Meta ha vuelto a poner sobre la mesa una de las grandes paradojas de la industria tecnológica: mientras eleva con fuerza su inversión en centros de datos, servidores y acuerdos cloud para sostener su estrategia de inteligencia artificial, también prepara nuevos recortes de plantilla bajo el argumento de la eficiencia. La compañía cerró el primer trimestre de 2026 con ingresos al alza, márgenes elevados y una hoja de gasto en infraestructura cada vez más agresiva.
El grupo dirigido por Mark Zuckerberg comunicó unos ingresos de 56.311 millones de dólares entre enero y marzo, un 33 % más que en el mismo periodo del año anterior. El beneficio neto alcanzó los 26.773 millones de dólares, aunque la cifra se vio favorecida por un beneficio fiscal extraordinario de 8.030 millones. La actividad publicitaria sigue siendo el corazón financiero de Meta, pero el discurso estratégico ya gira alrededor de otro eje: la capacidad de cómputo necesaria para entrenar, desplegar y servir modelos de IA a escala global.
Más inversión en servidores, centros de datos y acuerdos cloud
Meta elevó su previsión de inversión de capital para 2026 hasta un rango de entre 125.000 y 145.000 millones de dólares, frente al rango anterior de 115.000 a 135.000 millones. La compañía atribuye el ajuste a dos factores principales: el encarecimiento de componentes y, en menor medida, mayores costes de centros de datos para asegurar capacidad en ejercicios futuros.
En el primer trimestre, el capex fue de 19.840 millones de dólares, impulsado sobre todo por compras de servidores, centros de datos e infraestructura de red. Susan Li, directora financiera de Meta, explicó a los inversores que la empresa está invirtiendo de forma agresiva para cubrir sus necesidades de infraestructura y mantener flexibilidad estratégica en los próximos años.
La compañía no solo está construyendo más capacidad propia. También está cerrando acuerdos cloud plurianuales que empezarán a entrar en funcionamiento entre 2026 y 2027. Según explicó la directiva, esos contratos cloud y los acuerdos de compra de infraestructura provocaron un aumento de 107.000 millones de dólares en los compromisos contractuales durante el trimestre.
| Indicador Q1 2026 | Dato |
|---|---|
| Ingresos | 56.311 millones de dólares |
| Crecimiento interanual | 33 % |
| Costes y gastos | 33.439 millones de dólares |
| Beneficio operativo | 22.872 millones de dólares |
| Margen operativo | 41 % |
| Capex trimestral | 19.840 millones de dólares |
| Capex previsto para 2026 | 125.000-145.000 millones de dólares |
| Caja y valores negociables | 81.180 millones de dólares |
| Deuda a largo plazo | 58.748 millones de dólares |
| Empleados al cierre del trimestre | 77.986 |
El aumento no sorprende si se observa la evolución reciente de Meta. A comienzos de 2026, la empresa creó Meta Compute, una división orientada a expandir sus ambiciones de centros de datos de IA con el objetivo de desarrollar decenas de gigavatios de capacidad de cómputo durante la próxima década. Desde entonces, ha avanzado en proyectos en Oklahoma, Texas y Wisconsin, además de reforzar su presencia mediante acuerdos con proveedores cloud y operadores especializados.
La compañía también está diversificando el hardware. Zuckerberg aseguró que Meta está desplegando más de un gigavatio de silicio propio desarrollado con Broadcom, además de incorporar una cantidad relevante de chips de AMD para complementar los nuevos sistemas basados en NVIDIA. La lectura es clara: Meta quiere más capacidad, pero también más control sobre el coste, la eficiencia energética y la dependencia de proveedores externos.
Despidos en plena expansión de infraestructura
El otro lado de la noticia está en la plantilla. Meta terminó el trimestre con 77.986 empleados, un 1 % más que un año antes, aunque alrededor de un 1 % menos que en el trimestre anterior según la información comentada en el mercado. La empresa no ha detallado el alcance de los recortes previstos para mayo, pero Susan Li trasladó a los inversores que Meta seguirá comprometida con operar de forma eficiente y que ha comunicado internamente una reducción de su base de empleados.
La combinación puede resultar chocante: más centros de datos, más servidores, más compromisos cloud y menos trabajadores. Pero encaja con una tendencia más amplia en las grandes tecnológicas. Las compañías están reasignando capital desde áreas maduras o menos prioritarias hacia IA, infraestructura y automatización. El ahorro no siempre llega de inmediato, pero el mensaje para inversores es que el gasto se concentra en lo que consideran el futuro del negocio.
Meta ya había pasado por grandes rondas de despidos en 2022 y 2023, bajo la etiqueta del “año de la eficiencia”. Ahora, la presión es distinta. La empresa tiene un negocio publicitario muy rentable, pero compite en una carrera de IA que exige inversiones enormes antes de que todos los retornos estén claros. Mantener el margen operativo en el 41 % mientras se dispara el gasto en infraestructura exige recortar, contener o reordenar costes en otras partes de la organización.
La división Family of Apps sigue financiando la expansión. Facebook, Instagram, Messenger y WhatsApp generaron 55.909 millones de dólares de ingresos en el trimestre, con 26.900 millones de beneficio operativo. Reality Labs, en cambio, volvió a perder dinero: 4.028 millones de dólares de pérdida operativa sobre ingresos de apenas 402 millones. Meta sigue apostando por realidad aumentada, realidad virtual y computación inmersiva, pero la IA se ha convertido en la prioridad más urgente y visible.
La IA obliga a planificar a ciegas
El comentario más revelador de la dirección financiera no está solo en la cifra de capex, sino en la incertidumbre. Susan Li reconoció que Meta está inmersa en un proceso de planificación “muy dinámico” porque la experiencia hasta ahora ha sido subestimar de forma continuada sus necesidades de cómputo, incluso mientras aumentaba la capacidad de forma considerable.
Esa frase resume el momento actual del sector. Las grandes plataformas no saben exactamente cuánta infraestructura necesitarán dentro de dos o tres años, pero temen quedarse cortas. En IA, llegar tarde a la capacidad puede significar perder ritmo de producto, limitar modelos, encarecer servicios o depender de terceros en condiciones peores. Por eso los compromisos se firman antes, los terrenos se reservan antes y los contratos de suministro se cierran con más antelación.
También explica el movimiento hacia deuda. Meta terminó marzo con 81.180 millones de dólares en efectivo y valores negociables, y con 58.748 millones de deuda a largo plazo. El 30 de abril, después de presentar resultados, colocó otros 25.000 millones de dólares en bonos repartidos en seis tramos, con vencimientos entre 2031 y 2066. La empresa tiene caja suficiente, pero el tamaño de la inversión obliga a combinar recursos propios, deuda y compromisos plurianuales.
El mercado reaccionó con cautela. En el momento recogido por las informaciones sectoriales, la acción caía más de un 8 %. No porque Meta esté débil en ingresos, sino porque el coste de la carrera por la IA crece más rápido de lo que muchos inversores esperaban. La pregunta ya no es si Meta puede invertir. Puede. La duda es cuánto capital será necesario antes de que la IA genere retornos comparables a los del negocio publicitario.
Meta defiende que el gasto le permitirá entregar “superinteligencia personal” a miles de millones de usuarios, mejorar la relevancia de contenidos y anuncios, crear agentes para consumidores y empresas, y reforzar su posición frente a OpenAI, Google, Microsoft, Apple, Amazon y otros competidores. Es una apuesta de infraestructura, pero también de control estratégico: quien tenga capacidad propia podrá iterar más rápido, negociar mejor y depender menos de terceros.
La paradoja seguirá presente durante meses. Meta puede crecer, ganar mucho dinero, invertir más que nunca y despedir al mismo tiempo. La IA no está reduciendo el gasto tecnológico; lo está desplazando hacia centros de datos, chips, energía, redes y talento muy especializado. Para los trabajadores, eso significa más presión. Para los operadores de infraestructura, una demanda histórica. Para los inversores, una pregunta incómoda: cuánto hay que gastar hoy para no quedarse fuera de la próxima plataforma dominante.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto invertirá Meta en infraestructura en 2026?
Meta prevé una inversión de capital de entre 125.000 y 145.000 millones de dólares en 2026, principalmente para servidores, centros de datos, redes y capacidad vinculada a IA.
¿Por qué Meta planea despidos si sus ingresos crecen?
La compañía argumenta razones de eficiencia. En la práctica, está reasignando recursos hacia IA e infraestructura, mientras controla costes en otras áreas de la organización.
¿Qué papel tienen los centros de datos en la estrategia de Meta?
Son esenciales para entrenar y desplegar modelos de IA, servir agentes, mejorar sistemas publicitarios y sostener nuevos productos basados en inteligencia artificial a gran escala.
¿Meta dependerá solo de NVIDIA para sus chips de IA?
No. La empresa está desplegando sistemas NVIDIA, pero también chips de AMD y más de un gigavatio de silicio propio desarrollado con Broadcom.