Jensen Huang ha puesto palabras a una de las consecuencias más incómodas de la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China. Según el consejero delegado de Nvidia, la cuota de mercado de la compañía en aceleradores de Inteligencia Artificial en China ha caído al 0 %. No es una bajada más en un mercado difícil. Es la desaparición, al menos en ventas directas, de una empresa que hasta hace poco dominaba con claridad uno de los mayores mercados tecnológicos del mundo.
La frase tiene carga política, industrial y económica. Huang sostiene que la política estadounidense de restricciones a la exportación de chips avanzados “ha fracasado en buena medida” porque ha dejado libre un mercado enorme a los competidores locales. Su argumento es sencillo: si las empresas estadounidenses no pueden vender en China, China no deja de construir centros de datos de IA. Compra otras soluciones, acelera sus propios chips y empuja a sus desarrolladores a depender menos del ecosistema de Nvidia.
El veto no ha parado la IA china, ha cambiado sus proveedores
La estrategia de Washington nació con una lógica de seguridad nacional. Estados Unidos quiere impedir que China acceda a chips capaces de entrenar modelos avanzados, operar superordenadores o acelerar aplicaciones militares. Las primeras restricciones importantes llegaron en octubre de 2022 y fueron ampliadas en 2023, con controles sobre determinados chips de computación avanzada, sistemas de supercomputación y equipos para fabricación de semiconductores.
El problema es que el mercado no se congela cuando se cierra una puerta. Nvidia adaptó sus productos para seguir vendiendo en China dentro de los límites permitidos, como ocurrió con la familia H20. Pero esa vía también quedó afectada. En abril de 2025, la compañía fue informada de que necesitaba licencia para exportar H20 al mercado chino. El impacto fue inmediato: Nvidia asumió un cargo de 4.500 millones de dólares por inventario y compromisos de compra, reconoció 4.600 millones de dólares en ventas H20 antes de la nueva exigencia y dejó de enviar otros 2.500 millones de dólares en ingresos potenciales durante el primer trimestre fiscal de 2026.
La situación empeoró en el trimestre siguiente. Nvidia comunicó que no hubo ventas de H20 a clientes con sede en China durante el segundo trimestre fiscal de 2026 y que sus previsiones no incluían envíos de H20 a China. Es decir, la compañía no solo había sufrido un golpe puntual: estaba gestionando su negocio como si China hubiera dejado de contar en la ecuación inmediata de sus aceleradores de IA.
Ahí encaja la dureza de Huang. Desde el punto de vista de Nvidia, las restricciones no han eliminado la demanda china de computación para IA. Han forzado a los clientes locales a buscar sustitutos y han dado tiempo a Huawei, Cambricon, Moore Threads, MetaX y otros actores chinos para ganar presencia en un mercado que antes miraba de forma casi natural a Nvidia.
China acelera su alternativa nacional
La gran pregunta es si China puede reemplazar a Nvidia de verdad. En rendimiento bruto, software, herramientas para desarrolladores, interconexión y madurez del ecosistema, Nvidia sigue teniendo una ventaja enorme. CUDA no es solo una capa de software: es una red de bibliotecas, optimizaciones, marcos de trabajo, documentación y experiencia acumulada durante años. Replicar eso no se consigue de un día para otro.
Pero China no necesita igualar a Nvidia en todo para reducir su dependencia. Puede empezar por inferencia, por despliegues más controlados, por cargas internas de grandes plataformas y por modelos optimizados para hardware local. Esa vía ya está en marcha. Varias informaciones del sector apuntan a un crecimiento rápido de proveedores chinos, con Huawei como candidato a ocupar una parte creciente del mercado doméstico y Cambricon ganando tracción en clientes de gran tamaño.
Bernstein ya había estimado que la cuota de Nvidia en el mercado chino de GPU para IA podía caer desde el 66 % en 2024 hasta alrededor del 8 % en los próximos años, mientras los proveedores nacionales cubrían una parte cada vez mayor de la demanda. Huang afirma ahora que, para Nvidia, la caída en China ya ha llegado a cero en ventas directas, aunque conviene matizar la cifra: no equivale necesariamente a que no exista hardware Nvidia instalado, importado por terceros o usado en entornos heredados.
Ese matiz importa. El 0 % es una fotografía comercial y política muy potente, pero no describe por completo el uso real de chips Nvidia dentro de China. Aun así, la dirección del viaje es clara. Cuanto más tiempo permanezca Nvidia fuera del mercado, más incentivos tendrán las empresas chinas para adaptar modelos, frameworks y centros de datos a alternativas locales. Y cuanto más madure ese ecosistema, más difícil será para Nvidia recuperar su posición anterior si las restricciones se relajan.
La política de chips entra en una fase más incómoda
El debate no tiene una respuesta sencilla. Quienes defienden los vetos argumentan que permitir ventas masivas de aceleradores avanzados a China puede reforzar capacidades militares, de vigilancia y supercomputación de un rival estratégico. Es una preocupación real, y por eso los controles de exportación no pueden evaluarse solo con criterios empresariales.
Pero la crítica de Huang apunta a otra parte: si la política consigue expulsar a las empresas estadounidenses sin frenar de forma suficiente el avance chino, el resultado puede ser peor para Washington. Estados Unidos perdería ingresos, influencia tecnológica y presencia en un mercado enorme, mientras China construiría una cadena propia con más urgencia y más apoyo político.
La propia evolución de las reglas muestra esa tensión. En enero de 2026, el Departamento de Comercio revisó su política para analizar caso por caso licencias de exportación de chips como Nvidia H200 o AMD MI325X a China, siempre bajo determinadas condiciones de seguridad. Esa flexibilidad sugiere que incluso dentro de Washington existe conciencia de que un cierre absoluto tiene costes estratégicos.
Nvidia, por su parte, sigue creciendo con fuerza fuera de China gracias a la demanda global de Blackwell, los grandes clústeres de IA y el gasto de hiperescalares. Pero China era demasiado grande para ser irrelevante. Perder ese mercado no hunde a Nvidia a corto plazo, pero sí puede alterar el equilibrio a largo plazo de la industria. La compañía deja espacio a rivales locales, reduce su capacidad de definir estándares en China y alimenta justo la autonomía tecnológica que Estados Unidos quería contener.
El caso Nvidia resume una paradoja de la nueva geopolítica tecnológica. Los chips más avanzados son tan importantes que los gobiernos quieren controlarlos, pero al controlarlos demasiado pueden empujar a otros países a construir alternativas. A veces funcionan. A veces tardan. Pero cuando un mercado del tamaño de China se siente obligado a sustituir una tecnología, la inversión aparece.
La frase de Huang no debe leerse solo como la queja de un consejero delegado que pierde ventas. También es una advertencia sobre el diseño de la política industrial. Frenar a un competidor no basta si la medida acelera su independencia. En la carrera de la Inteligencia Artificial, Estados Unidos conserva ventajas enormes en chips, software, cloud y talento. Pero renunciar por completo a China puede acabar reduciendo una de sus armas más poderosas: la capacidad de hacer que el mundo construya sobre tecnología estadounidense.
Preguntas frecuentes
¿Qué ha dicho Jensen Huang sobre Nvidia en China?
Ha afirmado que la cuota de Nvidia en el mercado chino de aceleradores de Inteligencia Artificial ha caído al 0 % y que la política estadounidense de restricciones a la exportación ha tenido un efecto contraproducente.
¿Por qué Estados Unidos limita la venta de chips de IA a China?
Washington argumenta motivos de seguridad nacional. Sus controles buscan impedir que China use chips avanzados para supercomputación, aplicaciones militares, vigilancia o desarrollo de sistemas de IA estratégicos.
¿Significa el 0 % que no hay chips Nvidia en China?
No necesariamente. La cifra se refiere a la posición comercial directa de Nvidia en el mercado chino de aceleradores de IA. Puede seguir existiendo hardware Nvidia instalado, heredado o llegado por vías indirectas.
¿Quién puede ocupar el hueco de Nvidia en China?
Huawei, Cambricon, Moore Threads, MetaX y otros proveedores chinos están intentando cubrir parte de la demanda. Nvidia mantiene una ventaja clara en rendimiento y software, pero China está acelerando su propia cadena tecnológica.