La industria solar china se enfrenta a una paradoja difícil de sostener: domina ampliamente la fabricación mundial de componentes fotovoltaicos, pero buena parte de sus productores lleva años atrapada en una guerra de precios que ha destruido los márgenes. El polisilicio, materia prima fundamental para fabricar las obleas de silicio utilizadas en la mayoría de paneles solares, se encuentra en el centro del problema.
Los fabricantes están intentando establecer de facto un suelo de precios vinculado a los costes de producción, al mismo tiempo que reducen utilización y producción para frenar el exceso de oferta. No se trata simplemente de conseguir que los paneles solares sean más caros: el objetivo es evitar que una capacidad industrial gigantesca continúe vendiendo persistentemente por debajo de costes.
Los datos disponibles durante 2026 muestran hasta qué punto se ha deteriorado el mercado. En abril, OPIS situaba su referencia China Mono Premium en apenas 34,071 yuanes por kilogramo, unos 4,99 dólares, mientras fuentes del sector calculaban que alrededor de 31-32 yuanes/kg apenas permitían cubrir materias primas y electricidad para algunos grandes fabricantes.
Las claves en 30 segundos
- China controla al menos el 80% de la producción mundial en las principales etapas de la cadena solar, según la OCDE.
- El exceso de capacidad ha desencadenado una prolongada guerra de precios.
- El polisilicio llegó durante 2026 a niveles próximos al coste de caja de algunos fabricantes.
- En julio, el polisilicio n-type recharge cotizaba de media en 32.700 yuanes por tonelada.
- Los fabricantes han reducido producción y realizado paradas de mantenimiento.
- Pekín lleva tiempo intentando combatir la denominada «involution»: competencia destructiva basada en sobrecapacidad y precios cada vez menores.
- El problema afecta a toda la cadena: polisilicio, obleas, células y módulos.
- El resultado podría ser una consolidación de la industria y la retirada de capacidad menos eficiente.
- Mientras China intenta estabilizar su mercado interno, Estados Unidos ha establecido sus propios precios mínimos y aranceles para proteger la producción nacional.
¿Qué es el polisilicio y por qué resulta tan importante?
La inmensa mayoría de los paneles fotovoltaicos actuales utiliza células fabricadas a partir de silicio cristalino.
El proceso comienza con silicio de elevada pureza. El polisilicio se transforma posteriormente en lingotes, que se cortan en obleas extremadamente finas. Estas obleas pasan después por diferentes procesos hasta convertirse en células solares y, finalmente, en módulos fotovoltaicos.
Simplificando, la cadena industrial es:
polisilicio → lingotes → obleas → células → módulos solares
China ha conseguido una posición extraordinariamente dominante en prácticamente todos estos eslabones.
Un informe publicado por la OCDE en enero de 2026 estima que los fabricantes chinos alcanzaron una cuota conjunta mundial de al menos el 80% en polisilicio, obleas, células y módulos.
La misma ventaja que permitió abaratar drásticamente la energía solar ha terminado generando uno de los mayores problemas de la industria: demasiada capacidad intentando vender en el mismo mercado.
El problema de China no es fabricar poco, sino fabricar demasiado
Durante años, empresas chinas realizaron enormes inversiones para aumentar su capacidad.
La demanda mundial crecía rápidamente, los gobiernos apoyaban la transición energética y ganar escala permitía reducir continuamente los costes.
Pero la expansión terminó superando ampliamente el crecimiento del mercado.
Cuando numerosas fábricas necesitan mantener sus líneas funcionando para absorber enormes costes fijos, reducir precios puede parecer racional individualmente.
Si todos los fabricantes hacen lo mismo, aparece una espiral.
Los precios bajan.
Los márgenes desaparecen.
Las empresas siguen produciendo para generar liquidez.
El exceso de oferta aumenta.
Y los precios vuelven a bajar.
En China este fenómeno se ha convertido en uno de los ejemplos más representativos de lo que Pekín denomina «involution», una competencia interna excesiva que termina perjudicando a prácticamente todos los participantes.
La OCDE considera que la escala de las ayudas recibidas por el sector solar chino contribuyó a mantener inversiones en capacidad independientemente de las condiciones del mercado, favoreciendo la concentración de la fabricación mundial en China y generando posteriormente graves dificultades económicas para sus productores.
El polisilicio se acerca al límite económico
Durante el primer trimestre de 2026, los precios volvieron a deteriorarse.
OPIS situaba el 17 de marzo el China Mono Premium en 44,583 yuanes/kg, un descenso del 16,4% respecto al comienzo de enero. La presión procedía de unos inventarios elevados, una demanda downstream débil y la incertidumbre sobre las medidas que podía adoptar el Gobierno para estabilizar el mercado.
Un mes después la situación era todavía peor.
El 14 de abril, el mismo indicador había descendido hasta 34,071 yuanes/kg, aproximadamente 4,99 dólares.
Fuentes del mercado consultadas por OPIS señalaban entonces que algunos grandes productores solamente podían cubrir materias primas y electricidad cuando los precios rondaban 31-32 yuanes/kg.
Es importante entender qué significa esto.
Cubrir el coste de caja no equivale necesariamente a ser rentable.
Una fábrica también necesita recuperar las inversiones realizadas en instalaciones y maquinaria, pagar financiación, personal y otros gastos operativos.
Por tanto, vender cerca del coste de materias primas y electricidad puede permitir mantener temporalmente una planta funcionando, pero difícilmente constituye un modelo sostenible a largo plazo.
En julio los precios seguían alrededor de 32 yuanes/kg
El mercado tampoco había conseguido una recuperación significativa durante el verano.
Según datos publicados el 8 de julio por la Silicon Industry Branch de la China Nonferrous Metals Industry Association, el polisilicio n-type recharge cotizaba entre 31.000 y 34.000 yuanes por tonelada, con una media de 32.700 yuanes.
El silicio granular n-type se situaba en aproximadamente 32.000 yuanes por tonelada.
Los nueve fabricantes incluidos en esas estadísticas representaban el 83,1% de la producción doméstica china de polisilicio durante el segundo trimestre de 2026, lo que proporciona una buena referencia de la situación del mercado.
La caída se había ralentizado, pero fundamentalmente porque el mercado estaba acercándose a niveles donde seguir reduciendo precios resultaba cada vez más difícil.
Los fabricantes empiezan a defender el coste de producción
Esta situación explica el creciente interés por establecer un suelo económico.
Durante la primavera ya aparecieron señales de productores que se resistían a aceptar operaciones por debajo del coste de caja.
Al mismo tiempo, las empresas comenzaron a realizar mantenimientos y reducir las tasas de utilización.
En abril, la Silicon Industry Branch esperaba que la producción china de polisilicio disminuyera alrededor de un 8% mensual.
Algunas plantas habían llegado a operar únicamente una línea y con tasas de utilización del 50% al 70%, dejando cada vez menos margen para realizar reducciones adicionales sin detener capacidad.
El objetivo económico es sencillo: si la demanda no puede absorber toda la producción, debe reducirse la oferta.
Una industria dominante mundialmente, pero con problemas de rentabilidad
La crisis demuestra que cuota de mercado y rentabilidad son conceptos muy diferentes.
China ha construido probablemente la cadena de fabricación solar más potente del mundo.
La enorme escala industrial, integración de proveedores, innovación tecnológica y reducción continua de costes han contribuido decisivamente a que la energía fotovoltaica sea una de las formas más competitivas de nueva generación eléctrica.
Pero producir más barato que prácticamente cualquier competidor internacional no garantiza beneficios cuando los propios fabricantes chinos compiten entre sí por debajo de sus costes.
La OCDE señala que durante 2024 las fuertes caídas de precios llegaron a provocar que algunas empresas vendieran módulos por debajo del punto de equilibrio, deteriorando ingresos, rentabilidad y empleo.
La situación de sobrecapacidad tampoco había desaparecido en 2026. South China Morning Post informaba en mayo de que la campaña de Pekín contra la sobreproducción llevaba cerca de dos años sin haber solucionado completamente el problema, con compañías de diferentes segmentos de la cadena todavía trabajando con pérdidas.
El objetivo de Pekín: acabar con la «involution»
El problema ha alcanzado suficiente magnitud para convertirse en una cuestión de política industrial.
China no necesita necesariamente fabricar más paneles solares. Necesita que su gigantesca industria pueda hacerlo de forma económicamente sostenible.
Esto implica limitar nuevas expansiones poco racionales, retirar instalaciones antiguas o ineficientes, fomentar consolidaciones y evitar una competencia exclusivamente basada en reducir precios.
Un suelo basado en costes encaja dentro de esa estrategia.
La dificultad está en hacerlo funcionar.
Las compañías tienen estructuras de costes diferentes. Una fábrica moderna, altamente automatizada y ubicada en una región con electricidad barata puede producir polisilicio considerablemente más barato que instalaciones antiguas.
Establecer un precio mínimo demasiado alto protegería a fabricantes ineficientes.
Uno demasiado bajo no resolvería el problema.
Los precios extremadamente bajos también afectan a la innovación
Existe otra consecuencia menos evidente.
La presión competitiva ha permitido reducir enormemente el precio de los paneles solares, algo positivo para desarrolladores y consumidores.
Pero una industria permanentemente deficitaria puede terminar reduciendo inversión.
Las nuevas generaciones de células solares, obleas más eficientes, procesos metalúrgicos, tecnologías TOPCon, HJT o back-contact requieren inversiones importantes en I+D y líneas de fabricación.
Si prácticamente todo el capital se utiliza para sobrevivir a una guerra de precios, mantener ese ritmo tecnológico resulta más complicado.
Por ello, Pekín necesita encontrar un equilibrio entre conservar las ventajas de una competencia feroz y evitar que esa misma competencia destruya financieramente a sus campeones industriales.
Estados Unidos está haciendo exactamente lo contrario por otra razón
La situación resulta todavía más llamativa al compararla con Estados Unidos.
Mientras China intenta evitar que sus productores nacionales vendan demasiado barato entre ellos, Washington está intentando impedir que esos precios lleguen a destruir su propia capacidad industrial.
La Administración estadounidense anunció en agosto nuevas medidas sobre las importaciones relacionadas con el polisilicio, incluyendo un arancel del 15% y precios mínimos para determinados productos. Reuters informó de que las medidas forman parte de una estrategia para proteger las cadenas nacionales de semiconductores y energía solar frente al dominio chino.
Entre los niveles publicados figura un precio mínimo de 21 dólares/kg para polisilicio importado, muy por encima de los aproximadamente 5 dólares/kg observados meses antes en el mercado doméstico chino. Para lingotes y obleas se ha establecido una referencia de 100 dólares/kg, junto con mínimos específicos para células y módulos.
La diferencia muestra hasta qué punto el mercado solar mundial se está fragmentando.
De la guerra de precios a la consolidación
La consecuencia lógica del exceso de capacidad debería ser una reestructuración.
Los productores con costes elevados tienen cada vez más dificultades para competir.
Las empresas financieramente más fuertes pueden resistir durante más tiempo.
Algunas instalaciones terminarán cerrando, otras reducirán producción y también pueden producirse fusiones o adquisiciones.
El resultado final podría ser una industria china con menos capacidad marginal y una mayor disciplina en precios.
Sin embargo, el proceso puede tardar años debido al carácter estratégico del sector, la importancia de las fábricas para las economías regionales y el interés de gobiernos locales por evitar cierres y pérdidas de empleo.
El panel solar barato tiene una cara menos visible
Para el consumidor internacional, la guerra industrial china ha tenido una consecuencia extraordinariamente beneficiosa: paneles solares extremadamente baratos.
Pero esos precios no siempre reflejan una cadena industrial financieramente saludable.
Cuando el polisilicio se vende alrededor del coste de materias primas y electricidad y fabricantes de diferentes segmentos acumulan pérdidas, parte de ese ahorro está siendo financiado indirectamente por los balances de las propias compañías.
China intenta ahora corregir ese desequilibrio sin perder la posición dominante que ha construido durante las últimas dos décadas.
Y ese cambio puede tener consecuencias globales.
Si la reducción de producción y la disciplina de precios funcionan, el polisilicio podría abandonar definitivamente sus mínimos y trasladar parte de la subida hacia obleas, células y módulos.
Después de años en los que el gran problema de la industria solar era fabricar suficiente capacidad para satisfacer la transición energética, China se enfrenta ahora al problema contrario: ha aprendido a fabricar tanto y tan barato que necesita encontrar una forma de evitar que sus propios fabricantes se destruyan entre ellos.