La IA podría multiplicar por 60 los residuos electrónicos previstos para 2030

La expansión de la inteligencia artificial (IA) puede dejar una factura material mucho mayor de la que reflejan las primeras estimaciones sobre residuos electrónicos. Un nuevo informe de Basel Action Network (BAN) calcula que el equipamiento retirado cada año por el desarrollo de la IA podría alcanzar entre 8,6 y 13,1 millones de toneladas en 2030, una cifra entre 40 y 60 veces superior a una de las principales proyecciones académicas anteriores. La diferencia se explica, sobre todo, porque BAN incluye equipos que suelen quedar fuera del cálculo, desde sistemas eléctricos y refrigeración hasta redes y dispositivos que podrían sustituirse antes de tiempo.

Las claves de los residuos electrónicos de la IA en 30 segundos

  • BAN estima entre 8,6 y 13,1 millones de toneladas de equipos retirados al año por la IA en 2030.
  • El cálculo incluye centros de datos, pero también PC, móviles, dispositivos Edge y redes de telecomunicaciones.
  • En un centro de datos de IA de referencia, servidores y aceleradores suponen solo el 13 % de la masa del equipamiento.
  • Para 2050, el informe sitúa los residuos electrónicos totales entre 196 y 211 millones de toneladas anuales.
  • La IA aportaría por sí sola entre 31 y 46 millones de toneladas al año en ese escenario.

La cifra de 40-60 veces más no significa que la IA vaya a generar 60 veces todos los residuos electrónicos del planeta. BAN compara su estimación con trabajos anteriores que analizaban principalmente servidores y aceleradores para cargas de IA. Su propio modelo amplía el perímetro e incorpora buena parte de la infraestructura física que hace posible el funcionamiento de esos centros de datos, además del reemplazo acelerado de equipos fuera de ellos.

El informe, titulado The Coming AI Waste Wave y preparado por Jim Puckett en septiembre de 2026, presenta estas cifras como una proyección condicionada a que el crecimiento de la infraestructura continúe a ritmos similares a los utilizados en su modelo. No es, por tanto, una predicción cerrada sobre la cantidad de residuos que necesariamente se producirá.

El centro de datos pesa mucho más que sus GPU

Una de las principales diferencias respecto a estimaciones anteriores aparece al mirar qué hay realmente dentro de un centro de datos diseñado para IA. La imagen habitual es la de grandes racks repletos de GPU, pero BAN estima que aceleradores, servidores y racks representan aproximadamente el 13 % de la masa total del equipamiento de una instalación de referencia de 100 MW.

La mayor parte corresponde a otros sistemas. La refrigeración representa alrededor del 35 %, la distribución eléctrica un 34 %, los sistemas de respaldo un 15 % y las redes aproximadamente un 3 %. El resultado es una estimación de unas 7.000 toneladas de equipamiento por cada 100 MW, equivalente a unos 70.000 toneladas por gigavatio de capacidad instalada. La tabla del informe, en la página 15, muestra precisamente esta distribución y permite comprobar por qué el cálculo cambia tanto cuando se deja de contabilizar únicamente el hardware de computación.

El apartado eléctrico incluye transformadores, sistemas de distribución, unidades de alimentación ininterrumpida (UPS), unidades de distribución de energía, barras colectoras y grandes cantidades de cable de cobre. BAN estima que un centro de datos de 100 MW puede requerir unas 2.700 toneladas de cobre solo en cableado y barras colectoras.

La refrigeración añade otra cantidad importante de material. Los centros de datos tradicionales utilizan sistemas de climatización y refrigeración por aire, mientras que los racks de alta densidad destinados a IA están adoptando sistemas de refrigeración líquida. Cuando una instalación existente se adapta para soportar estas cargas, parte de la infraestructura anterior puede retirarse aunque todavía tenga vida útil.

Los sistemas de respaldo también generan un flujo propio de residuos. BAN contempla baterías de plomo-ácido y baterías de ion-litio, además de los generadores diésel utilizados para mantener las instalaciones durante interrupciones eléctricas.

A todo ello se suma la red. Los centros de datos de IA necesitan conexiones de alta velocidad entre servidores y aceleradores, con una evolución que está llevando las instalaciones desde 400G hacia 800G y generaciones posteriores. Para BAN, esos cambios pueden acortar los ciclos de sustitución de switches, transceptores ópticos y cableado.

La vida útil del hardware se acorta con cada generación

El modelo de BAN no calcula únicamente cuánto equipamiento se instala, sino también cuánto tiempo permanece en servicio. El informe asigna diferentes ciclos de sustitución a cada categoría.

Para aceleradores, servidores y racks utiliza 2,5 años. Para redes emplea 3,5 años, mientras que fija cinco años para refrigeración y sistemas de respaldo. La distribución eléctrica recibe una vida útil de ocho años, aunque el propio documento reconoce que esta última cifra es una estimación de BAN y no un dato publicado directamente por una fuente externa.

El razonamiento es que los centros de datos de IA están sometidos a ciclos de renovación más rápidos que los de la informática convencional. Un acelerador puede seguir funcionando físicamente y, sin embargo, dejar de resultar competitivo para determinadas cargas de entrenamiento cuando llega una nueva generación con mayor rendimiento.

El informe denomina a este fenómeno “hyper-obsolescence”, en referencia a la sustitución simultánea de grandes cantidades de hardware especializado. El problema aumenta cuando los componentes están estrechamente integrados. BAN pone como ejemplo el NVIDIA GB200 NVL72, donde computación, refrigeración y red forman parte de una arquitectura diseñada conjuntamente.

Eso limita la posibilidad de sustituir únicamente un componente y mantener intacto el resto de la instalación. El informe considera que esta integración puede aumentar la cantidad de material retirado durante cada actualización tecnológica.

Hay, sin embargo, factores que podrían reducir las cifras. BAN reconoce que algunos operadores podrían ampliar la vida útil de determinados servidores, que el hardware retirado puede encontrar compradores en mercados secundarios y que el crecimiento de la capacidad de los centros de datos podría ser inferior al 8,8 % anual utilizado en su modelo. El propio estudio incluye un análisis de sensibilidad: bajo una combinación de supuestos especialmente conservadores, calcula unos 3,8 millones de toneladas anuales para la infraestructura retirada de los centros de datos en 2050, frente a 15,5 millones en su escenario base.

La segunda ola podría llegar a PC, móviles y telecomunicaciones

La parte más novedosa del informe es lo que BAN denomina “AI Waste Contagion”, o contagio de residuos de IA. La idea consiste en contabilizar los equipos que no están dentro de los centros de datos pero que podrían retirarse antes de lo previsto por la expansión de las capacidades de IA.

Aquí aparecen los PC, teléfonos móviles, tabletas, dispositivos Edge y equipos de telecomunicaciones. El mecanismo puede ser técnico: determinados servicios de IA requieren una unidad de procesamiento neuronal (NPU), una cantidad mínima de memoria o capacidades locales que los dispositivos antiguos no tienen.

BAN cita como ejemplos los requisitos de determinados equipos compatibles con Copilot+ y Apple Intelligence. También incorpora el crecimiento de los dispositivos Edge, como cámaras, sensores y sistemas informáticos para vehículos, junto con la renovación de las redes necesarias para conectar este nuevo volumen de procesamiento.

El informe diferencia dos escenarios. El conservador estima que la obsolescencia adicional provocada por los requisitos técnicos de la IA alcanzaría 16,2 millones de toneladas anuales en 2050. El escenario agresivo añade sustituciones motivadas por la demanda de nuevas funciones, hasta llegar a 30,7 millones de toneladas. BAN reconoce que no existen datos publicados suficientes para medir este segundo comportamiento y lo utiliza como un límite superior de su modelo, no como una previsión confirmada.

Con todos los elementos, el escenario conservador del informe sitúa los residuos electrónicos mundiales en 196 millones de toneladas anuales en 2050, mientras que el agresivo llega a 211 millones. De esa cantidad, entre 31 y 46 millones de toneladas procederían de la actividad relacionada con la IA.

El gráfico de la página 31 muestra cómo la diferencia se amplía con el paso de los años: la previsión convencional de residuos electrónicos crece por sí sola, pero BAN añade la infraestructura de los centros de datos y el efecto de sustitución fuera de ellos. El estudio calcula además que entre 2025 y 2050 se retirarían entre 395 y 617 millones de toneladas de equipamiento electrónico atribuible a la IA, según el escenario utilizado.

La comparación con estudios anteriores debe hacerse con cuidado. BAN sostiene que Wang et al., de 2024, y de Vries-Gao, de 2026, se concentran principalmente en servidores y aceleradores, mientras que su metodología incorpora cinco categorías de infraestructura y el efecto de obsolescencia fuera de los centros de datos. Por eso las cifras no representan exactamente la misma magnitud.

El estudio también deja abierta una cuestión que no resuelve en esta primera parte: qué porcentaje del equipamiento retirado podrá reutilizarse, repararse, reacondicionarse o venderse en mercados secundarios. BAN anuncia que esa cuestión será analizada en la segunda parte de su serie. También reserva una tercera parte para estudiar la posible toxicidad de estos residuos y una cuarta para las medidas necesarias para gestionarlos.

El dato que queda sobre la mesa es, por tanto, menos sencillo que una cifra de “60 veces más basura”. La principal aportación del informe consiste en ampliar la cuenta: la infraestructura de IA no son solo GPU y servidores. También son cobre, transformadores, baterías, refrigeración, switches, cableado y, potencialmente, millones de dispositivos que podrían quedar fuera de los nuevos requisitos de hardware. La magnitud final dependerá de cuánto crezca la capacidad, cuánto tiempo permanezca operativo cada equipo y cuánto material pueda mantenerse en circulación mediante reutilización y reparación.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos residuos electrónicos podría generar la IA en 2030?

BAN estima entre 8,6 y 13,1 millones de toneladas anuales de equipamiento electrónico retirado relacionado con la IA en 2030. El cálculo incluye tanto la infraestructura de los centros de datos como el efecto de sustitución de equipos fuera de ellos.

¿Por qué BAN calcula más residuos que estudios anteriores?

El informe incorpora cinco grandes categorías de infraestructura de centros de datos: computación, redes, distribución eléctrica, almacenamiento y respaldo, y refrigeración. Además, añade la denominada “AI Waste Contagion”, relacionada con la sustitución acelerada de dispositivos y redes fuera de los centros de datos.

¿Cuántos residuos electrónicos totales podría haber en 2050?

El modelo de BAN sitúa la generación mundial de residuos electrónicos entre 196 y 211 millones de toneladas anuales en 2050, dependiendo del escenario. Entre 31 y 46 millones de toneladas corresponderían al componente atribuido a la IA.

¿La cifra de 60 veces más está confirmada?

No. Se trata de una comparación realizada por BAN entre su propia estimación y una proyección académica anterior centrada en un ámbito más reducido. El informe reconoce varias incertidumbres, especialmente sobre la velocidad de crecimiento de la infraestructura y la sustitución de dispositivos fuera de los centros de datos.

vía: Informe The AI Waste

encuentra artículos

newsletter

Recibe toda la actualidad del sector tech y cloud en tu email de la mano de RevistaCloud.com.

Suscripción boletín

LO ÚLTIMO