La carrera por alimentar la Inteligencia Artificial está empujando la infraestructura digital hacia territorios cada vez menos convencionales. Después de años hablando de centros de datos junto a presas, parques solares, centrales nucleares o incluso órbitas espaciales, una startup de Oregón propone otra vía: llevar parte del cómputo al mar y usar la energía de las olas para ejecutar tareas de inferencia.
Panthalassa ha cerrado una ronda Serie B de 140 millones de dólares liderada por Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, para avanzar en la fabricación y despliegue de sus nodos autónomos de computación oceánica. La compañía quiere completar una planta piloto cerca de Portland y desplegar su serie Ocean-3 en el Pacífico norte durante 2026, con vistas a preparar un despliegue comercial en 2027.
Cómputo de IA sin llevar la energía a tierra
La idea de Panthalassa rompe con el esquema clásico de un centro de datos. En lugar de construir una instalación en tierra, conectarla a la red eléctrica y resolver después los problemas de refrigeración, la empresa plantea nodos flotantes capaces de generar electricidad con el movimiento de las olas y usarla directamente a bordo para alimentar chips de Inteligencia Artificial.
La electricidad no se enviaría a la red. Se consumiría en el propio nodo. El resultado de las tareas de inferencia, mucho más ligero que la energía necesaria para generarlo, se transmitiría después a tierra mediante satélites de órbita baja. Según la compañía, estos sistemas están pensados para operar en zonas oceánicas alejadas de la costa, donde la energía de las olas es más densa y constante.
El enfoque encaja con una presión cada vez más visible. Los centros de datos de Inteligencia Artificial necesitan grandes cantidades de energía, capacidad de refrigeración, suelo industrial, permisos, conexión a red y aceptación local. En varias regiones, la construcción de nuevas instalaciones ya genera rechazo por su impacto sobre la red eléctrica, el uso de agua, el paisaje o la presión sobre comunidades cercanas.

Panthalassa intenta esquivar parte de esas tensiones desplazando el problema fuera de tierra. Sus nodos flotantes se fabricarían en acero en plantas costeras y operarían de forma autónoma en el océano. La empresa afirma que sus prototipos Ocean-1, Ocean-2 y Wavehopper, probados en 2021 y 2024, validaron tecnologías de generación de energía, propulsión, autonomía y computación en el mar.
Por qué la inferencia encaja mejor que el entrenamiento
La propuesta no parece pensada para reemplazar a los grandes centros de datos que entrenan modelos fundacionales. El entrenamiento exige clústeres enormes, redes de muy baja latencia, sincronización entre miles de aceleradores, memoria de alto ancho de banda y una operación extremadamente coordinada. Llevar esa complejidad al mar sería mucho más difícil.
La inferencia, en cambio, puede encajar mejor. Una vez entrenado un modelo, muchas tareas consisten en ejecutar consultas, generar respuestas, clasificar información, procesar documentos o producir tokens. Esas cargas pueden distribuirse con más facilidad si se diseñan correctamente. En ese escenario, un nodo oceánico no tendría que participar en un clúster de entrenamiento gigante, sino procesar peticiones y devolver resultados.
El propio comunicado de Panthalassa habla de “inference computing at sea”. La diferencia es importante. No es lo mismo mover un centro de datos completo al océano que crear una flota distribuida de nodos para tareas específicas de Inteligencia Artificial. Si el coste energético es bajo y la refrigeración se resuelve con el entorno marino, la economía puede resultar atractiva para ciertos tipos de carga.
La refrigeración es uno de los argumentos centrales. Los chips de Inteligencia Artificial generan mucho calor, y disiparlo en tierra requiere sistemas de refrigeración complejos y, en algunos casos, agua o energía adicional. En el mar, la masa térmica del océano ofrece una fuente natural de enfriamiento. Panthalassa sostiene que esto puede ayudar a resolver uno de los grandes retos de ingeniería de los centros de datos terrestres y alargar la vida útil de los chips.
Una idea audaz con muchos retos por delante
El atractivo de la propuesta es evidente, pero los desafíos también. El océano no es un entorno amable para la electrónica, la mecánica ni el mantenimiento. La corrosión por sal, las tormentas, la bioincrustación, el oleaje extremo, la fatiga estructural, la seguridad física y la reparación de equipos lejos de la costa pueden complicar mucho la operación.
También hay cuestiones regulatorias. Operar infraestructura autónoma en aguas abiertas exige permisos, coordinación marítima, seguros, reglas ambientales y garantías de seguridad. Si una flota de nodos crece, habrá que resolver cómo se monitoriza, quién responde ante incidentes y qué impacto puede tener sobre navegación, fauna marina o actividades pesqueras.
La conectividad por satélite es otra pieza crítica. En tareas de inferencia, enviar resultados puede ser viable, pero depender de enlaces satelitales introduce latencia, costes, disponibilidad y posibles límites de capacidad. Para algunos usos de Inteligencia Artificial eso no será un problema. Para otros, especialmente los que exigen respuestas ultrarrápidas o transferencia constante de grandes volúmenes de datos, puede ser una barrera.
Tampoco conviene olvidar la fabricación. Panthalassa quiere completar una planta piloto cerca de Portland para producir estos sistemas en serie. Pasar de prototipos a fabricación repetible, mantenimiento industrial y despliegue comercial es una transición difícil. El hecho de que la ronda haya reunido a inversores como Peter Thiel, John Doerr, TIME Ventures, SciFi Ventures, Fortescue Ventures, Super Micro Computer y otros nombres relevantes da credibilidad financiera al proyecto, pero no elimina el riesgo tecnológico.
El mar como nueva frontera del cómputo
La inversión también tiene una lectura más amplia. La infraestructura de Inteligencia Artificial se está quedando sin soluciones fáciles. La demanda de cómputo crece más rápido que la capacidad eléctrica disponible en muchos lugares. Los nuevos centros de datos compiten por energía, transformadores, suelo, permisos, chips, memoria, refrigeración y conectividad. Por eso empiezan a ganar atención propuestas que hace pocos años habrían sonado marginales.
Google ha estudiado centros de datos espaciales a largo plazo, Elon Musk ha mencionado opciones fuera de la Tierra y distintas compañías investigan refrigeración submarina, energía nuclear modular o despliegues junto a fuentes renovables. La diferencia de Panthalassa es que no intenta llevar energía del mar a tierra, sino llevar el cómputo allí donde está la energía.
Peter Thiel lo ha resumido con una frase llamativa: las soluciones “extraterrestres” para el cómputo ya no son ciencia ficción y Panthalassa habría abierto “la frontera oceánica”. La expresión encaja con el tono del proyecto, aunque la realidad será menos épica y más industrial: costes por token, mantenimiento, disponibilidad, rendimiento energético y capacidad de producción.
Si funciona, Panthalassa podría abrir una nueva categoría de infraestructura distribuida para inferencia de Inteligencia Artificial. No sustituiría a los grandes campus de centros de datos, pero podría aliviar parte de la presión sobre redes eléctricas y comunidades locales, especialmente para cargas que no necesiten estar dentro de una región urbana o conectadas a sistemas internos sensibles.
La pregunta clave no es si el océano contiene energía suficiente. La pregunta es si esa energía puede convertirse en cómputo fiable, mantenible y competitivo. Ahí se jugará el futuro de Panthalassa. La ronda de 140 millones de dólares le da recursos para intentarlo. El Pacífico norte será ahora su banco de pruebas.
Preguntas frecuentes
¿Qué quiere hacer Panthalassa?
Panthalassa desarrolla nodos flotantes autónomos que generan electricidad con energía de las olas y la usan para ejecutar tareas de inferencia de Inteligencia Artificial en el mar.
¿Cuánto dinero ha levantado la compañía?
La startup ha cerrado una ronda Serie B de 140 millones de dólares liderada por Peter Thiel, con participación de otros inversores tecnológicos, industriales y climáticos.
¿Cuándo desplegará sus primeros nodos?
La empresa prevé desplegar su serie piloto Ocean-3 en el Pacífico norte durante 2026 y preparar despliegues comerciales a partir de 2027.
¿Sustituirá esto a los centros de datos tradicionales?
No a corto plazo. La propuesta parece más adecuada para cargas de inferencia distribuida que para entrenamiento masivo de modelos. Puede complementar la infraestructura terrestre, no reemplazarla por completo.