La “nube soberana” ha dejado de ser un concepto reservado a juristas y responsables de cumplimiento para convertirse en una partida estratégica del presupuesto tecnológico. Gartner estima que el gasto mundial en infraestructura como servicio (IaaS) de nube soberana alcanzará los 80.000 millones de dólares en 2026, un salto que la consultora asocia a un crecimiento anual del 35,6% impulsado por gobiernos, defensa y sectores altamente regulados.
El mensaje de fondo es que la soberanía ya no se interpreta solo como una casilla de “cumplo/no cumplo”, sino como una forma de blindar operaciones ante tensiones geopolíticas, controles de exportación y riesgos de dependencia tecnológica. Gartner, de hecho, sitúa este fenómeno dentro de la “geopatriación”: el movimiento por el que organizaciones reubican cargas de trabajo y datos en función del contexto político y regulatorio.
Geopatriación: el motor que puede mover un 20% de las cargas a proveedores locales
La previsión más llamativa es la del propio impacto operativo: Gartner espera que los proyectos de geopatriación desplacen el 20% de las cargas de trabajo actuales desde proveedores globales hacia proveedores locales, un giro con consecuencias directas en arquitectura, contratación, soporte y estrategia de salida.
En paralelo, el crecimiento no parece repartido de forma homogénea. La tabla regional que acompaña la previsión dibuja un mapa donde China concentra el grueso del gasto, pero Europa acelera con fuerza y, según las cifras proyectadas, superaría a Norteamérica en 2027.
A continuación, la estimación por regiones (en millones de dólares):
| Región | 2025 | 2026 | 2027 |
|---|---|---|---|
| China | 37.539 | 47.379 | 58.544 |
| Norteamérica | 12.667 | 16.394 | 21.127 |
| Europa | 6.868 | 12.587 | 23.118 |
| Asia/Pacífico maduro | 851 | 1.593 | 3.155 |
| Japón | 519 | 932 | 1.816 |
| Asia/Pacífico emergente | 430 | 755 | 1.326 |
| Latinoamérica | 278 | 506 | 946 |
| Oriente Medio y Norte de África | 132 | 250 | 515 |
| África subsahariana | 16 | 31 | 61 |
| Total | 59.300 | 80.427 | 110.609 |
El dato europeo es el que más alimenta el debate: pasar de 6.868 en 2025 a 23.118 en 2027 implica que la región no solo está “acompañando” la tendencia, sino compitiendo por liderarla. En ese contexto, Gartner insiste en que tratar la soberanía digital únicamente como un asunto de seguridad, regulación o cumplimiento “no es suficiente”: el factor económico y de resiliencia empieza a pesar tanto como el jurídico.
España entra en la conversación: reunión con el CEO de Oracle y foco en IA y sector público
En este clima, España ha sumado un episodio significativo: el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, se reunió en Madrid con Mike Sicilia, CEO de Oracle, para analizar la estrategia europea de la compañía en cloud e inteligencia artificial e identificar posibles áreas de colaboración con el sector público.
Según la nota oficial, el encuentro se enmarca en la expansión de la Oracle EU Sovereign Cloud, una propuesta que ofrece servicios equivalentes a Oracle Cloud Infrastructure (OCI) pero diseñada para cumplir requisitos europeos de soberanía y normativa. La conversación, además, se apoyó en un punto operativo concreto: la base de datos de Oracle es el gestor más implantado en la Administración General del Estado y se aloja como servicio en NubeSARA, gestionada por la Agencia Estatal de Administración Digital (AEAD), que presta infraestructura TIC a más de 50 organismos sin centros de datos propios.
La nota también subraya que Oracle ha anunciado inversiones “de hasta 1.000 millones de dólares” en España y afirma que España sería el único país de la UE con hasta tres regiones cloud, una de ellas vinculada a su propuesta de nube soberana instalada en Madrid desde 2023. A esto se suma el componente industrial: Oracle recalca cuatro décadas en el país, más de 2.000 empleados y presencia en varias ciudades.
El debate incómodo: ¿soberanía “en Europa” o soberanía “de Europa”?
Con las cifras sobre la mesa, el choque ya no es si la nube soberana crecerá, sino qué se entiende por soberana. Y ahí aparece una fractura que el sector tecnológico europeo lleva tiempo señalando: una cosa es que los datos residan en territorio europeo y otra que la propiedad, el control corporativo y el perímetro legal del proveedor sean europeos.
En otras palabras: para una parte del ecosistema, soberanía no equivale a “región local de un proveedor estadounidense”, aunque esa región cumpla requisitos de residencia de datos y auditoría. Esta posición cobra más peso cuando el objetivo declarado es reducir dependencia estructural frente a los hiperescalares tradicionales.
En España, este enfoque suele traducirse a una propuesta más “doméstica”: priorizar proveedores españoles en servicios y capas donde sea viable —telecomunicaciones, alojamiento, cloud privada, servicios gestionados— y articularlos con requisitos de seguridad y certificaciones. En ese grupo suelen citarse actores como Telefónica, Grupo Aire (al que pertenece Stackscale) o Dinahosting, entre otros, como ejemplos de tejido local capaz de operar infraestructuras y servicios con gobernanza nacional.
El matiz importa porque condiciona decisiones muy concretas: quién gestiona las claves, dónde vive el control plane, qué jurisdicción puede exigir datos, cómo se resuelven disputas, y qué ocurre si cambian las reglas del juego por sanciones o fricciones diplomáticas. Para los responsables técnicos, esto se convierte en listas de verificación: cifrado con control del cliente, segregación de identidades, registros de auditoría, cadenas de suministro, soporte “en país” y planes realistas de portabilidad.
El otro frente: software libre, competitividad y el temor al “bloqueo” tecnológico
La discusión no se limita a la infraestructura. En Europa conviven dos impulsos: promover software libre como palanca de independencia y, a la vez, no perder acceso a tecnología puntera. Google, por ejemplo, ha pedido a la UE un enfoque más flexible de “soberanía abierta” y ha advertido del riesgo de limitarse en exceso si el objetivo es mantener competitividad en tecnologías de vanguardia.
Esta tensión es, en parte, la misma que reflejan las proyecciones de Gartner: la soberanía se está convirtiendo en una estrategia económica, no solo normativa. Y cuando entra la economía, entran también las dependencias reales del mercado: chips, capacidad de centros de datos, plataformas de IA, redes, talento y, sobre todo, escalabilidad.
Un mercado que se acelera… y una definición que todavía se disputa
La nube soberana se encamina a ser una de las grandes batallas de la década: por inversión, por control y por narrativa. Los números de Gartner apuntan a un mercado que supera los 110.000 millones de dólares en 2027 y a una Europa que pisa el acelerador. España, mientras tanto, explora alianzas con grandes proveedores como Oracle para modernizar y escalar capacidades de cloud e IA en el sector público.
La pregunta que queda en el aire —y que determinará ganadores y perdedores— es si la soberanía europea se construirá principalmente como un “modelo de cumplimiento” sobre infraestructuras globales, o como un ecosistema propio con más peso de proveedores locales. El dinero ya está entrando. Falta ver quién define las reglas.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre “nube soberana” y una región cloud normal en Europa?
La nube soberana suele añadir requisitos de gobernanza (operación, soporte, control de acceso, auditoría, residencia de datos y, en algunos casos, límites de jurisdicción) más estrictos que los de una región estándar.
¿Qué significa “geopatriación” en proyectos cloud y cómo afecta a una migración?
Es la reubicación de cargas por motivos geopolíticos o regulatorios. En la práctica puede forzar rediseños: segmentación de datos, cambios de proveedor, nuevas políticas de identidad, cifrado y cumplimiento, y planes de salida más exigentes.
¿Qué deberían exigir los equipos de sistemas para que un despliegue sea realmente soberano?
Controles típicos: gestión de claves por el cliente, registros de auditoría completos, aislamiento de identidades, contratos de soporte con garantías locales, transparencia de subprocesadores y un plan de portabilidad probado (no solo teórico).
¿Puede el software libre ser una base sólida para soberanía digital sin perder competitividad?
Puede ayudar a reducir dependencia y mejorar transparencia, pero el reto es equilibrarlo con acceso a innovación, soporte y escalabilidad. En la práctica, muchas estrategias acaban siendo híbridas.