Latinoamérica vive su fiebre de centros de datos, pero no todos ganarán igual

América Latina se ha convertido en uno de los nuevos territorios de expansión para centros de datos, cloud e infraestructura digital. Google construye un centro de datos de 850 millones de dólares en Uruguay, Amazon ha comprometido 5.000 millones para una nueva región cloud en México y Microsoft invertirá 2.700 millones en infraestructura cloud e inteligencia artificial en Brasil. La región aparece cada vez más en los mapas de inversión de los grandes operadores tecnológicos.

La oportunidad es real, pero conviene no confundir construcción de infraestructura con desarrollo digital automático. Un centro de datos puede atraer capital, mejorar conectividad y reducir latencia, pero sus efectos económicos dependen de quién lo opera, qué cargas aloja, cuánta energía consume, qué talento local incorpora y qué compromisos obtiene el país anfitrión. Sin una estrategia clara, la región corre el riesgo de repetir una historia conocida: aportar suelo, energía e incentivos mientras la mayor parte del valor se captura fuera.

Brasil lidera, pero la escala regional aún es limitada

América Latina y el Caribe alojan ya más de 500 centros de datos, con unos 1.450 MW de capacidad instalada. La cifra crece, pero sigue siendo modesta frente a los grandes mercados mundiales. Solo el norte de Virginia, el mayor polo global de centros de datos, concentra alrededor de 4.900 MW, más del triple que toda la región latinoamericana.

Brasil es el actor dominante. Según Data Center Map, citado por Americas Quarterly, el país concentra 206 centros de datos, muy por encima de Chile y México, ambos con 64. Argentina suma 45, Colombia 39, Panamá 17, Perú 13, Costa Rica 12 y Uruguay 10. En términos regionales, Brasil representa el 37,3 % de los centros de datos latinoamericanos, seguido por Chile y México, con el 11,6 % cada uno.

PaísNúmero de centros de datos
Brasil206
Chile64
México64
Argentina45
Colombia39
Panamá17
Perú13
Costa Rica12
Uruguay10

El crecimiento esperado es notable. La inversión anual en centros de datos en la región podría pasar de 5.000 millones de dólares en 2023 a cerca de 10.000 millones en 2029, mientras la capacidad total casi se duplicaría hacia 2035. El impulso llega por varias vías: adopción cloud, crecimiento del comercio electrónico, fintech, streaming, aplicaciones de inteligencia artificial, requisitos de baja latencia y necesidad de procesar datos más cerca de los usuarios.

La región cuenta además con una ventaja difícil de ignorar: su matriz eléctrica. Brasil genera cerca del 90 % de su electricidad con fuentes renovables, un atractivo importante para operadores presionados por objetivos ESG y por el consumo energético creciente de la inteligencia artificial. Empresas como Equinix, Ascenty y Scala han ampliado presencia en São Paulo precisamente por esa combinación de demanda, conectividad y energía relativamente limpia.

Hiperescala no es lo mismo que colocation

Uno de los puntos más importantes del análisis es la diferencia entre centros de datos hiperescalares y centros de colocation. Los primeros son construidos y operados por grandes tecnológicas, como Amazon, Google o Microsoft, para ejecutar sus propios servicios cloud y cargas internas. Los segundos son levantados por operadores especializados que alquilan espacio, potencia y conectividad a clientes que pueden estar en cualquier parte del mundo.

La distinción importa mucho para medir impacto local. Un campus hiperescala puede generar efectos de arrastre si se integra con proveedores, universidades, startups, formación técnica, servicios profesionales y contratación local. En cambio, un centro de colocation puede ser una infraestructura útil, pero con menos efecto económico directo si sus clientes son empresas extranjeras que solo alquilan racks o capacidad.

El artículo de Americas Quarterly cita investigación de Brookings basada en unas 770 instalaciones de centros de datos en Estados Unidos entre 2003 y 2024. Según ese trabajo, los condados que reciben instalaciones hiperescalares ven crecer el empleo del sector de información un 22 % en cinco o seis años, con salarios entre un 3 % y un 4 % más altos. Los centros de colocation, en cambio, generan efectos locales mucho menores.

El matiz es relevante para gobiernos que esperan miles de empleos solo por atraer un proyecto. Las estimaciones ingenuas, que no corrigen tendencias previas de crecimiento en zonas que ya eran atractivas, pueden inflar el efecto laboral por un factor de tres. Además, incluso los beneficios de los hiperescalares requieren densidad. Un condado con una sola instalación puede ver un impacto limitado; donde hay cuatro o más centros, el empleo del sector de información puede crecer con más fuerza.

La energía limpia no basta si no llega al nodo correcto

La disponibilidad de renovables es una ventaja regional, pero no resuelve por sí sola el problema energético de los centros de datos. Estas instalaciones necesitan potencia firme, estable y disponible en un punto concreto de la red. No basta con que un país tenga una buena matriz eléctrica si la energía limpia está lejos, si faltan líneas de transmisión, si la subestación está saturada o si los permisos se alargan.

México ofrece un ejemplo claro. La capacidad instalada de centros de datos pasó de 115 MW en 2024 a casi 280 MW el año siguiente, un crecimiento del 140 % en un solo año. Aun así, la asociación mexicana del sector ha advertido de que algunos proyectos se están redirigiendo hacia Brasil y Chile porque la planificación energética no avanza al ritmo que exige la industria.

El problema no es únicamente la generación. Es la conexión entre generación, transmisión, ubicación del centro de datos, permisos, refrigeración y disponibilidad real. Los países que resuelvan antes esa coordinación tendrán ventaja. Los que compitan solo con incentivos fiscales pueden atraer anuncios, pero no necesariamente proyectos sostenibles a largo plazo.

Riesgo para la regiónPor qué importa
Confundir colocation con hiperescalaLos impactos económicos y laborales son muy distintos
Usar multiplicadores importadosLas cifras de empleo de Virginia no se trasladan automáticamente a Latinoamérica
Falta de planificación eléctricaLa energía renovable debe estar disponible en el nodo adecuado
Incentivos sin contraprestacionesLas exenciones fiscales pueden no generar ecosistema local
Concentración en pocos paísesPuede crear dependencia si no hay gobernanza regional
Ausencia de estrategia de datosUn centro sin capa de datos local es solo infraestructura alquilada

Infraestructura sin soberanía: el gran riesgo

El debate de fondo es quién captura el valor. Los centros de datos son intensivos en capital, pero muy eficientes en empleo una vez construidos. La actividad que realmente genera más valor, cloud, inteligencia artificial, comercio electrónico, streaming, software, análisis de datos, suele pertenecer a empresas que no están domiciliadas en la región.

Latinoamérica aporta tierra, energía, permisos, conectividad y, en algunos casos, incentivos fiscales. Los retornos más altos pueden acabar en las compañías que ejecutan las cargas, venden servicios cloud o controlan las plataformas digitales. Por eso la infraestructura, por sí sola, no garantiza soberanía tecnológica ni desarrollo local.

El caso de Brasil es ilustrativo. El régimen REDATA, introducido el año pasado, ofrece exenciones fiscales a la importación de equipos para centros de datos. Fitch Ratings estima que estas ayudas podrían traducirse en miles de millones en ahorro para inversores. Puede ser una herramienta legítima para atraer proyectos, pero su sentido depende de si genera capacidades locales: empleo cualificado, proveedores, formación, acceso cloud para universidades y startups, y desarrollo de servicios digitales nacionales.

La experiencia de Estados Unidos muestra un aviso. En condados dominados por centros de colocation, los incentivos fiscales pueden representar una parte muy elevada de la inversión en construcción, justo donde los efectos de arrastre son menores. Virginia, referencia mundial en centros de datos, vio cómo su exención fiscal al sector costaba al estado 1.600 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2025. América Latina debería estudiar esos costes antes de competir a ciegas con rebajas fiscales.

Dos caminos para América Latina

Para Brasil, México y Chile, que tienen mercados digitales más grandes y ecosistemas tecnológicos más densos, la prioridad debería ser negociar bien la llegada de hiperescalares. No basta con ofrecer terreno, energía o permisos. Los gobiernos deberían exigir compromisos medibles: suministro eléctrico que también beneficie a hogares e industria local, objetivos de contratación y formación, participación de proveedores nacionales, acceso para universidades, startups e instituciones públicas, y obligaciones claras de gobernanza de datos.

Para economías más pequeñas, el camino puede ser distinto. Americas Quarterly propone mirar modelos de soberanía digital compartida inspirados en Estonia. Tras el ciberataque de 2007, Estonia firmó en 2017 un acuerdo con Luxemburgo para alojar registros gubernamentales en una instalación protegida legalmente bajo jurisdicción estonia. Mónaco siguió una lógica similar en 2021 y Bahréin ha ido más lejos con legislación que permite a terceros almacenar datos en su territorio bajo su propia jurisdicción.

Una adaptación latinoamericana podría permitir que países pequeños accedan a hubs compartidos en São Paulo, Santiago o Bogotá bajo marcos de gobernanza pactados. La clave sería participar como actores soberanos, no como simples clientes de operadores extranjeros. Si la concentración regional en pocos nodos es inevitable, la pregunta es si esa concentración generará dependencia o integración.

Para una estrategia de inteligencia artificial, esto es aún más relevante. Un centro de datos sin datos públicos ordenados, interoperables y gobernados es solo capacidad de cómputo alquilada. La IA local necesita registros sanitarios, catastros, datos fiscales, imágenes satelitales, información educativa y datos administrativos bien curados, con garantías legales y técnicas. Sin esa capa, la región puede acabar pagando por infraestructura que sirve sobre todo a modelos y plataformas desarrollados fuera.

Prepararse antes de que lleguen los hiperescalares

Los gobiernos latinoamericanos tienen margen, pero deben actuar antes de que la negociación esté cerrada. Necesitan marcos regulatorios claros, condiciones de acceso a red, normas de datos, criterios de sostenibilidad, reglas de permisos, objetivos de formación y exigencias de acceso local. También deben tener claro qué ofrecen: suelo, energía, fiscalidad, velocidad administrativa y estabilidad jurídica. Y qué piden a cambio.

Competir solo con incentivos y esperar que el desarrollo llegue después es una receta conocida. En la historia económica de la región, muchas bonanzas de recursos generaron actividad, pero dejaron poco valor añadido local. Con los centros de datos puede ocurrir algo parecido si no se negocian condiciones de ecosistema.

La infraestructura digital puede ser una oportunidad para reducir latencia, atraer inversión, mejorar resiliencia, impulsar cloud, acelerar inteligencia artificial y crear nuevos servicios. Pero no todos los proyectos tendrán el mismo impacto. La diferencia entre ser territorio de alojamiento y ser parte de la cadena de valor dependerá de las decisiones que tomen los gobiernos ahora.

La fiebre de centros de datos en América Latina no es un mito, pero tampoco es una garantía de desarrollo. La región tiene energía, ubicación, demanda y margen de crecimiento. Lo que necesita es estrategia. Sin ella, la infraestructura será un contrato de servicio. Con ella, puede convertirse en una base real para soberanía digital, industria tecnológica y capacidades propias de inteligencia artificial.

Preguntas frecuentes

¿Qué país lidera los centros de datos en América Latina?

Brasil lidera claramente la región, con 206 centros de datos según Data Center Map, seguido por Chile y México, con 64 cada uno.

Por qué América Latina atrae inversión en centros de datos?

Por el crecimiento de cloud, comercio electrónico, fintech, inteligencia artificial, necesidad de baja latencia y disponibilidad de energía renovable en varios países.

Qué diferencia hay entre hiperescalares y colocation?

Los hiperescalares, como Amazon, Google o Microsoft, construyen y operan centros para sus propios servicios. Los centros de colocation alquilan espacio y potencia a clientes externos. Su impacto local puede ser muy distinto.

Cuál es el principal riesgo para la región?

Que los países aporten suelo, energía e incentivos, pero no capturen valor local en empleo cualificado, proveedores, acceso a cloud, datos públicos, soberanía digital e inteligencia artificial.

vía: americasquarterly

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