El caso del espía German A. evidencia la creciente tensión entre seguridad industrial y geopolítica en la carrera global por los semiconductores
En una trama digna de un thriller de espionaje, un ingeniero ruso ha sido detenido en los Países Bajos acusado de robar secretos industriales de algunas de las compañías tecnológicas más avanzadas del mundo: ASML, NXP, GlobalFoundries y TSMC. Su objetivo, según los fiscales, era proporcionar a Rusia la información necesaria para acelerar la construcción de fábricas capaces de producir chips de 28 nanómetros, una tecnología clave en el contexto militar y estratégico actual.
El acusado, identificado como German A., trabajó durante años en empresas de alta tecnología de los Países Bajos y Alemania. Su carrera, discreta y sin grandes logros visibles, pasó desapercibida para sus colegas, quienes lo describen como un «einzelgänger» —un solitario— con habilidades comunicativas limitadas. No obstante, su paso por instituciones como IMEC, Mapper, ASML y NXP le permitió acceder a documentación técnica sensible que terminó en manos del servicio de inteligencia ruso, la SVR.
Documentos confidenciales y pagos rusos
Según la fiscalía neerlandesa y medios como NRC y Tom’s Hardware, German A. llegó a recopilar un total de 193 documentos confidenciales: 105 de ASML y 88 vinculados a TSMC. Aunque no eran planos completos de maquinaria, contenían información detallada sobre procesos de producción, guías técnicas y esquemas de funcionamiento que habrían sido clave para levantar una fábrica rusa de chips.
Todo indica que A. compartió estos documentos con la inteligencia rusa a través de la nube y mensajería cifrada, además de entregar un USB físicamente en Moscú, por el que recibió un pago de unos 40.000 euros. El espionaje habría comenzado incluso antes de la invasión a Ucrania en 2022, según la acusación.
Un objetivo claro: fabricar chips a 28 nm
La documentación obtenida serviría para avanzar en la capacidad de Rusia de producir chips a 28 nanómetros, una tecnología considerada madura pero aún esencial, especialmente en aplicaciones militares como misiles, drones o sistemas de comunicación. Ante las sanciones impuestas por Occidente, Moscú ha buscado desesperadamente alternativas para sortear la dependencia tecnológica de Estados Unidos y Europa.
El caso cobra relevancia al coincidir con los ambiciosos planes del Kremlin de contar con fábricas propias de semiconductores en funcionamiento antes de 2030. De confirmarse, la información robada habría ahorrado a Rusia años de investigación y miles de millones en desarrollo industrial.

Fallos de seguridad y consecuencias legales
A pesar del acceso limitado a los sistemas internos de empresas como ASML, los registros revelan que German A. descargó documentación fuera de su ámbito de trabajo en diciembre de 2020 sin activar ninguna alerta inmediata. Este hecho ha reavivado el debate sobre la necesidad de reforzar los sistemas de ciberseguridad interna incluso frente a amenazas desde dentro.
El ingeniero fue arrestado en agosto de 2024 tras una alerta emitida por el servicio de inteligencia neerlandés (AIVD). Las empresas afectadas —ASML, NXP y GlobalFoundries— ya han presentado cargos, mientras que TSMC, aunque implicada, ha evitado hacer comentarios públicos.
El juicio comenzó este mes en Rotterdam. A pesar de la gravedad de los hechos, la legislación neerlandesa contempla penas de entre 18 y 32 meses de prisión por delitos de espionaje económico, una condena que muchos analistas consideran insuficiente dado el impacto potencial de sus acciones.
Precedentes y vulnerabilidades
No es la primera vez que empresas como ASML o NXP son blanco de operaciones de espionaje. En 2022, un antiguo empleado de ASML con vínculos con China robó información crítica, y en 2023, se descubrió que una red de ciberespionaje china había permanecido durante años dentro de la red interna de NXP.
En respuesta, ambas compañías han reforzado su infraestructura de ciberseguridad, estableciendo compartimentaciones digitales estrictas entre departamentos y sistemas de monitorización continua de actividades inusuales. No obstante, este nuevo incidente demuestra que el riesgo persiste, especialmente cuando se trata de infiltraciones humanas cuidadosamente planificadas.
Una advertencia para Europa
El caso German A. es un recordatorio contundente de los riesgos a los que se enfrenta Europa en su estrategia de reindustrialización tecnológica y autonomía digital. Con la guerra de Ucrania aún en curso y las tensiones globales en aumento, la protección de la propiedad intelectual y la seguridad de los activos industriales se han convertido en un asunto de Estado.
La industria de los semiconductores, que representa el corazón de la revolución digital, se ha vuelto un campo de batalla estratégico en el que los espías no solo buscan secretos militares, sino también el know-how que determina quién liderará la próxima década tecnológica.
Vía: NRC