Google y SpaceX tantean llevar los centros de datos de IA al espacio

Google mantiene conversaciones con SpaceX y otros posibles proveedores de lanzamiento para avanzar en Project Suncatcher, su iniciativa de investigación para desplegar infraestructura de inteligencia artificial en órbita. La información, adelantada por The Wall Street Journal y recogida después por Reuters y TechCrunch, sitúa a la compañía de Elon Musk como uno de los candidatos naturales para poner en el espacio los primeros prototipos de este experimento: satélites alimentados por energía solar y equipados con chips TPU de Google.

La noticia encaja con una tendencia que hace unos años sonaba casi absurda y que ahora empieza a tomarse en serio: construir centros de datos en el espacio. La presión energética de la IA, la falta de suelo disponible, la escasez de potencia eléctrica en regiones clave y el rechazo social a nuevos campus de data centers están empujando a Google, SpaceX, NVIDIA, Starcloud y Anthropic a explorar una idea extrema: sacar parte del cómputo fuera de la Tierra.

Project Suncatcher: TPUs, satélites y energía solar casi continua

Google presentó Project Suncatcher en noviembre de 2025 como un “moonshot” de investigación. Su visión consiste en crear constelaciones compactas de satélites alimentados por energía solar, equipados con TPUs y conectados entre sí mediante enlaces ópticos de espacio libre. El objetivo inicial no es construir mañana un hyperscaler orbital, sino validar si el hardware de IA puede operar de forma fiable en órbita, comunicarse con baja latencia relativa entre satélites y aprovechar la energía solar con más continuidad que en tierra.

El siguiente paso previsto por Google es una misión de aprendizaje junto a Planet para lanzar dos satélites prototipo a comienzos de 2027. Según el diseño descrito por Google Research, el concepto a largo plazo contempla clusters de satélites volando en formación cercana, con TPUs a bordo y enlaces ópticos entre ellos. El propio paper asociado a Suncatcher ilustra un posible cluster de 81 satélites en un radio de 1 kilómetro, aunque todavía se trata de investigación, no de un producto cloud comercial listo para clientes.

La posible colaboración con SpaceX tendría una lógica evidente. SpaceX domina buena parte del mercado de lanzamientos comerciales, cuenta con experiencia operando constelaciones como Starlink y dispone de una cadencia de lanzamientos que pocos competidores pueden igualar. Reuters también subraya que el desarrollo de centros de datos orbitales aparece como una de las grandes narrativas tecnológicas alrededor de una futura salida a bolsa de SpaceX, un proyecto que exigiría enormes inversiones y una reducción drástica del coste de lanzamiento.

No es solo Google: NVIDIA, Starcloud, SpaceX y Anthropic miran hacia arriba

La fiebre de los centros de datos espaciales no es exclusiva de Google. NVIDIA lanzó en marzo de 2026 su iniciativa de “space computing”, con plataformas como Space-1 Vera Rubin, IGX Thor y Jetson Orin para llevar computación acelerada a misiones espaciales, satélites, vehículos orbitales y futuros sistemas de análisis en órbita. En ese anuncio aparecen socios como Aetherflux, Axiom Space, Kepler Communications, Planet, Sophia Space y Starcloud.

Starcloud es uno de los nombres más ambiciosos. La startup, integrada en el programa NVIDIA Inception, plantea centros de datos orbitales diseñados específicamente para ejecutar cloud e IA en el espacio. NVIDIA publicó que Starcloud proyecta un centro de datos orbital de 5 GW, con grandes paneles solares y de refrigeración de unos 4 kilómetros de ancho y largo. La compañía defiende que el espacio permitiría reducir costes energéticos y evitar el consumo de agua de muchos sistemas de refrigeración terrestres, aunque esas estimaciones dependen de que los costes de lanzamiento y mantenimiento bajen lo suficiente.

SpaceX también está moviendo ficha desde otro ángulo. La división SpaceXAI anunció un acuerdo con Anthropic para dar acceso a Colossus 1, un superordenador con más de 220.000 GPUs NVIDIA, incluidas H100, H200 y GB200. En ese mismo comunicado, Anthropic expresó interés en colaborar para desarrollar varios gigavatios de capacidad de cómputo orbital. La frase no convierte el proyecto en realidad inmediata, pero muestra que la idea ha pasado de la ciencia ficción a las conversaciones estratégicas entre empresas de IA.

La razón de fondo es sencilla: la IA está chocando con límites físicos. Los nuevos modelos necesitan más chips, más energía, más refrigeración y más centros de datos. En tierra, eso significa negociar con utilities, comprar terrenos, asegurar permisos, gestionar consumo de agua, reforzar redes eléctricas y enfrentarse a comunidades locales que no siempre quieren un campus de data centers cerca. En órbita, el Sol ofrece una fuente de energía abundante y casi continua en determinadas trayectorias, pero a cambio aparecen otros problemas.

La parte difícil: lanzar, enfriar, reparar y conectar

El gran obstáculo sigue siendo económico. Poner hardware en órbita es caro, incluso con cohetes reutilizables. Además, un centro de datos no es solo un rack con chips: necesita estructura, energía, radiadores, comunicaciones, protección frente a radiación, control térmico, redundancia, mantenimiento y una estrategia de final de vida para no contribuir a la basura espacial.

También conviene matizar la idea de que “el espacio enfría gratis”. En el vacío no hay aire que retire calor por convección. El calor debe disiparse por radiación, lo que exige grandes superficies radiantes y diseños térmicos muy cuidados. Cuanto más denso sea el cómputo, más difícil será evacuar el calor. En tierra, la refrigeración consume agua y energía; en órbita, obliga a diseñar estructuras ligeras, desplegables y muy fiables.

La conectividad es otro reto. Para que un data center orbital sea útil para IA terrestre, necesita mover enormes cantidades de datos entre satélites y estaciones en tierra. Los enlaces ópticos pueden ofrecer mucho ancho de banda, pero exigen precisión, alineación, disponibilidad y una gestión compleja de constelaciones. Para cargas como observación de la Tierra, análisis de datos capturados en órbita o inferencia local en satélites, el modelo tiene mucho sentido. Para sustituir a un data center terrestre interactivo, la ecuación es bastante más exigente.

Tampoco se puede ignorar el riesgo ambiental y regulatorio. Miles de satélites adicionales aumentarían la congestión orbital, complicarían la observación astronómica y exigirían normas más estrictas sobre coordinación, desorbitado y responsabilidad. Si la industria intenta resolver un problema ambiental terrestre creando otro en órbita, la aceptación pública será difícil.

La lectura más prudente es que los centros de datos espaciales no van a reemplazar a los terrestres en pocos años. Lo más probable es una primera fase centrada en procesamiento en órbita, análisis de imágenes satelitales, defensa, meteorología, comunicaciones, navegación autónoma y workloads de IA menos sensibles a la latencia. Después, si el coste por kilogramo cae lo suficiente y Starship u otros sistemas de lanzamiento cumplen sus promesas, podrían aparecer clusters más ambiciosos.

Aun así, el movimiento de Google cambia el tono del debate. Cuando una compañía con la experiencia de Google en chips propios, cloud, redes, IA y proyectos de largo plazo decide probar TPUs en órbita, la idea deja de ser solo una fantasía de futuristas. Y cuando SpaceX, NVIDIA, Starcloud y Anthropic aparecen en conversaciones similares, se entiende que la infraestructura de IA está buscando nuevas fronteras porque las terrestres empiezan a estar saturadas.

La pregunta ya no es si alguien pondrá servidores de IA en el espacio. Eso ya está en marcha a pequeña escala. La pregunta es si será posible convertirlo en una infraestructura competitiva, segura, mantenible y económicamente razonable. Ahí se decidirá si la moda de los data centers orbitales queda como una demostración espectacular o si se convierte en una nueva capa de la nube global.

Preguntas frecuentes

¿Qué es Project Suncatcher?

Project Suncatcher es una iniciativa de investigación de Google para estudiar si es viable desplegar computación de IA en el espacio mediante satélites alimentados por energía solar, equipados con TPUs y conectados por enlaces ópticos.

¿Por qué Google habla con SpaceX?

Según Reuters y otros medios, Google mantiene conversaciones con SpaceX y otros proveedores de lanzamiento para futuras misiones vinculadas a Project Suncatcher. SpaceX parte con ventaja por su experiencia en lanzamientos frecuentes y operación de constelaciones.

¿Qué otras empresas trabajan en centros de datos espaciales?

NVIDIA impulsa plataformas de computación espacial junto a socios como Starcloud, Planet, Axiom Space y Kepler. SpaceXAI y Anthropic también han expresado interés en desarrollar capacidad orbital de IA de varios gigavatios.

¿Los centros de datos en el espacio sustituirán a los de la Tierra?

No a corto plazo. Primero tendrán sentido en cargas muy concretas, como procesamiento de datos capturados en órbita, observación terrestre o inferencia local en satélites. Los grandes centros orbitales de IA todavía deben resolver costes, refrigeración, mantenimiento, comunicaciones y regulación.

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