
La IA choca con el hormigón: energía, turbinas y permisos frenan la carrera
La inteligencia artificial ha acostumbrado al mercado a pensar en velocidad. Nuevos modelos cada pocos meses, chips más potentes, centros de datos anunciados con cifras que hasta hace poco parecían improbables y rondas de financiación de miles de millones. Pero el límite que empieza a aparecer no está solo en el software ni en los semiconductores. Está en la parte más física de la economía: electricidad, turbinas, transformadores, permisos, suelo, agua, refrigeración y obras. Una frase atribuida a Elon Musk y muy compartida en redes resume bien esa tensión. Cuando le preguntaron por qué las grandes tecnológicas no construyen simplemente centrales eléctricas privadas junto a sus centros de datos para saltarse la red, la respuesta fue directa: el cuello de




