los escenarios planteados y resumió su posición con una frase: «Quien gane en IA, gana». La grabación disponible confirma el contenido y el contexto de sus palabras.

Las claves de la respuesta de Trump sobre la IA en 30 segundos

  • Trump sostiene que Estados Unidos lidera actualmente la carrera de la inteligencia artificial frente a China y quiere conservar esa posición.
  • El presidente acepta que puedan existir medidas de seguridad, aunque no concretó qué controles respaldaría.
  • Sus declaraciones llegan después de que responsables de Anthropic, OpenAI, xAI y Google DeepMind hayan respaldado ralentizar el avance de los modelos más potentes.
  • El debate enfrenta los riesgos de sistemas cada vez más capaces con una competencia tecnológica, económica y militar en la que Washington considera a China su principal rival.
  • Trump no anunció una nueva política ni descartó toda regulación.

Las declaraciones se produjeron durante una conversación con periodistas en el complejo de golf de Trump en Doonbeg, Irlanda. La pregunta fue directa: ante los informes preocupantes sobre inteligencia artificial, ¿debería la industria reducir el ritmo o estar sometida a una mayor regulación?

Trump respondió situando inmediatamente el asunto en la competición entre Estados Unidos y China.

«Estamos por delante de China en IA. Somos el país más sofisticado del mundo y, francamente, quiero que siga siendo así porque quien gane en IA, gana».

El presidente añadió que pueden establecerse guardrails, un término utilizado habitualmente para referirse a salvaguardas o límites de seguridad. Sin embargo, acto seguido criticó a lo que calificó como «fuerzas negativas» que estarían planteando escenarios que, según él, «no van a suceder».

No identificó cuáles de las advertencias considera exageradas ni explicó qué mecanismos de seguridad estaría dispuesto a aceptar.

Ese matiz importa. Trump no dijo que la IA deba desarrollarse sin ninguna regla, pero tampoco respaldó la petición que acaba de surgir desde algunas de las compañías que desarrollan los modelos más avanzados.

Los propios laboratorios de IA han empezado a pedir que se reduzca el ritmo

Las palabras del presidente llegan después de un cambio poco habitual dentro de la industria.

Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, publicó en septiembre el ensayo We Must Pace the Frontier, en el que sostiene que el desarrollo de los sistemas más avanzados debería avanzar más despacio para dar tiempo a que las medidas de seguridad puedan seguir el ritmo de sus capacidades.

Amodei no propone detener indefinidamente la inteligencia artificial. Su planteamiento consiste en reducir la velocidad de la frontera tecnológica y aumentar la supervisión, incluida la participación de evaluadores externos con un acceso mucho más profundo a los sistemas de las compañías.

El responsable de Anthropic enumera riesgos que van desde ciberataques y uso de la IA para amenazas biológicas hasta perturbaciones económicas y, en escenarios más extremos, la pérdida de control sobre sistemas suficientemente capaces.

La propuesta adquirió mayor dimensión cuando otros responsables de grandes laboratorios respaldaron la necesidad de actuar.

Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, manifestó su acuerdo con la necesidad de acompasar el avance de la frontera y respaldó el acceso de evaluadores externos. Elon Musk también apoyó públicamente la llamada de Amodei, mientras que Demis Hassabis, responsable de Google DeepMind, se mostró favorable a la dirección general del planteamiento.

Esto no significa que las cuatro compañías hayan acordado detener sus modelos, ni existe actualmente una pausa coordinada de la industria.

Tampoco existe consenso sobre qué significaría exactamente «ralentizar» la IA: cuánto habría que reducir el ritmo, qué modelos quedarían afectados, qué capacidades activarían los controles o quién tendría autoridad para determinar que un sistema es demasiado peligroso para entrenarlo o desplegarlo.

La discusión ha cambiado, no obstante, cuando son precisamente algunos de quienes compiten por construir los sistemas más potentes quienes reclaman más tiempo para evaluar sus riesgos.

China convierte un problema de seguridad en una carrera geopolítica

Ahí aparece el conflicto que Trump pone en primer plano.

Una empresa estadounidense podría decidir voluntariamente retrasar el entrenamiento o lanzamiento de un modelo. Incluso Washington podría establecer requisitos obligatorios para los laboratorios que operan en su territorio.

Pero ninguna de esas decisiones garantiza que China haga lo mismo.

La posibilidad de que un país reduzca voluntariamente el ritmo mientras su principal competidor continúa avanzando es uno de los grandes obstáculos para cualquier propuesta internacional sobre IA.

Amodei reconoce esa dificultad. Su planteamiento combina estándares entre países democráticos con posteriores negociaciones con gobiernos autoritarios. Al mismo tiempo, Anthropic defiende mantener restricciones estadounidenses sobre la exportación a China de los chips más avanzados utilizados para entrenar inteligencia artificial.

Pekín ha rechazado este enfoque cuando considera que busca limitar el desarrollo tecnológico chino y defiende una gobernanza internacional de la IA que no se base en bloquear el acceso de determinados países a la tecnología.

La posición de Trump es diferente.

Para el presidente estadounidense, mantener el liderazgo tecnológico tiene un valor estratégico suficiente como para desconfiar de medidas que puedan reducir la velocidad de sus empresas mientras China continúa desarrollando sus propios modelos.

No es la primera vez que utiliza prácticamente las mismas palabras.

El 4 de septiembre, ante otra pregunta sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial se descontrole y lance ciberataques, Trump afirmó que su Administración la vigila «muy cuidadosamente», volvió a señalar que Estados Unidos está por delante de China y calificó la IA como algo «más grande que Internet». También dijo entonces que la carrera se libra fundamentalmente entre Washington y Pekín.

Sus nuevas declaraciones muestran, por tanto, una posición mantenida durante las últimas semanas y no una respuesta improvisada exclusivamente ante la petición de Amodei.

La Administración Trump sí contempla controles sobre la inteligencia artificial

Presentar la posición estadounidense simplemente como una elección entre regulación o ausencia de regulación tampoco refleja toda la política de la Casa Blanca.

La Administración Trump ha defendido durante 2026 una regulación federal que permita mantener la competitividad estadounidense y, simultáneamente, introducir determinadas medidas de seguridad.

En marzo presentó un marco legislativo nacional para la inteligencia artificial que situaba explícitamente entre sus objetivos que Estados Unidos ganase la carrera mundial de la IA, pero también abordaba cuestiones de confianza pública y seguridad.

President Trump takes questions at Irish Open

En junio Trump firmó además una orden ejecutiva sobre innovación y ciberseguridad mediante IA. Pocos días después firmó un memorando específico para su utilización en el ámbito de la seguridad nacional.

Este último ordena acelerar la incorporación de sistemas avanzados de IA a las Fuerzas Armadas y los servicios de inteligencia, pero también exige que los sistemas desplegados sean controlables y mantengan líneas claras de responsabilidad.

La diferencia está principalmente en cuánto control aplicar antes de que la tecnología avance.

PosiciónQué plantea
Donald TrumpMantener el liderazgo de EE. UU. frente a China y aceptar algunas salvaguardas
Dario AmodeiReducir el ritmo de los modelos de frontera y aumentar la evaluación independiente
Sam AltmanHa respaldado acompasar la frontera y utilizar evaluadores externos
Elon MuskHa apoyado públicamente la petición de Amodei
Demis HassabisHa respaldado la dirección general de una mayor cautela
Gobierno chinoDefiende cooperación y gobernanza internacional y rechaza restricciones que discriminen a China

El desacuerdo tampoco consiste necesariamente en decidir si la inteligencia artificial es peligrosa o segura. Una parte importante de la discusión está en qué nivel de riesgo justifica retrasar sistemas que también pueden proporcionar ventajas económicas, científicas y militares.

Trump coloca el coste geopolítico de frenar en el centro de esa decisión.

¿Puede Estados Unidos frenar la IA sin que China haga lo mismo?

Esta es probablemente la cuestión más complicada que queda detrás de sus declaraciones.

Si los sistemas de IA continúan mejorando rápidamente y las advertencias de los laboratorios resultan fundadas, aumentar las evaluaciones y establecer controles podría reducir determinados riesgos.

Si esos controles ralentizan considerablemente el desarrollo estadounidense mientras China mantiene su velocidad, Washington podría perder parte de su ventaja.

Pero existe también el razonamiento contrario: una carrera en la que cada participante acelera porque teme que el otro llegue primero puede hacer más difícil que cualquiera dedique tiempo suficiente a comprobar la seguridad de sus sistemas.

Es el mismo dilema que explica por qué las propuestas más ambiciosas empiezan a hablar de coordinación internacional.

El problema es que Estados Unidos y China no compiten únicamente por disponer del mejor chatbot. La IA está conectada con semiconductores, centros de datos, energía, ciberseguridad, inteligencia militar, investigación científica y productividad económica.

Washington lleva años limitando la exportación a China de determinados chips y tecnologías necesarias para fabricar semiconductores avanzados. Pekín, por su parte, está aumentando sus esfuerzos para desarrollar una cadena tecnológica menos dependiente de proveedores estadounidenses.

Por eso una eventual negociación para ralentizar determinados sistemas necesitaría definir primero qué se frena y cómo se verifica que ambas partes cumplen.

No existe actualmente un acuerdo de ese tipo.

Trump no niega todos los riesgos, pero deja claro qué riesgo teme más

Las palabras pronunciadas en Irlanda permiten separar lo que Trump dijo de algunas interpretaciones posteriores.

No afirmó que la inteligencia artificial carezca de riesgos. Tampoco anunció la eliminación de todas las normas de seguridad ni ordenó a OpenAI, Anthropic, Google o xAI acelerar sus modelos.

Lo que hizo fue cuestionar algunas de las advertencias más negativas, aceptar genéricamente la posibilidad de establecer salvaguardas y colocar inmediatamente por encima una prioridad: Estados Unidos no debe perder su ventaja sobre China.

La discusión llega además en un momento especialmente delicado. Los responsables de algunas de las compañías que más tienen que ganar económicamente con modelos cada vez más capaces están advirtiendo de que el ritmo puede estar superando la capacidad para evaluarlos adecuadamente.

Eso tampoco convierte automáticamente sus previsiones más extremas en hechos científicos demostrados. Las estimaciones sobre sistemas futuros contienen una enorme incertidumbre y existe un debate abierto incluso entre especialistas sobre la probabilidad de los escenarios catastróficos.

Pero el cambio dentro de la industria obliga a Washington a responder a una pregunta política que Trump, por ahora, resuelve principalmente desde la competición internacional.

La frase «quien gane en IA, gana» resume bien esa posición. También muestra el problema pendiente: Estados Unidos, China y las propias compañías todavía tienen que definir qué significa ganar una carrera tecnológica en la que algunos de sus participantes empiezan a preguntarse si correr a máxima velocidad es seguro.

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