La imagen que contrapone a la China del siglo XIX, debilitada por el opio, con unos Estados Unidos volcados en la industria, para después invertir los papeles en el siglo XXI, funciona como una provocación visual. Hay una base histórica reconocible, pero también una simplificación que conviene desmontar: China domina hoy buena parte de la producción mundial, Estados Unidos atraviesa una grave crisis de opioides y las grandes tecnológicas norteamericanas están comprometiendo cantidades enormes en infraestructura de inteligencia artificial. Ninguno de estos hechos demuestra, por sí solo, que una potencia haya sustituido por completo a la otra.
Las claves del cambio industrial entre China y Estados Unidos en 20 segundos
- China concentra cerca de un tercio de la producción manufacturera mundial.
- Estados Unidos conserva una industria enorme, aunque perdió empleo y cadenas de suministro.
- La crisis de opioides sigue siendo grave, pese al descenso reciente de las muertes.
- Las tecnológicas acumulan 1,65 billones de dólares en compromisos futuros ligados a la IA.
- Europa mantiene capacidad industrial, pero depende de tecnología y energía externas.
La comparación también necesita una precisión histórica. En el siglo XIX China no desarrolló espontáneamente una adicción colectiva que explicase su declive. El comercio de opio fue utilizado por el Imperio británico para corregir su déficit comercial y acabó desencadenando dos guerras, la apertura forzada de puertos y una sucesión de tratados desiguales. Estados Unidos participó en aquel comercio, aunque Reino Unido fue su principal impulsor.
Dos siglos después la crisis estadounidense tiene otro origen. El consumo de opioides se extendió inicialmente a través de medicamentos recetados y evolucionó hacia la heroína y, sobre todo, el fentanilo ilegal. Relacionar directamente la desindustrialización con cada muerte por sobredosis sería excesivo, pero existe una conexión documentada entre deterioro económico, pérdida de empleo estable, problemas de salud y mayor vulnerabilidad social en determinadas comunidades.
China no solo fabrica barato: controla cadenas industriales completas
China fue durante años descrita como el taller de bajo coste del mundo. Esa imagen se ha quedado corta. El país sigue fabricando juguetes, textiles y productos de consumo, pero también produce baterías, vehículos eléctricos, paneles solares, equipos de telecomunicaciones, maquinaria, drones, electrónica y una parte creciente de los componentes que necesita la infraestructura digital.
Su ventaja no consiste únicamente en pagar salarios más bajos. Muchas empresas encuentran en China cadenas de suministro completas, grandes redes de proveedores, capacidad logística, personal especializado y fábricas capaces de aumentar el volumen en poco tiempo.
Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos muestran que la producción manufacturera china supera a la de los siguientes grandes países industriales juntos. Otras estimaciones sitúan su participación cerca del 28 % del valor manufacturero mundial, frente a aproximadamente el 17 % de Estados Unidos.
Eso no significa que Estados Unidos haya dejado de fabricar. Continúa siendo la segunda potencia manufacturera del mundo y conserva posiciones dominantes en sectores como la industria aeroespacial, los equipos médicos, el software industrial, la defensa, el diseño de semiconductores y determinadas máquinas de alta precisión.
La diferencia aparece al observar el empleo, la capacidad instalada y las cadenas completas. Estados Unidos diseña algunos de los productos más valiosos del planeta, pero una parte considerable se fabrica, ensambla o empaqueta en Asia.
Apple constituye un ejemplo claro. La compañía controla el diseño, el sistema operativo, la distribución y buena parte del margen de sus dispositivos, pero depende de fábricas asiáticas, chips producidos por TSMC y una extensa red de proveedores internacionales.
Washington intenta reducir esa vulnerabilidad mediante la Ley CHIPS, incentivos a la fabricación de baterías y nuevas plantas de semiconductores. TSMC, Samsung, Intel y Micron desarrollan proyectos multimillonarios en territorio estadounidense. Reindustrializar, sin embargo, requiere algo más que construir edificios: hacen falta trabajadores, proveedores, energía, agua, permisos y clientes que mantengan las líneas ocupadas durante años.
La crisis de opioides no permite hablar de un país simplemente anestesiado
La epidemia de opioides continúa siendo una de las mayores tragedias sociales de Estados Unidos, pero los datos más recientes introducen una evolución que la imagen no recoge.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estimaron que las muertes por sobredosis relacionadas con opioides bajaron desde unas 55.296 en 2024 hasta 44.564 en 2025. Fue el tercer año consecutivo de descenso y una mejora importante, aunque la mortalidad continúa por encima de los niveles anteriores a la pandemia.
La caída se ha relacionado con una mayor disponibilidad de naloxona, cambios en el mercado ilegal, tratamientos para la dependencia y políticas de reducción de daños. La situación tampoco es uniforme: mientras muchos estados mejoraron, otros registraron aumentos.
La relación con la desindustrialización resulta más compleja que una sustitución directa de fábricas por drogas. Regiones de Pensilvania, Ohio, Virginia Occidental o Kentucky sufrieron la pérdida de empleos industriales, el envejecimiento, el deterioro de los servicios y una menor movilidad económica. Esas condiciones pueden agravar los problemas de adicción, pero no los explican por completo.
Tampoco China está libre de tensiones sociales. Su desarrollo industrial ha producido contaminación, desigualdad territorial, largas jornadas laborales, presión inmobiliaria y un desempleo juvenil persistente. Una comparación útil debería observar los costes humanos de ambos modelos, no sustituir un relato triunfalista estadounidense por otro chino.
Los 1,65 billones de la IA no son exactamente deuda oculta
Otro elemento del debate es la exposición financiera de Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle. Un estudio difundido en julio de 2026 estimó que estas cinco compañías habían acumulado alrededor de 1,65 billones de dólares en compromisos fuera de balance, frente a unos 1,35 billones reflejados como deuda y obligaciones reconocidas.
La cifra es llamativa, pero denominarla simplemente “deuda oculta” puede inducir a error.
Gran parte corresponde a contratos plurianuales para centros de datos, capacidad eléctrica, servicios cloud, alquileres, chips y otra infraestructura que todavía no ha entrado en funcionamiento. Las normas contables no obligan a registrar inmediatamente todos esos compromisos como deuda financiera convencional.
Eso no los hace irrelevantes. Las empresas se comprometen a pagar capacidad durante años y necesitarán que la demanda de inteligencia artificial genere ingresos suficientes. Si la utilización resulta inferior a lo previsto, algunas podrían encontrarse con centros de datos caros y contratos difíciles de cancelar.
El riesgo ha aumentado porque el gasto crece más deprisa que el flujo de caja. Las previsiones recopiladas por Reuters indican que el aumento de las inversiones de los grandes proveedores cloud podría superar en 2027 el incremento acumulado de su efectivo operativo. Oracle ya ha recurrido con mayor intensidad a deuda y capital externo, mientras otras compañías han visto reducido o incluso vuelto negativo su flujo de caja libre en determinados trimestres.
Pero tampoco puede equipararse automáticamente esta situación con una insolvencia próxima. Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft cuentan con negocios rentables, grandes reservas de efectivo y capacidad para financiar proyectos en condiciones que pocas empresas pueden conseguir. La duda no es si pueden construir toda esa infraestructura, sino si la rentabilidad futura justificará el volumen invertido.
Los modelos chinos avanzan, pero el 58 % no representa toda la IA mundial
La difusión de modelos como DeepSeek, Qwen, Kimi, GLM o MiniMax ha demostrado que China puede competir con sistemas estadounidenses utilizando menos recursos, precios inferiores y licencias más abiertas.
Algunas mediciones de OpenRouter han situado a los modelos chinos en torno al 58 % o incluso al 61 % de los tokens consumidos entre los diez modelos más utilizados de la plataforma durante periodos concretos de 2026.
El dato muestra una adopción rápida, pero no significa que el 58 % de todos los tokens procesados por las empresas estadounidenses utilicen modelos chinos.
OpenRouter es un mercado y una interfaz que permite acceder a cientos de modelos. Su público está formado en buena medida por desarrolladores sensibles al precio, proyectos experimentales y aplicaciones que buscan cambiar de proveedor con facilidad. No representa todo el consumo de OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, AWS ni los despliegues privados de grandes empresas.
La fotografía sigue siendo relevante. En 2025 los modelos chinos de pesos abiertos llegaron a rondar el 30 % del consumo semanal de OpenRouter en algunos momentos, después de partir de niveles inferiores al 2 %. En 2026 su presencia se aceleró gracias a costes bajos y prestaciones cada vez más competitivas.
Estados Unidos mantiene una posición fuerte en modelos de frontera, diseño de aceleradores, software, servicios cloud y capital. China compite mediante modelos abiertos, eficiencia, escala industrial y una extensa base de ingeniería. La carrera no enfrenta simplemente a un país que fabrica con otro que ha dejado de hacerlo. Ambos construyen, pero controlan partes diferentes de la cadena.
Europa conserva industria, aunque corre el riesgo de quedar entre dos modelos
Europa no parte de cero. Cuenta con ASML en litografía, SAP en software empresarial, Siemens y Schneider Electric en automatización, Airbus en aeronáutica, ABB en electrificación, grandes fabricantes de equipos industriales y centros de investigación reconocidos.
También conserva una base relevante en automoción, química, farmacología, maquinaria y telecomunicaciones. Su problema está en la fragmentación del mercado, el precio de la energía, la lentitud de algunos permisos, la menor disponibilidad de capital de crecimiento y la dependencia de proveedores extranjeros en cloud, chips avanzados y plataformas de IA.
Europa regula servicios desarrollados principalmente en Estados Unidos, fabrica con componentes procedentes de Asia y depende de minerales procesados en China. Esa posición puede mantenerse mientras las relaciones comerciales continúen abiertas, pero se vuelve vulnerable cuando aparecen sanciones, guerras comerciales o interrupciones del suministro.
La respuesta no pasa por copiar íntegramente a China ni por asumir que Estados Unidos seguirá proporcionando toda la tecnología necesaria. Europa necesita decidir qué capacidades considera estratégicas y cuáles puede comprar sin comprometer su autonomía.
El paralelismo histórico de la imagen sirve para plantear una pregunta incómoda, pero no ofrece una respuesta completa. Las potencias no caen únicamente porque dejen de fabricar, ni ascienden solo por llenar el mundo de productos. La capacidad industrial importa, pero también el conocimiento, la energía, las instituciones, la salud pública, el capital y la facultad de transformar una innovación en infraestructura útil.
Preguntas frecuentes
¿Es China actualmente la mayor potencia manufacturera?
Sí. China concentra alrededor del 28 % de la producción manufacturera mundial y supera ampliamente a Estados Unidos, que ocupa la segunda posición. Su ventaja incluye escala, proveedores, logística y cadenas industriales completas.
¿Estados Unidos ha dejado de fabricar?
No. Continúa siendo una gran potencia industrial y lidera sectores de alto valor. Sin embargo, ha perdido empleo manufacturero y depende del exterior para numerosas etapas de producción y componentes.
¿Las grandes tecnológicas tienen 1,65 billones de dólares de deuda oculta?
La cifra se refiere principalmente a compromisos contractuales futuros que no aparecen como deuda financiera convencional. Representan una exposición económica real, pero no equivalen exactamente a préstamos ocultos.
¿Los modelos chinos procesan la mayoría de los tokens de IA?
Han superado el 50 % entre los modelos más utilizados de OpenRouter durante algunos periodos. Ese dato describe la actividad de esa plataforma y no todo el mercado mundial de inteligencia artificial.