Google está levantando una arquitectura submarina poco habitual en el Atlántico. Nuvem y Sol no son dos cables aislados que unen Estados Unidos con Europa, sino dos rutas complementarias que se cruzan en puntos estratégicos y que pueden funcionar como respaldo físico una de la otra. El diseño refuerza una idea cada vez más clara en la infraestructura cloud: la resiliencia ya no se compra solo con capacidad, se diseña desde la fibra.
Nuvem, anunciado en 2023, conectará Myrtle Beach, en Carolina del Sur, con Sines, en Portugal, con ramales hacia Bermudas y São Miguel, en las Azores. Sol, anunciado en 2025, conectará Palm Coast, en Florida, con Santander, también pasando por Bermudas y Azores. Google ha explicado que ambos sistemas se interconectarán por tierra en Estados Unidos e Iberia, además de compartir presencia en Bermudas y Azores. Esa malla convierte a los dos cables en una infraestructura mucho más interesante que una simple duplicación de capacidad.
Dos rutas para evitar depender de un único Atlántico
La documentación pública de Nuvem ante la FCC describe un sistema de 16 pares de fibra, con una capacidad de diseño aproximada de 24 Tbps por par y 384 Tbps en total. El trazado principal tendrá unos 6.900 kilómetros entre Myrtle Beach y Sines, más un segmento de unos 170 kilómetros hacia Bermudas y otro de unos 124 kilómetros hacia Azores. Nuvem será, según la propia solicitud regulatoria, el primer sistema que conecte directamente Estados Unidos con las Azores y Portugal continental, y también el primer cable transatlántico con punto de amarre en Bermudas.
Sol sigue la misma lógica, pero con otra puerta de entrada. En Estados Unidos se apoyará en Palm Coast, Florida, y en España llegará a Santander, con Telxius como socio para los servicios de amarre en la parte española. Google lo presenta como el único cable de fibra óptica en servicio entre Florida y Europa una vez esté operativo, además de una vía para integrar mejor la región cloud de Madrid dentro de su red global.
| Sistema | Ruta principal | Puntos intermedios | Pares de fibra | Capacidad indicada |
|---|---|---|---|---|
| Nuvem | Myrtle Beach, Carolina del Sur – Sines, Portugal | Bermudas y São Miguel, Azores | 16 | 384 Tbps |
| Sol | Palm Coast, Florida – Santander, España | Bermudas y Azores | 16 | Alrededor de 392 Tbps, según información sectorial |
| Función conjunta | Doble ruta transatlántica | Interconexión en EE. UU., Iberia, Bermudas y Azores | 32 en conjunto | Resiliencia y diversidad de ruta |
La referencia a Atlanta y Madrid, habitual en análisis de red, debe leerse como una aproximación a los nodos terrestres o destinos de backbone que pueden quedar conectados a través de estas rutas, no como puntos oficiales de amarre submarino. Los puntos públicos confirmados son Myrtle Beach y Sines para Nuvem, y Palm Coast y Santander para Sol.
El valor está en la diversidad. Buena parte del tráfico transatlántico se ha concentrado históricamente en rutas y estaciones de amarre muy conocidas, como el noreste de Estados Unidos, Virginia Beach, Reino Unido, Francia o Irlanda. Google está reforzando una alternativa por el Atlántico medio y el sur de Europa, con entradas por Carolina del Sur, Florida, Portugal y España. Para una compañía que mueve tráfico de búsqueda, vídeo, cloud, IA, replicación de datos y servicios empresariales, tener caminos físicos distintos reduce exposición ante cortes, congestión o incidencias locales.
Bermudas y Azores dejan de ser solo puntos de paso
La presencia de Bermudas y Azores no es decorativa. En un cable submarino de larga distancia, los puntos intermedios pueden aportar energía, operación, mantenimiento, segmentación técnica y capacidad de gestión del sistema. También hacen que una isla pase de depender de rutas externas a formar parte de la arquitectura de conectividad global.
Bermudas ha entendido muy bien esa oportunidad. Su Gobierno ha celebrado el aterrizaje de Nuvem y Sol como una inversión en infraestructura digital, resiliencia económica y competitividad. La isla ha trabajado en legislación específica para corredores de cables submarinos, permisos y zonas de protección. Google, por su parte, está desarrollando allí una estación de amarre cerca de Annie’s Bay, en St. David’s, con capacidad para alojar varios sistemas.
En Azores ocurre algo parecido. São Miguel se convierte en punto de apoyo para dos rutas transatlánticas privadas de Google. No es solo una cuestión geográfica. Las islas atlánticas pueden ofrecer redundancia, acceso a mantenimiento y una posición útil para dividir rutas largas. En caso de fallo, corte o degradación en un tramo, una arquitectura con varios puntos de entrada y salida ofrece más margen para reencaminar tráfico.
El texto promocional que circula en el sector habla de Nuvem y Sol como “cables siameses”. La metáfora funciona porque comparten órganos críticos de la red: Bermudas, Azores, conexiones terrestres e integración con la infraestructura cloud de Google. Si una ruta sufre un problema, la otra puede actuar como alternativa. Esa no es la redundancia clásica de comprar capacidad a otro operador, sino una redundancia construida dentro del propio backbone del hyperscaler.
La nube también se gana bajo el mar
Nuvem y Sol explican muy bien cómo ha cambiado el papel de los grandes proveedores cloud. Durante años, los hyperscalers fueron grandes compradores de capacidad en cables operados por consorcios o carriers. Ahora financian, diseñan y controlan cables privados, estaciones de amarre y rutas terrestres. Eso les permite ajustar mejor latencia, coste por bit, seguridad operativa y disponibilidad.
Para Google Cloud, el movimiento encaja con la demanda de IA y servicios distribuidos. Los modelos de inteligencia artificial, las plataformas de datos y las aplicaciones empresariales necesitan mover volúmenes enormes entre regiones. La latencia importa, pero también la estabilidad. Un sistema de cable no se valora solo por su capacidad máxima, sino por su comportamiento cuando algo falla.
También hay una dimensión regulatoria. La FCC identifica a Starfish Infrastructure como filial indirecta de Google para Nuvem, con distintas sociedades del grupo controlando los tramos en territorio estadounidense, aguas internacionales, Bermudas y Portugal. Esa estructura refleja lo complejo que se ha vuelto desplegar infraestructura submarina: cada jurisdicción exige permisos, seguridad, propietarios definidos y responsabilidades claras.
El calendario aún debe tratarse con prudencia. Google señaló en su anuncio inicial que Nuvem estaría listo para servicio en 2026. Algunas fuentes sectoriales mantienen esa previsión para Nuvem, mientras que para Sol se ha publicado una entrada en servicio prevista en 2027. Otras voces del mercado apuntan a que ambos sistemas podrían no estar plenamente listos hasta 2028, por las obras terrestres, estaciones de amarre y rutas de backhaul pendientes. Sin confirmación pública de Google sobre ese retraso conjunto, lo razonable es distinguir entre la fecha oficial de proyecto y la fecha realista de plena disponibilidad comercial.
Para España y Portugal, el interés es evidente. Santander y Sines ganan peso como puntos de entrada de tráfico transatlántico, mientras Madrid y otros nodos ibéricos pueden quedar mejor integrados en redes cloud globales. La península ibérica lleva años intentando presentarse como puente digital entre América, Europa y África. Con Nuvem y Sol, esa ambición recibe dos rutas privadas de uno de los mayores operadores de infraestructura digital del mundo.
Preguntas frecuentes
¿Qué son Nuvem y Sol?
Son dos cables submarinos transatlánticos de Google. Nuvem conecta Estados Unidos con Portugal y Sol conecta Estados Unidos con España, ambos con paso por Bermudas y Azores.
¿Por qué se dice que son cables gemelos?
Porque comparten puntos intermedios y estarán interconectados por rutas terrestres en Estados Unidos e Iberia. Esa arquitectura permite que una ruta sirva de respaldo a la otra.
¿Cuánta capacidad tendrá Nuvem?
La documentación regulatoria de Nuvem habla de 16 pares de fibra y una capacidad total de diseño de unos 384 Tbps.
¿Qué gana España con Sol?
Santander se convierte en punto de entrada de un nuevo cable transatlántico y la región cloud de Madrid queda mejor conectada con la red global de Google.
vía: LinkedIN