Taiwán pide a Europa una alianza industrial basada en chips e IA

Taiwán quiere que su relación con Europa deje de verse solo como una cuestión comercial y pase a leerse como una alianza estratégica sobre semiconductores, inteligencia artificial y seguridad democrática. El presidente taiwanés, Lai Ching-te, lo planteó esta semana durante la cena del Día de Europa organizada en Taipéi por la European Chamber of Commerce Taiwan, un foro al que acudieron representantes empresariales europeos y autoridades vinculadas a la relación económica entre ambas partes.

El mensaje de Lai utilizó una comparación histórica muy medida. Si el carbón y el acero fueron, tras la Segunda Guerra Mundial, la base material de la cooperación europea inspirada por la Declaración Schuman, hoy los semiconductores y la inteligencia artificial ocupan un lugar parecido en la prosperidad global y la seguridad de las democracias. La frase busca algo más que solemnidad: Taiwán está intentando encajar su industria tecnológica dentro del lenguaje europeo de resiliencia, autonomía estratégica y reducción de riesgos.

De la Declaración Schuman a la cadena de suministro de chips

La Declaración Schuman de 1950 propuso poner bajo una autoridad común la producción francoalemana de carbón y acero. Aquella decisión tenía una intención política clara: convertir industrias que podían alimentar una guerra en instrumentos de cooperación. Lai recuperó esa idea para hablar de la economía digital actual, donde los chips, la IA, los servidores, la computación avanzada y los drones ya no son solo productos comerciales.

Taiwán se presenta en ese mapa como una pieza difícil de sustituir. Su peso en la fabricación avanzada de semiconductores, con TSMC como actor central, lo ha convertido en un nodo imprescindible para empresas europeas, estadounidenses y asiáticas. Pero el propio Lai evitó presentar ese liderazgo como un logro aislado. Según su discurso, el ecosistema taiwanés de semiconductores integra tecnologías clave procedentes de compañías europeas, lo que convierte la relación en una dependencia mutua.

Ese punto es importante. Europa no fabrica al nivel de Taiwán en nodos avanzados, pero sí aporta equipos, materiales, óptica, maquinaria de precisión, química, software industrial y conocimiento técnico. ASML, Infineon, STMicroelectronics, ASM International, imec y muchas empresas de nicho forman parte de una cadena donde ningún bloque puede operar solo sin costes enormes.

La cooperación también se amplía a sectores vinculados a la seguridad nacional. Lai mencionó los drones como un nuevo campo de colaboración entre Taiwán y Europa, en un momento en el que ambas partes buscan diversificar proveedores, reducir dependencias críticas y construir cadenas de suministro más fiables. El trasfondo es evidente: la experiencia de Ucrania, la presión militar china sobre Taiwán y la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China han cambiado la forma de ver productos que antes parecían puramente industriales.

Comercio, inversión y una petición política a Bruselas

El presidente taiwanés defendió que la distancia geográfica entre Taiwán y Europa se compensa con una base económica sólida. En su intervención afirmó que Europa es la mayor fuente de inversión extranjera directa en Taiwán y su tercer socio comercial. También pidió avanzar hacia un acuerdo bilateral de protección de inversiones y resolver el problema de la doble imposición para facilitar más proyectos entre empresas de ambos lados.

Aquí conviene introducir un matiz. Las cifras oficiales publicadas por la Comisión Europea para 2025 sitúan a la UE como el quinto socio comercial de Taiwán en bienes, por detrás de China, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, con 76.200 millones de euros de comercio bilateral. El Ministerio de Economía taiwanés también registra a la UE como quinto socio comercial en 2025, con 74.890 millones de dólares. La diferencia con la formulación presidencial puede deberse al uso político de “Europa” en sentido más amplio, al tipo de indicador empleado o a agregaciones distintas, pero el fondo no cambia: la relación económica es relevante y se concentra en sectores de alto valor.

IndicadorDato destacado
Comercio de bienes UE-Taiwán en 2025, según la Comisión Europea76.200 millones de euros
Exportaciones de la UE a Taiwán en 202530.900 millones de euros
Importaciones de la UE desde Taiwán en 202545.300 millones de euros
Déficit comercial de la UE con Taiwán14.400 millones de euros
Comercio bilateral UE-Taiwán en 2025, según Taiwán74.890 millones de dólares
Inversión acumulada de empresas europeas en Taiwán, según Taiwán64.210 millones de dólares
Aumento de la inversión taiwanesa en países de la UE en la última década, según Lai650 %

La petición de un acuerdo bilateral de inversión no es nueva, pero gana peso en el contexto actual. Taiwán quiere atraer más capital europeo, proteger mejor a sus empresas en Europa y dar previsibilidad jurídica a proyectos industriales complejos. Para Bruselas, cualquier avance debe encajar con su política de “una sola China”, que reconoce a la República Popular China como el único Gobierno legal de China, aunque mantiene relaciones económicas y técnicas con Taiwán a través de canales no diplomáticos.

Esa ambigüedad marca toda la relación. Europa necesita a Taiwán por sus chips y por su papel en cadenas tecnológicas críticas, pero también gestiona una relación económica enorme con China. Por eso cada paso con Taipéi se mide con cuidado. Hablar de inversión, doble imposición, comercio o cooperación industrial es más sencillo que hablar de reconocimiento político.

La seguridad del estrecho ya es una cuestión global

Lai también llevó el discurso al terreno geopoítico. Afirmó que la paz en el estrecho de Taiwán ya no es un asunto regional, sino global, y agradeció que el Parlamento Europeo, líderes de la OTAN, el G7 y países europeos hayan subrayado en repetidas ocasiones la importancia de la estabilidad en el Indo-Pacífico.

La conexión con Europa es directa. Un conflicto en Taiwán afectaría a la fabricación de chips, al comercio marítimo, a la inflación tecnológica, a la industria del automóvil, a la defensa, a la electrónica de consumo, a los centros de datos y a la transición digital. Europa ha aprendido con la energía rusa y con la pandemia que las dependencias críticas pueden convertirse en vulnerabilidades políticas. Taiwán quiere que esa lección se aplique también a los semiconductores.

El discurso de Lai encaja, además, con la tendencia europea de “de-risking”: reducir exposición a riesgos estratégicos sin llegar necesariamente a una ruptura comercial completa con China. En ese marco, Taiwán aparece como socio tecnológico, democrático y económico, aunque la relación siga limitada por las realidades diplomáticas.

También hubo un guiño a la salud global. Lai agradeció el apoyo europeo a la participación internacional de Taiwán, incluida la Organización Mundial de la Salud y la Asamblea Mundial de la Salud. El mensaje busca reforzar una idea recurrente de Taipéi: Taiwán quiere ser tratado como un socio útil en asuntos globales, incluso cuando su estatus internacional impide una participación plena en muchas organizaciones.

La lectura para Europa es delicada, pero inevitable. Si los semiconductores y la IA son infraestructuras estratégicas, Taiwán ya no puede quedar fuera de la conversación europea sobre seguridad económica. La isla no es solo un proveedor de chips. Es un punto donde convergen industria, comercio, tecnología, defensa, diplomacia y valores democráticos.

Lai ha usado el Día de Europa para plantear esa tesis en términos europeos: cooperación, interdependencia y paz construida sobre industrias críticas. La cuestión ahora es si Bruselas y las capitales europeas están dispuestas a traducir ese lenguaje en acuerdos más concretos, más inversión y una relación política mejor protegida frente a la presión de Pekín.

Preguntas frecuentes

¿Qué dijo Lai Ching-te sobre semiconductores e inteligencia artificial?
El presidente taiwanés afirmó que los semiconductores y la IA son hoy pilares de la prosperidad global y de la seguridad democrática, comparándolos con el papel que tuvieron el carbón y el acero en la construcción europea de posguerra.

¿Qué pide Taiwán a Europa?
Taiwán quiere avanzar hacia un acuerdo bilateral de protección de inversiones, resolver problemas de doble imposición y reforzar la cooperación industrial en semiconductores, IA, drones y cadenas de suministro seguras.

¿Cuál es el papel de Europa en la industria taiwanesa de chips?
Europa aporta tecnologías clave, equipos, materiales, maquinaria de precisión, software e ingeniería que forman parte del ecosistema de semiconductores avanzado de Taiwán.

¿Por qué importa Taiwán para la seguridad económica europea?
Porque una interrupción grave en Taiwán afectaría a chips, servidores de IA, automoción, electrónica, centros de datos, defensa y comercio global. La estabilidad del estrecho de Taiwán tiene impacto directo en Europa.

vía: Foto Wikipedia y taiwannews

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