Japón lleva años persiguiendo un objetivo que parecía reservado a un puñado de países: volver a ser un actor determinante en la fabricación global de semiconductores. Y ahora, ese plan gana un impulso inesperado. TSMC, el mayor fabricante de chips por contrato del mundo, ha comunicado a las autoridades japonesas su intención de producir en masa chips avanzados de 3 nanómetros en la prefectura de Kumamoto, un salto tecnológico que eleva el perfil del país dentro de la cadena de suministro más estratégica de la década.
La decisión supone un giro respecto a la hoja de ruta inicial en Japón, centrada en tecnologías menos avanzadas orientadas, sobre todo, a automoción e industria. El movimiento también llega en un momento en el que la demanda de computación para inteligencia artificial está reconfigurando prioridades: ya no se trata solo de fabricar chips, sino de fabricar chips punteros con capacidad para alimentar centros de datos, sistemas de alto rendimiento y productos de nueva generación.
De la “reindustrialización” a la fábrica de chips punteros
El mensaje encaja con la narrativa dominante en 2026: la infraestructura tecnológica se ha convertido en una nueva forma de política industrial. TSMC ha ido diversificando su producción fuera de Taiwán, y Japón se consolida como una pieza central de esa estrategia. Según se ha publicado en medios japoneses, la actualización del proyecto elevaría la inversión total de la segunda planta en Kumamoto desde los planes anteriores hasta unos 17.000 millones de dólares, con el foco puesto en equipamiento de fabricación avanzado. Además, el plan situaría a Japón como un emplazamiento con capacidades de vanguardia para nodos que son críticos en el mercado de la IA y la computación de alto rendimiento.
En términos prácticos, el salto es enorme: pasar de un enfoque de nodos maduros o “intermedios” a 3 nanómetros implica acceso a maquinaria, procesos y know-how que están en la cúspide industrial. También implica tiempos, cualificación y ecosistema: proveedores, materiales, talento y un entorno regulatorio capaz de absorber una inversión de este calibre.
Kumamoto, el laboratorio de la expansión japonesa
La base de esta apuesta es JASM (Japan Advanced Semiconductor Manufacturing), la filial en Japón controlada mayoritariamente por TSMC. La primera fábrica de Kumamoto se inauguró en 2024 y está orientada a procesos como 12 y 28 nanómetros, con producción dirigida a sectores como automoción, industria y electrónica de consumo. La segunda planta —en construcción— se concibió originalmente para tecnologías más avanzadas que la primera (como la familia de 6/7 nanómetros), pero el plan ahora apuntaría a un salto mayor con 3 nanómetros.
Ese cambio tiene una lectura clara: Japón no solo quiere asegurar suministro para sectores tradicionales; quiere participar de la ola de crecimiento asociada a IA, cloud y computación de alto rendimiento. Y para eso hacen falta chips de última generación, no solo capacidad en nodos consolidados.
El papel del Gobierno japonés: subsidios, seguridad económica y velocidad
Japón no está actuando como espectador. El país ha impulsado el regreso del semiconductor con subsidios públicos y una agenda de “seguridad económica” que busca reducir dependencias y reforzar capacidades domésticas. En 2024, el Gobierno japonés aprobó subsidios adicionales de 732.000 millones de yenes para apoyar la segunda fábrica de Kumamoto, un paso que evidenció hasta qué punto Tokio considera la fabricación de chips una prioridad nacional.
El potencial salto a 3 nanómetros refuerza esa lógica: además de fabricar para clientes, el proyecto funciona como palanca de país. La apuesta tiene impacto directo en empleo cualificado y en atracción de proveedores, y también busca conectar con un ecosistema industrial que Japón mantiene fuerte: automoción, robótica, sensores y electrónica avanzada.
Un cambio de escala en el mapa global de TSMC
La estrategia de TSMC en Japón se lee mejor si se compara con el resto de su expansión. El fabricante taiwanés también ha ido avanzando en Estados Unidos, con planes para fabricar tecnología avanzada en Arizona a partir de 2027. En este contexto, Kumamoto se convierte en un símbolo: no es una simple fábrica “satélite”, sino una instalación que aspira a jugar en la misma liga tecnológica que los centros más avanzados.
Para TSMC, el movimiento ayuda a diversificar riesgo y a responder al mensaje que muchos gobiernos repiten desde la pandemia: la industria no puede permitirse cuellos de botella en chips. Para Japón, significa algo aún más político: demostrar que su renacimiento semiconductor no depende solo de promesas, sino de líneas de producción punteras.
¿Qué implica fabricar 3 nanómetros fuera de Taiwán?
Más allá del titular, la pregunta clave es el “cómo”. La producción en 3 nanómetros exige una ejecución industrial impecable: control de procesos, rendimiento por oblea, ciclos de calidad y una cadena de suministro estable. Por eso el anuncio tiene doble lectura: por un lado, indica confianza en que Japón puede soportar esa complejidad; por otro, confirma que la carrera por la IA está empujando a inversiones que hace apenas unos años se habrían considerado demasiado ambiciosas fuera del núcleo taiwanés.
El impacto también se mide en términos de competitividad regional. Mientras Japón impulsa JASM y mantiene proyectos paralelos como Rapidus (centrado en objetivos distintos), Europa también acelera su agenda industrial y de infraestructura, y Estados Unidos aprieta con incentivos propios. La fabricación avanzada, en 2026, ya no es solo un negocio: es una posición estratégica.
Un anuncio con una consecuencia inmediata: expectativas más altas
Que TSMC señale 3 nanómetros en Japón cambia la conversación: eleva las expectativas sobre el calendario, la capacidad final y los clientes potenciales. También obliga a mirar de cerca dos factores: la disponibilidad de equipamiento de fabricación avanzado y el coste energético. No hay fábrica puntera sin electricidad abundante, refrigeración y redes de suministro fiables, y ese debate se ha vuelto central con el auge de la IA.
Por ahora, lo relevante es el mensaje de fondo: Japón deja de ser únicamente un destino para producción de nodos maduros y entra en el mapa de la fabricación avanzada vinculada a IA. La magnitud de la inversión y el salto tecnológico indican que, para TSMC, Kumamoto ya no es un proyecto periférico. Es, cada vez más, una apuesta de primer nivel.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Por qué es importante que Japón fabrique chips de 3 nanómetros en Kumamoto?
Porque los 3 nanómetros están entre los nodos más avanzados y se usan en computación de alto rendimiento e inteligencia artificial. Tener esa capacidad en Japón refuerza su autonomía tecnológica y su atractivo industrial.
¿Qué es JASM y qué papel juega en la inversión de TSMC en Japón?
JASM es la filial japonesa controlada mayoritariamente por TSMC en Kumamoto. Opera la primera fábrica y está detrás de la segunda planta en construcción, que ahora se perfila como candidata para fabricar 3 nanómetros.
¿Cuánta inversión se estima para la actualización de Kumamoto Fab 2 a 3 nanómetros?
Las informaciones publicadas sitúan la inversión total en torno a 17.000 millones de dólares, con un aumento respecto a planes anteriores.
¿Qué relación tiene esta expansión con el boom de la inteligencia artificial?
La demanda de IA está disparando la necesidad de chips avanzados y capacidad de fabricación. Producir 3 nanómetros permite atender mercados de alto crecimiento como IA y computación de alto rendimiento.