
La IA no es magia: el coste oculto de cada prompt ya cambia el mercado
Usar Inteligencia Artificial se ha vuelto extraordinariamente sencillo. Basta con abrir una aplicación, escribir una petición y esperar unos segundos. Desde fuera, parece casi un acto trivial: un prompt entra, una respuesta sale. Pero esa aparente ligereza oculta una realidad industrial mucho más pesada, cara y compleja. Detrás de cada consulta hay centros de datos, redes, electricidad, refrigeración, chips especializados y miles de millones de dólares en inversión que nadie está desplegando por puro romanticismo tecnológico. La popularización de la IA generativa ha creado una ilusión peligrosa: que el acceso es barato porque el gesto del usuario también lo es. Pero el hecho de que un prompt sea cómodo no significa que su coste estructural sea irrelevante. La Agencia Internacional



