Musk agita a la industria de chips: promete una “fábrica 2 nm” donde se pueda fumar y comer

Elon Musk ha vuelto a colocar a la industria de los semiconductores en el centro del debate público con una afirmación tan provocadora como improbable: asegura que, cuando Tesla construya una fábrica capaz de producir chips de 2 nanómetros, él podrá entrar y “comerse una hamburguesa” y “fumarse un puro” dentro de la planta. La frase, pronunciada en una conversación en el pódcast Moonshots, se ha interpretado como una crítica frontal a la forma en la que el sector diseña y opera las salas limpias, el corazón de cualquier fábrica avanzada de obleas.

Musk sostuvo que “se están haciendo mal las salas limpias” en las fábricas modernas y defendió que el secreto está en mantener las obleas “aisladas” durante todo el proceso. En su relato, el control de contaminación no debería depender tanto de que el ser humano se convierta en un “riesgo” (trajes, protocolos estrictos, zonas restringidas), sino de que el producto permanezca encapsulado y protegido de manera continua.

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La declaración, en cualquier caso, no se ha leído como un manual técnico —ni como un plan detallado—, sino como una mezcla de desafío, marketing y frustración por la realidad de un mercado donde fabricar chips punteros se ha convertido en un cuello de botella global. Y, de paso, como una forma de remarcar que Tesla quiere jugar un papel más ambicioso en la cadena de suministro del silicio.

La obsesión por el control… y el choque con la física

La industria no construye salas limpias por capricho. Una planta de semiconductores moderna es, de hecho, un ecosistema industrial enorme: áreas de producción ultra-controladas, niveles inferiores (“subfab”) con bombas de vacío, gases, ventilación y extracción, corredores de servicio para mantenimiento de herramientas, y una infraestructura de químicos y gestión de residuos diseñada para operar sin margen de error. En ese entorno, la contaminación no solo reduce el rendimiento (yield) de los chips; también puede dañar equipos extremadamente sensibles y caros.

Ahí es donde el comentario de Musk choca con la realidad. Aunque el aislamiento de obleas existe —y es parte del día a día en fábricas modernas—, no elimina la necesidad de controlar el ambiente: la interacción con herramientas, materiales, ópticas y procesos sigue ocurriendo dentro de un contexto que exige niveles de limpieza extraordinarios. El humo, las partículas orgánicas y los residuos de comida no son simples “molestias”: son justo lo que los protocolos industriales intentan evitar porque afectan al proceso y, en escenarios avanzados, al propio equipamiento.

La idea de “darle la vuelta” a las salas limpias también simplifica un punto clave: incluso si las obleas viajan en contenedores y se manipulan con automatización, las fábricas de vanguardia están diseñadas para proteger no solo el chip, sino el entorno de fabricación completo. En litografía avanzada, por ejemplo, la estabilidad de materiales, la pureza química y la ausencia de contaminantes no es negociable. La industria, por norma, restringe estrictamente comida y tabaco en zonas de producción por razones de contaminación y seguridad.

Tesla y el sueño de fabricar chips: del “Terafab” a los acuerdos con foundries

El contexto que rodea estas declaraciones ayuda a entender por qué aparecen ahora. Tesla no es una empresa ajena a los semiconductores: diseña chips para sus vehículos y sostiene una estrategia de IA ligada a conducción autónoma y robótica. Musk ya había deslizado en 2025 que la escala de demanda de chips de la compañía podría empujarla hacia una solución extrema: una “Terafab”, un concepto incluso mayor que las “Gigafabs” con las que se describe a los grandes complejos de fabricación.

Pero levantar una fábrica capaz de competir en 2 nm no se parece a montar una línea industrial convencional. Es una apuesta de complejidad técnica, inversión y talento que normalmente solo asumen los gigantes del sector. De hecho, el propio Jensen Huang (NVIDIA) llegó a subrayar públicamente que fabricar chips avanzados es “extremadamente difícil”, no solo por construir el edificio, sino por la ingeniería y el conocimiento acumulado en el proceso.

Mientras tanto, Tesla se mueve en el terreno más realista: la colaboración con fabricantes establecidos. Musk ha hablado de relaciones con socios como TSMC y Samsung, y la compañía ha sido vinculada a acuerdos para asegurar suministro y capacidad, una señal clara de que —en el corto y medio plazo— la vía práctica sigue siendo depender de foundries consolidadas, no sustituirlas.

¿Provocación o pista de una tendencia?

Aunque la escena de una fábrica “de 2 nm” con puro y hamburguesa parece pensada para titulares, sí toca un debate real: la industria lleva años avanzando hacia mini-entornos más aislados, mayor automatización y más contención del proceso para reducir riesgos humanos. En otras palabras, la intuición de Musk sobre “aislar más” no es completamente ajena a la evolución tecnológica. La cuestión es que ese camino no elimina la necesidad de salas limpias; la refuerza con capas adicionales de control.

En el fondo, el mensaje transmite una idea que Musk repite en distintos ámbitos: si un sistema parece demasiado rígido, probablemente se puede rediseñar. En semiconductores, sin embargo, la rigidez no es cultural, sino física. Y la física, a 2 nm, suele tener la última palabra.


Preguntas frecuentes

¿Qué significa realmente “2 nm” en chips y por qué es tan difícil fabricarlos?
Es una etiqueta comercial asociada a nodos de fabricación punteros. Implica procesos extremadamente complejos, equipos carísimos y tolerancias mínimas, con enormes exigencias de control de variabilidad y contaminación.

¿Se pueden fabricar chips avanzados sin sala limpia si las obleas van “aisladas”?
La industria ya usa contención y automatización, pero sigue necesitando ambientes ultra-controlados: no solo por las obleas, también por los equipos, materiales y procesos sensibles.

¿Cuánto cuesta construir una fábrica de semiconductores de vanguardia?
Las cifras suelen moverse en decenas de miles de millones de dólares, además de años de ejecución y una cadena de suministro especializada (equipos, químicos, personal y software industrial).

¿Tesla podría convertirse en fabricante de chips como TSMC o Samsung?
A día de hoy, Tesla actúa principalmente como diseñadora y compradora de capacidad. Construir y operar una foundry de vanguardia es un salto de complejidad que pocas empresas han logrado.

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