La robótica descubre su próximo cuello de botella: los imanes de tierras raras

La carrera por la inteligencia artificial física está trasladando parte de la presión tecnológica desde las GPU y los centros de datos hacia componentes mucho menos visibles. Los imanes permanentes de neodimio-hierro-boro (NdFeB) utilizados en motores y actuadores son uno de ellos. Si los robots humanoides alcanzan las escalas de fabricación que anticipan algunas compañías, asegurar neodimio, praseodimio, disprosio y terbio podría convertirse en un problema industrial comparable al suministro de chips avanzados.

Las claves de los imanes para robots e IA en 20 segundos

  • Los robots humanoides necesitan numerosos motores compactos y de alta potencia, muchos basados en imanes NdFeB.
  • Adamas Intelligence prevé que la robótica pueda convertirse en el principal consumidor de estos imanes hacia 2040.
  • China domina buena parte del procesamiento de tierras raras y de la fabricación mundial de imanes.
  • Estados Unidos está financiando minas, separación, metalurgia y nuevas fábricas para reducir esa dependencia.
  • También avanzan motores y materiales alternativos que podrían reducir el consumo futuro de tierras raras.

Hasta ahora, buena parte de la infraestructura de IA podía explicarse siguiendo una cadena relativamente conocida: GPU, memoria HBM, redes de alta velocidad, servidores, centros de datos y electricidad. La llegada de robots, vehículos autónomos y otras máquinas capaces de actuar sobre el mundo físico añade una nueva capa.

Una GPU puede decidir cómo debe moverse un brazo robótico, pero finalmente son motores y actuadores los que tienen que ejecutar ese movimiento. Ahí entran los imanes.

Del modelo de IA al motor: el hardware que hace que un robot se mueva

Los imanes NdFeB combinan neodimio, hierro y boro y destacan por proporcionar un campo magnético muy elevado en un volumen relativamente pequeño.

Esa característica explica su presencia en motores eléctricos, turbinas eólicas, electrónica, automatización industrial y sistemas de defensa. También encaja especialmente bien con la robótica.

Un humanoide necesita introducir numerosos motores en un espacio limitado. Brazos, hombros, caderas, rodillas, manos y otras articulaciones requieren actuadores capaces de generar fuerza y realizar movimientos precisos sin disparar el peso del conjunto.

El neodimio y el praseodimio proporcionan las propiedades magnéticas principales. En aplicaciones que trabajan a temperaturas elevadas pueden añadirse tierras raras pesadas como disprosio y terbio para mejorar el comportamiento del imán frente al calor.

El problema aparece al trasladar esta arquitectura desde unos miles de prototipos hasta millones de robots.

Adamas Intelligence considera que la robótica puede convertirse hacia 2040 en uno de los mayores motores de demanda de imanes NdFeB. La consultora ha analizado incluso qué ocurriría bajo escenarios extremos de adopción de humanoides.

Uno de ellos parte de los 10.000 millones de robots que Elon Musk ha planteado públicamente como posibilidad a largo plazo. Adamas calculó que fabricar esa cantidad hacia 2040 exigiría un volumen de imanes equivalente a 186 veces la producción mundial anual actual de NdFeB.

El dato sirve para medir el tamaño del desafío, pero no debe confundirse con una previsión de producción. Que lleguen a fabricarse 10.000 millones de humanoides está lejos de estar demostrado y, además, la tecnología de motores puede cambiar mucho antes de alcanzar semejante escala.

China tiene una ventaja que va mucho más allá de las minas

Hablar de tierras raras suele llevar inmediatamente a la extracción minera, pero para la industria tecnológica el problema es más complejo.

Entre sacar el mineral de la tierra e instalar un imán en un robot existen varias etapas: concentración, separación química, producción de óxidos, transformación en metales y aleaciones y, finalmente, fabricación y mecanizado del imán.

China ha desarrollado durante décadas capacidad industrial en buena parte de esa cadena.

Esto resulta especialmente delicado en las tierras raras pesadas. Disprosio y terbio se utilizan en determinadas formulaciones de imanes destinados a aplicaciones que necesitan soportar temperaturas elevadas manteniendo sus propiedades.

La concentración geográfica introduce un riesgo parecido al que la industria tecnológica conoce bien por los semiconductores: tener acceso al recurso natural no significa disponer de capacidad para convertirlo en un componente utilizable.

Estados Unidos intenta ahora reconstruir esos pasos intermedios.

La frase pronunciada por Donald Trump el pasado 15 de julio, cuando pidió públicamente a la industria estadounidense que fabricase imanes, simplifica una estrategia industrial bastante más amplia.

Washington está apoyando proyectos que van desde la extracción hasta las fábricas de imanes terminados.

MP Materials muestra cómo Estados Unidos quiere reconstruir la cadena

Uno de los proyectos más avanzados es el de MP Materials, propietario de Mountain Pass, en California.

La compañía trabaja para integrar la extracción estadounidense con procesamiento y fabricación de imanes en Texas. Su relación con el Departamento de Defensa estadounidense permite entender hasta qué punto la cuestión ha dejado de tratarse únicamente como un negocio minero.

El acuerdo alcanzado en 2025 contempla un precio mínimo de 110 dólares por kilogramo de NdPr durante diez años, bajo las condiciones establecidas en el contrato.

El Gobierno estadounidense también respalda el aumento de la capacidad de fabricación.

El mecanismo intenta solucionar un problema histórico de los proyectos occidentales de tierras raras: construir instalaciones durante años para encontrarse después compitiendo con material asiático vendido a precios mucho más bajos.

Garantizar un suelo reduce parte de ese riesgo económico y proporciona más visibilidad a inversiones que necesitan periodos largos para recuperar el capital.

La estrategia estadounidense se extiende además al disprosio y al terbio.

Serra Verde, productor brasileño cuya adquisición ha acordado USA Rare Earth, dispone de precios mínimos establecidos para su producción de la primera fase: 575 dólares por kilogramo de disprosio y 2.050 dólares para el terbio, además de 110 dólares para neodimio y praseodimio.

USA Rare Earth anunció en abril un acuerdo para comprar Serra Verde por 2.800 millones de dólares. Al tratarse de una operación pendiente de cierre, la compañía brasileña no debe considerarse todavía integrada definitivamente en el grupo.

La sucesión de acuerdos muestra algo importante para la industria tecnológica: Washington no está intentando crear solamente una nueva mina. Quiere disponer de una cadena capaz de terminar produciendo motores y componentes.

El próximo problema de la IA puede estar fuera del centro de datos

La robótica está ampliando considerablemente la lista de recursos físicos asociados a la inteligencia artificial.

Un centro de datos necesita semiconductores, memoria, cobre, fibra óptica, transformadores, refrigeración y grandes cantidades de electricidad. Un robot añade baterías, motores, reductores, sensores, rodamientos y materiales magnéticos.

Por eso escalar la IA física presenta dificultades diferentes a desplegar un modelo en la nube.

Fabricar otro millón de robots significa repetir un millón de veces prácticamente toda su lista de materiales. El software puede copiarse con un coste marginal muy bajo; un motor eléctrico no.

Empresas como Tesla, Figure, Agility Robotics, Apptronik y otros fabricantes de humanoides trabajan precisamente en reducir costes y diseñar robots que puedan producirse industrialmente.

NVIDIA ocupa otra posición en esta cadena. Sus plataformas proporcionan computación, modelos y herramientas para desarrollar robots, pero la expansión del mercado que intenta atender dependerá también de que los fabricantes puedan conseguir todos los componentes físicos necesarios.

Es una diferencia importante respecto a la IA generativa puramente digital.

La disponibilidad de GPU puede aumentar mediante nuevas fábricas de semiconductores. El suministro de materiales para millones de máquinas requiere simultáneamente minería, plantas químicas, metalurgia y capacidad industrial repartida por numerosos proveedores.

Europa también intenta recuperar capacidad industrial

La respuesta no se limita a Estados Unidos.

Europa dispone de proyectos destinados a recuperar parte del procesamiento y fabricación de imanes. Solvay, por ejemplo, mantiene actividad relacionada con la separación de tierras raras en La Rochelle, Francia, mientras Neo Performance Materials está desarrollando capacidad europea de fabricación de imanes en Estonia.

Australia tiene igualmente una posición relevante gracias a sus recursos y a compañías como Lynas Rare Earths, uno de los principales productores fuera de China.

Para los fabricantes de robots, vehículos y sistemas industriales, esta diversificación tiene otra ventaja: reduce la dependencia de un único país para un componente difícil de sustituir rápidamente.

Pero levantar capacidad alternativa requiere años. Una instalación de separación química no aparece simplemente porque aumente el precio del neodimio, del mismo modo que una nueva fábrica de semiconductores no comienza a producir chips avanzados unos meses después de anunciarse.

Los motores sin tierras raras pueden cambiar la ecuación

Existe además una variable tecnológica que impide proyectar linealmente la demanda actual hasta 2040.

No todos los motores eléctricos necesitan imanes permanentes de tierras raras.

Existen motores de inducción y motores síncronos de excitación eléctrica, además de investigaciones sobre nuevos materiales magnéticos. Empresas como Niron Magnetics trabajan, por ejemplo, en imanes basados en nitruro de hierro.

La propia industria del automóvil ya ha utilizado diferentes arquitecturas precisamente para reducir costes o dependencia de determinados materiales.

En robótica ocurrirá previsiblemente algo parecido. Si el precio o la disponibilidad de NdFeB se convierten en una limitación seria, los fabricantes tendrán un fuerte incentivo para rediseñar motores y actuadores.

También crecerá el reciclaje.

Motores de vehículos, discos duros, equipos industriales y otros dispositivos contienen materiales magnéticos que pueden recuperarse. Crear una cadena circular permitiría obtener parte de las tierras raras sin volver a pasar por la extracción minera inicial.

Ninguna de estas alternativas elimina a corto plazo la importancia de los imanes NdFeB, pero sí obliga a tratar con cautela las previsiones realizadas a diez o quince años.

La IA física obliga a mirar más allá de las GPU

La carrera de los imanes muestra hasta qué punto el desarrollo de la inteligencia artificial está empezando a mezclarse con industrias que parecían alejadas del software.

Durante la primera gran expansión de la IA generativa, el componente más buscado fue la GPU. Después llegaron las limitaciones de memoria HBM, capacidad eléctrica, transformadores y centros de datos.

La robótica introduce una cadena todavía más extensa.

Un humanoide necesita computación para entender su entorno, pero también cientos o miles de componentes físicos capaces de convertir sus decisiones en movimiento. En algunos de los motores que hacen posible ese movimiento hay unos gramos de materiales cuya producción sigue muy concentrada geográficamente.

Estados Unidos, Europa, Australia y otros países están destinando capital a crear alternativas. China parte con décadas de experiencia industrial y una capacidad que no puede reproducirse inmediatamente.

La siguiente batalla de la IA, por tanto, no se librará únicamente por quién consiga las GPU más rápidas o entrene el mejor modelo. Una parte mucho menos visible dependerá de quién sea capaz de fabricar a escala los motores, imanes y materiales que permiten sacar esa inteligencia del centro de datos y ponerla a trabajar en una máquina física.

Preguntas frecuentes

¿Por qué los robots humanoides necesitan imanes de tierras raras?

Muchos motores y actuadores utilizan imanes NdFeB porque ofrecen una elevada densidad magnética en poco espacio. Esto permite desarrollar sistemas compactos y potentes adecuados para las numerosas articulaciones de un robot.

¿Puede la falta de imanes limitar la fabricación de robots?

Podría convertirse en una limitación si la producción de humanoides aumenta mucho más rápido que la capacidad de fabricar imanes y procesar tierras raras. Sin embargo, la industria también desarrolla motores y materiales alternativos.

¿Por qué China es tan importante en la fabricación de imanes?

Su ventaja no procede únicamente de la minería. China dispone de una gran capacidad de procesamiento, separación, metalurgia y fabricación de imanes desarrollada durante décadas.

¿Existen motores para robots que no utilicen tierras raras?

Sí. Existen diferentes arquitecturas de motores sin imanes permanentes de tierras raras y también se investigan nuevos materiales magnéticos. Su adopción dependerá de factores como rendimiento, tamaño, coste, temperatura y disponibilidad industrial.

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