El rechazo a los centros de datos de IA supera ya al de las nucleares en EE. UU.

La expansión de la inteligencia artificial se enfrenta a un problema que no se resuelve comprando más GPUs ni entrenando modelos más eficientes. Cada nuevo servicio de IA necesita centros de datos, electricidad, agua, refrigeración, suelo y conexiones a la red. Y ahí empieza la parte menos cómoda del debate: muchas personas quieren usar estas herramientas, pero no quieren tener cerca la infraestructura que las hace posibles.

Una encuesta de Gallup publicada el 13 de mayo de 2026 muestra que siete de cada diez estadounidenses se oponen a la construcción de un centro de datos de inteligencia artificial en su zona. El dato es especialmente llamativo porque la oposición supera incluso a la que generan las centrales nucleares: el 53 % rechaza una planta nuclear cerca de casa, frente al 71 % que se opone a un centro de datos para IA.

El gráfico de Gallup resume bien el problema político y social que se abre para las grandes tecnológicas. Solo el 7 % de los encuestados se declara muy a favor de tener un centro de datos de IA en su área, mientras que el 20 % se muestra algo favorable. En el lado contrario, el 23 % se opone en cierta medida y el 48 % lo rechaza de forma firme. La intensidad del rechazo es, por tanto, una de las claves: no se trata solo de dudas moderadas, sino de una resistencia fuerte en casi la mitad de la población consultada.

seven ai dato centers

Agua, energía y calidad de vida

La razón principal del rechazo no es una oposición abstracta a la tecnología. Gallup preguntó después por los motivos y detectó que los opositores se centran sobre todo en el impacto ambiental y en el consumo de recursos. La mitad menciona el uso excesivo de recursos, con el agua y la electricidad como preocupaciones más repetidas. Un 16 % cita problemas de contaminación, incluida la acústica, la del aire y la del agua.

El temor encaja con una tendencia visible en muchos territorios de Estados Unidos. Los centros de datos de nueva generación son edificios de gran tamaño, con alta demanda eléctrica y necesidades importantes de refrigeración. En los proyectos vinculados a inteligencia artificial, además, las densidades energéticas son mayores que en instalaciones tradicionales, porque concentran grandes volúmenes de servidores acelerados con GPUs y redes de alto rendimiento.

Gallup también apunta a preocupaciones sobre calidad de vida: más tráfico, cambios en el uso del suelo, presión sobre infraestructuras locales y dudas sobre si el beneficio económico compensa el impacto. La encuesta recoge que alrededor de una quinta parte de los opositores menciona este tipo de efectos, mientras que una proporción similar alude a posibles consecuencias económicas negativas, como el aumento de las facturas eléctricas o del coste de vida.

Para quienes sí apoyan la construcción de centros de datos, el argumento dominante es el económico. Dos tercios de los favorables citan beneficios locales, y el 55 % menciona de forma específica la creación de empleo. También aparecen los ingresos fiscales y el desarrollo de infraestructuras. El problema para las tecnológicas es que esos argumentos no están compensando, al menos de momento, el temor al consumo de recursos y al impacto local.

La paradoja de la inteligencia artificial

La encuesta deja al descubierto una contradicción cada vez más evidente. La inteligencia artificial se está integrando en buscadores, aplicaciones de oficina, asistentes personales, servicios de atención al cliente, programación, educación, sanidad, ciberseguridad y análisis de datos. Pero su crecimiento físico depende de infraestructuras que generan rechazo cuando se acercan a comunidades concretas.

No es un fenómeno nuevo. Las infraestructuras críticas suelen enfrentarse al conocido efecto “not in my backyard”: se acepta su utilidad general, pero se rechaza su instalación cerca de casa. La diferencia es que los centros de datos de IA están apareciendo con una velocidad enorme y con promesas de inversión muy elevadas, lo que aumenta la tensión entre gobiernos locales, compañías tecnológicas y vecinos.

La comparación con la energía nuclear es reveladora. Durante décadas, las centrales nucleares fueron una de las infraestructuras más sensibles para la opinión pública. Sin embargo, Gallup recuerda que desde que empezó a preguntar por la construcción de plantas nucleares locales en 2001, el mayor nivel de oposición registrado había sido del 63 %. En la medición actual, los centros de datos de inteligencia artificial superan ese rechazo.

Esto no significa que los estadounidenses prefieran mayoritariamente vivir junto a una central nuclear. La mayoría también se opone. Pero sí muestra que la percepción pública de los centros de datos se ha deteriorado con rapidez. TechSpot y otros medios tecnológicos han subrayado precisamente ese punto: la infraestructura física de la IA empieza a ser vista por muchas comunidades como un problema ambiental y territorial, no solo como una oportunidad tecnológica.

Un obstáculo político para la expansión de la IA

La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico global de los centros de datos podría duplicarse hasta rondar los 945 TWh en 2030, una cifra ligeramente superior al consumo eléctrico actual de Japón. La IA será uno de los principales motores de ese crecimiento, junto con otros servicios digitales. En Estados Unidos, los centros de datos podrían representar cerca de la mitad del crecimiento de la demanda eléctrica hasta final de década.

Ese aumento convierte la oposición local en un problema estratégico. Las grandes tecnológicas pueden anunciar inversiones multimillonarias, firmar acuerdos de compra de energía o diseñar chips más eficientes, pero necesitan permisos, suelo, conexión eléctrica y aceptación política. Si los vecinos llenan audiencias públicas, fuerzan moratorias locales o impulsan litigios, los calendarios de expansión pueden alargarse.

Gallup advierte de que la intensidad del rechazo puede alimentar activismo local y batallas legales, además de convertir los centros de datos en un tema electoral en municipios y estados. Esta parte importa especialmente en un año en el que la inteligencia artificial ya se cruza con debates sobre empleo, energía, tarifas eléctricas, sostenibilidad y poder de las grandes tecnológicas.

La respuesta de la industria no podrá limitarse a prometer empleo durante la construcción. Muchos centros de datos generan actividad económica, ingresos fiscales y trabajos especializados, pero suelen emplear a menos personal de forma permanente que otras instalaciones industriales de tamaño similar. Para convencer a comunidades escépticas, las empresas tendrán que explicar mejor el consumo de agua, el origen de la electricidad, las medidas de eficiencia, el impacto acústico, los beneficios fiscales y la compensación real para el entorno.

El dato de Gallup no implica que la expansión de los centros de datos vaya a detenerse. La demanda de IA sigue creciendo y los gobiernos compiten por atraer inversión tecnológica. Pero sí señala un cambio de fase. La infraestructura de la inteligencia artificial ya no se discute solo en consejos de administración, ferias cloud o informes de analistas. Ahora se discute en ayuntamientos, barrios, condados y comunidades que quieren saber qué coste van a asumir por una tecnología que muchas veces se presenta como invisible.

La IA necesita más centros de datos. Esa es la parte sencilla. La parte difícil será construirlos sin ignorar el agua, la energía, el territorio y la confianza de quienes viven alrededor.

Preguntas frecuentes

¿Qué porcentaje de estadounidenses rechaza centros de datos de IA cerca de casa?
Según Gallup, el 71 % se opone en mayor o menor medida a la construcción de un centro de datos de inteligencia artificial en su zona.

¿Por qué hay tanta oposición?
Las principales preocupaciones son el consumo de recursos, especialmente agua y electricidad, además del impacto ambiental, la contaminación, el tráfico, el uso del suelo y posibles subidas de costes locales.

¿Los centros de datos generan más rechazo que las nucleares?
Sí. En la misma encuesta, el 53 % se opone a una central nuclear cerca de su área, frente al 71 % que rechaza un centro de datos de IA.

¿Puede esto frenar la expansión de la inteligencia artificial?
Puede retrasar proyectos y complicar permisos locales. La IA seguirá necesitando infraestructura, pero la aceptación social se está convirtiendo en un factor tan importante como la energía o la disponibilidad de suelo.

vía: techspot

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