El mercado europeo de conectividad entre centros de datos está entrando en una etapa en la que el precio deja de ser el único argumento comercial. Para un proveedor de servicios de Internet (ISP) que llega a Europa a través de cables submarinos, factores como la latencia, la diversidad física, la disponibilidad de red, la velocidad de entrega y la flexibilidad comercial pueden tener más peso que conseguir unos euros menos por mes.
Las claves de las redes europeas de larga distancia en 30 segundos
- Una conexión de 100G entre Telehouse 2 Paris y FR2 Frankfurt puede contratarse por menos de 1.000 euros mensuales en un plazo de tres años, según el análisis compartido.
- La propuesta plantea competir mediante latencia, capacidad, disponibilidad, diversidad de rutas y rapidez de entrega.
- Algunas rutas pueden entregarse en dos a cuatro semanas frente a varios meses en otros proveedores.
- Las redes metropolitanas conectan centros de datos y hoteles de telecomunicaciones mediante fibra oscura.
- El siguiente paso comercial incluye capacidades Layer 1 más ajustadas, como 150G, 200G, 250G, 300G y 350G.
El mapa muestra una red europea que conecta algunas de las principales ciudades y concentraciones de centros de datos del continente, desde Madrid, Barcelona, Bilbao y Milán hasta París, Londres, Ámsterdam, Frankfurt, Berlín, Estocolmo y Helsinki. La propuesta que acompaña a la imagen plantea una cuestión cada vez más relevante para los operadores: cuando el coste de transportar grandes cantidades de datos cae hasta niveles relativamente bajos, la diferencia entre proveedores empieza a estar en todo lo que rodea a la capacidad contratada.
El ejemplo utilizado es una onda de 100G entre Telehouse 2 Paris y FR2 Frankfurt, con un precio inferior a 1.000 euros al mes para un contrato de tres años. A partir de ese nivel, la reducción adicional del precio puede tener menos valor comercial que mejorar otros parámetros de la conexión.
Para un ISP, una red europea no se evalúa únicamente por el coste de una conexión. También importan la latencia entre puntos, la cantidad de rutas disponibles, la capacidad que puede contratarse, la estabilidad del servicio y el tiempo necesario para poner un circuito en funcionamiento.
De la guerra de precios a la calidad de la red
La primera variable que aparece es la latencia. En determinadas aplicaciones, especialmente las que dependen de intercambios frecuentes de datos entre centros de datos, unos pocos milisegundos pueden tener más valor que una pequeña diferencia en el precio mensual.
La segunda es la diversidad física. Una red puede disponer de varias rutas comerciales y, aun así, depender de infraestructuras físicas que comparten determinados tramos. Para un operador que necesita resiliencia, disponer de caminos físicamente diferenciados permite reducir la posibilidad de que una única incidencia afecte simultáneamente a varias conexiones.
El mapa muestra precisamente una combinación de rutas principales, enlaces de fibra y conexiones identificadas como de ultra baja latencia. También aparecen ciudades con nodos de red metropolitanos, representados mediante puntos destacados.
Entre ellas están Madrid, Barcelona, Bilbao, París, Londres, Dublín, Manchester, Ámsterdam, Rotterdam, Bruselas, Frankfurt, Düsseldorf, Colonia, Berlín, Múnich, Zúrich, Milán, Viena, Praga, Varsovia, Estocolmo, Oslo y Helsinki.
La presencia de estos nodos tiene importancia porque la conectividad de larga distancia no termina en el punto de entrada de una ciudad. El último tramo hasta el centro de datos, el hotel de telecomunicaciones o el punto de interconexión también determina la utilidad real de la red.
La última milla puede decidir una conexión internacional
Una ruta internacional puede ofrecer una capacidad elevada y una latencia reducida, pero si el acceso a los principales centros de datos de una ciudad es limitado, el operador tendrá menos opciones para distribuir esa capacidad.
El planteamiento de la red mostrada en el mapa apuesta por disponer de redes metropolitanas extensas, con fibra oscura entre los principales hoteles de telecomunicaciones y centros de datos.
Esto permite acercar la conectividad de larga distancia a los puntos donde realmente se intercambia el tráfico. En ciudades como Frankfurt, París, Londres o Ámsterdam, donde existe una elevada concentración de infraestructuras digitales, esa capilaridad puede resultar tan importante como la ruta internacional que conecta las ciudades.
El concepto también aparece en Madrid, Barcelona y Bilbao, tres puntos destacados en la península dentro del mapa. La conexión con el resto de Europa permite que el tráfico que llega desde otras regiones pueda alcanzar directamente distintos puntos de interconexión y centros de datos.
La velocidad de entrega se convierte en otra variable
Otro de los argumentos destacados es el tiempo necesario para activar una conexión.
La propuesta habla de entregas de dos a cuatro semanas, frente a plazos de varios meses en algunos competidores. Para un ISP o un proveedor de servicios cloud, esta diferencia puede afectar directamente a la planificación de nuevas capacidades y al momento en que una infraestructura empieza a generar ingresos.
La velocidad de entrega también tiene importancia cuando un operador necesita responder a un crecimiento inesperado del tráfico. Una capacidad que tarda meses en estar disponible puede obligar a contratar soluciones intermedias o a mantener capacidad sobrante por anticipado.
En cambio, unos plazos más cortos permiten ajustar la expansión de la red a las necesidades reales, aunque la conveniencia dependerá de cada proyecto y de la disponibilidad de los recursos físicos necesarios.
De 100G a capacidades más ajustadas
La propuesta también apunta a una evolución en la forma de contratar capacidad. Además de los tradicionales saltos entre determinadas velocidades, se plantea ofrecer capacidades Layer 1 más ajustadas: 150G, 200G, 250G, 300G y 350G.
Layer 1 corresponde a la capa física de la red, donde se transportan las señales sobre la infraestructura óptica. Para un operador, disponer de diferentes escalones de capacidad puede permitir ajustar mejor la conexión al crecimiento de su tráfico.
Un ISP que todavía no necesita 400G podría contratar una capacidad intermedia sin tener que pagar por recursos que no utiliza. Al mismo tiempo, estas opciones permiten aumentar progresivamente la capacidad a medida que crece la demanda.
La idea encaja con una evolución del mercado en la que la capacidad de las redes troncales continúa aumentando, pero los clientes buscan también mayor flexibilidad para contratarla.
Una red europea donde la geografía importa
El mapa refleja otra característica del mercado europeo: la importancia de los corredores que conectan grandes centros de interconexión.
Londres aparece conectado con París, Ámsterdam y otras ciudades del norte de Europa. Desde allí, las rutas continúan hacia Frankfurt, Berlín, Hamburgo, Estocolmo, Helsinki y otras ubicaciones. En el centro del continente se concentran conexiones entre Frankfurt, Ámsterdam, Bruselas, Düsseldorf, Colonia, París, Zúrich, Múnich, Viena y otras ciudades.
Hacia el sur, Madrid y Barcelona aparecen conectadas con la red europea, mientras Milán y otras ciudades italianas enlazan con Francia, Suiza, Alemania y Austria.
El valor de una infraestructura de este tipo no está únicamente en conectar dos ciudades. Está en ofrecer varias posibilidades para llegar a los principales mercados digitales europeos, con diferentes rutas, puntos de acceso y opciones de capacidad.
Para los ISP que entran en Europa mediante cables submarinos, esa segunda parte de la infraestructura puede terminar siendo tan importante como el propio cable. Una gran capacidad internacional necesita después una red terrestre capaz de distribuir el tráfico de forma eficiente y con alternativas ante incidencias.
El mercado, por tanto, puede estar desplazando parte de la competencia desde el precio puro hacia una combinación de capacidad, latencia, disponibilidad, diversidad, rapidez de entrega y acceso a los principales centros digitales.
Cuando una conexión de 100G ya puede contratarse por menos de 1.000 euros mensuales en determinadas rutas y condiciones, la pregunta comercial empieza a ser distinta: cuánto valor aporta la red completa y no únicamente cuánto cuesta cada gigabit.
Preguntas frecuentes
¿Qué factores importan además del precio en una red europea?
La propuesta destaca latencia, cobertura, capacidad, disponibilidad, rapidez de entrega, diversidad física de las rutas y flexibilidad comercial.
¿Qué significa 100G en una conexión de red?
100G hace referencia a una capacidad de transmisión de 100 gigabits por segundo. El ejemplo utilizado corresponde a una conexión entre París y Frankfurt.
¿Por qué es importante la diversidad física?
Permite disponer de rutas que no dependan necesariamente de los mismos elementos físicos. Esto puede ayudar a reducir el impacto de determinadas averías sobre la conectividad.
¿Qué ventajas ofrecen las redes metropolitanas?
Permiten conectar los principales centros de datos y hoteles de telecomunicaciones de una ciudad con la red de larga distancia, facilitando el acceso de los operadores a distintos puntos de interconexión.