La IA cambia la consultoría: del crecimiento al ajuste de plantillas

La decisión de Capgemini de abrir un despido colectivo en España ha puesto el foco sobre un cambio que llevaba meses insinuándose en el sector, pero que ahora empieza a mostrarse de forma más visible: la Inteligencia Artificial ya no solo sirve para vender nuevos proyectos a los clientes, también se está utilizando para justificar reorganizaciones internas en grandes consultoras tecnológicas.

La compañía ha comunicado a la representación laboral su intención de iniciar un ERE en su filial española y ha fijado para el 23 de abril la primera reunión formal del proceso. Por ahora no ha detallado cuántos trabajadores podrían verse afectados. Sí se conoce, en cambio, la dimensión de su presencia en el país: más de 11.000 empleados y actividad en 14 ciudades. El anuncio llega en un momento especialmente sensible, porque no coincide con una crisis empresarial al uso, sino con una etapa en la que el grupo sigue siendo rentable y mantiene un discurso de crecimiento apoyado en la IA.

Una reestructuración con beneficios y con la IA al fondo

Capgemini cerró 2025 con unos ingresos de 22.465 millones de euros, un beneficio neto atribuido de 1.601 millones y un margen operativo del 13,3 %. Son cifras que no encajan con la imagen clásica de una empresa obligada a recortar por una caída abrupta del negocio. Lo que reflejan más bien es otra lógica: la de una multinacional que quiere ajustar costes, rediseñar capacidades y adaptarse a una nueva etapa del mercado.

Ese matiz es importante. La consultoría tecnológica lleva años creciendo de la mano de la transformación digital, el cloud, la ciberseguridad o el desarrollo de software. Pero la llegada de la IA generativa y, más recientemente, de los agentes de IA, ha empezado a alterar el reparto del trabajo. Tareas repetitivas, funciones intermedias y parte del trabajo de documentación, soporte, análisis o programación básica son ahora más automatizables que hace apenas dos años. Eso no implica una sustitución inmediata y total, pero sí cambia la manera en que las grandes firmas calculan su estructura futura.

En el caso de Capgemini, además, el ajuste en España no parece un episodio aislado. En enero de 2026, el grupo anunció en Francia un plan para recortar hasta 2.400 empleos, cerca del 6 % de su plantilla en ese país, en un contexto de menor demanda en sectores como el automóvil. Aquel proceso se articuló con salidas voluntarias y recualificación interna. El movimiento en España se interpreta así mejor como parte de una reorganización más amplia dentro del grupo y no como una anomalía local.

También coincide con un relevo en la cúpula española. Laurent Perea asumió el cargo de consejero delegado de Capgemini en España el 1 de febrero, en sustitución de Luis Abad, con un perfil muy vinculado a la innovación, la transformación tecnológica y los servicios avanzados. Que apenas unas semanas después llegue un ERE sugiere que la nueva etapa en el mercado español no iba solo de crecimiento comercial, sino también de acelerar una reconversión interna.

No es solo Capgemini: la IA ya mueve miles de millones en el sector

El caso gana relevancia porque no se produce en un sector en retirada. Al contrario. Las grandes consultoras llevan meses presentando la IA como uno de sus principales motores de negocio. Accenture, por ejemplo, cerró su ejercicio fiscal 2025 con 69.670 millones de dólares de ingresos y comunicó 5.900 millones de dólares en nuevas contrataciones ligadas a IA generativa durante el año, además de 2.700 millones en ingresos asociados a ese tipo de proyectos. IBM, por su parte, aseguró a comienzos de 2026 que su volumen de negocio vinculado a IA generativa superaba ya los 12.500 millones de dólares.

Ese contraste ayuda a entender por qué la noticia de Capgemini va más allá de una empresa concreta. La cuestión no es si la IA está generando negocio —lo está—, sino qué ocurre al mismo tiempo dentro de las organizaciones que venden esa transformación. Si las consultoras más grandes ganan contratos en IA, pero a la vez reducen plantilla o reordenan perfiles, el mensaje es claro: el crecimiento no se traducirá necesariamente en el mismo tipo de empleo ni en la misma estructura laboral que hasta ahora.

Ahí se abre una tensión de fondo. Durante años, la consultoría tecnológica ha sido uno de los grandes generadores de empleo cualificado, también en España. Miles de ingenieros, analistas, desarrolladores y perfiles funcionales han encontrado en estas firmas una vía de entrada o consolidación profesional. Pero la nueva ola de automatización no llega desde fuera del sector, sino desde su propio núcleo productivo. Es decir, las mismas empresas que venden eficiencia basada en IA a sus clientes empiezan a aplicarla a su propia organización.

Menos tareas repetitivas, más presión sobre el perfil medio

El impacto no será homogéneo. La IA no elimina de un golpe profesiones enteras, pero sí puede reducir la necesidad de ciertos trabajos de menor valor añadido o de capas intermedias que antes resultaban más intensivas en tiempo y personas. En la práctica, eso puede traducirse en menos peso de algunos perfiles de soporte, testing básico, documentación técnica, mantenimiento rutinario o análisis repetitivo, y en más demanda de perfiles capaces de diseñar arquitectura, integrar automatización, gobernar modelos, asegurar calidad, supervisar riesgos y transformar procesos complejos.

Los grandes organismos internacionales llevan tiempo avisando de este movimiento. La Organización Internacional del Trabajo señaló en 2025 que uno de cada cuatro empleos en el mundo está expuesto en algún grado a la IA generativa, aunque su impacto más frecuente será la transformación de tareas y no necesariamente la desaparición inmediata del puesto completo. El Foro Económico Mundial, por su parte, estima que de aquí a 2030 habrá una fuerte destrucción y creación simultánea de empleo, con 92 millones de puestos desplazados y 170 millones nuevos en todo el mundo. La clave, por tanto, no está solo en cuántos empleos se pierden, sino en qué capacidades dejan de valer y cuáles pasan a ser más importantes.

En ese escenario, la consultoría tecnológica funciona casi como un laboratorio adelantado. Si las firmas con más músculo financiero, más clientes globales y más capacidad de inversión ya están ajustando su estructura en nombre de la IA, es probable que el debate se extienda al resto del sector. No solo en España, y no solo entre multinacionales francesas o estadounidenses, sino también entre proveedores de servicios, integradores y compañías que vivían de modelos intensivos en horas hombre.

Por eso el ERE de Capgemini importa incluso antes de conocerse su alcance exacto. Faltan datos decisivos: número de afectados, áreas implicadas, criterios de selección y condiciones finales. Pero el mensaje de fondo ya está sobre la mesa. En 2026, la IA no solo se presenta como la gran promesa de crecimiento para la consultoría. También empieza a ser un argumento directo para adelgazar estructura, defender márgenes y redefinir qué tipo de trabajador será necesario en la siguiente fase del negocio.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos empleados puede afectar el ERE de Capgemini en España?
De momento no se ha comunicado una cifra oficial. La empresa ha anunciado la apertura del proceso y ha fijado para el 23 de abril la primera reunión formal con la representación laboral.

¿Capgemini está en crisis económica?
No en el sentido clásico. El grupo cerró 2025 con 22.465 millones de euros en ingresos, 1.601 millones de beneficio neto atribuido y un margen operativo del 13,3 %. El ajuste encaja más con una estrategia de reorganización y eficiencia que con una situación de pérdidas.

¿La IA está provocando despidos en las consultoras tecnológicas?
La IA no explica por sí sola todos los ajustes, pero sí está influyendo en la reorganización del sector. Automatiza tareas, cambia la demanda de los clientes y empuja a las consultoras a revisar perfiles, costes y capacidades.

¿Qué perfiles pueden ganar peso en la consultoría con la IA?
Los más ligados a automatización, arquitectura, integración de IA, gobierno del dato, supervisión de modelos, ciberseguridad, calidad, rediseño de procesos y servicios de alto valor añadido.

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