La tentación de muchos clientes de VMware sigue siendo pensar que, tarde o temprano, todo volverá a una cierta normalidad. Que el ruido bajará, que los cambios de licenciamiento se estabilizarán y que el mercado acabará adaptándose sin demasiados sobresaltos. Pero cada vez hay más señales de que esa lectura se queda corta. Lo que está haciendo Broadcom con VMware no parece un periodo transitorio de desorden, sino una estrategia bastante definida para quedarse con la parte más rentable del negocio y dejar de dedicar recursos a segmentos que ya no considera prioritarios.
Broadcom cerró la compra de VMware por 69.000 millones de dólares en noviembre de 2023, una de las mayores operaciones tecnológicas de los últimos años. Desde entonces, el grupo ha dejado claro que su foco está en VMware Cloud Foundation como pilar de nube privada e híbrida, en la transición del modelo de licencias perpetuas a suscripción y en una relación mucho más selectiva con clientes y partners. En paralelo, su propia documentación corporativa insiste en que sus clientes de software son, por regla general, grandes empresas con entornos complejos y multinube, no el mercado masivo.
Ese detalle importa porque ayuda a entender por qué tantas empresas medianas se sienten hoy fuera de la foto. El problema no es solo el incremento de costes o la simplificación del catálogo. El problema es que Broadcom parece haber redefinido quién merece atención estratégica y quién no.
Menos productos, menos partners y más concentración
La compañía defendió ya en diciembre de 2023 una simplificación radical de la oferta de VMware, con el fin de centrar el negocio en menos paquetes, todos ellos bajo suscripción. Broadcom eliminó gran parte del antiguo mosaico de productos y empujó a los clientes hacia bundles como VMware Cloud Foundation y vSphere Foundation, una decisión que, sobre el papel, buscaba reducir complejidad, pero que en la práctica elevó la presión económica sobre muchos entornos que no necesitaban un paquete tan amplio.
La concentración también ha llegado al canal. Broadcom anunció en enero de 2025 que reforzaría su compromiso con un grupo selecto de partners “value-based”, es decir, socios más alineados con su visión y con capacidad para invertir en especialización, servicios y éxito de cliente. En 2026, además, la compañía redujo aún más la base de partners autorizados en determinadas geografías y programas, hasta el punto de provocar una denuncia formal de CISPE ante la Comisión Europea por el impacto de esos cambios en proveedores cloud europeos.
No es extraño, por tanto, que el mid-market —empresas con unos cientos o pocos miles de máquinas virtuales— empiece a interpretar estos movimientos no como ajustes operativos, sino como una criba deliberada. Forrester anticipó ya en 2023 que un 20 % de los clientes empresariales de VMware empezaría a abandonar la plataforma en 2024, precisamente por el temor a subidas de precio, peor soporte y suscripciones forzadas a bundles sobredimensionados. En 2024 y 2025, la firma mantuvo ese diagnóstico: la disrupción derivada de la compra estaba empujando a una parte relevante del mercado a explorar alternativas.
El mensaje de Broadcom es claro: menos clientes, pero más grandes
Broadcom no está ocultando del todo esa lógica. Hock Tan, consejero delegado del grupo, afirmó en 2025 que más del 87 % de sus 10.000 mayores clientes ya había adoptado VMware Cloud Foundation. La frase dice mucho más de lo que parece: el KPI que la compañía subraya no es la retención total del ecosistema VMware, sino la penetración dentro de sus 10.000 cuentas más grandes. Ahí está la clave. La prioridad no parece ser servir mejor al mercado completo, sino maximizar ingreso y recurrencia en el segmento que más factura.
Visto así, la situación actual no se parece tanto a un caos como a una reorganización dura pero coherente con la historia reciente de Broadcom. Reuters recuerda que el grupo ya había construido su expansión en software con compras como CA Technologies por 18.900 millones de dólares y el negocio empresarial de Symantec por 10.700 millones, integrando activos maduros y orientándolos a una lógica de generación de caja y clientes grandes. VMware encaja bien en esa secuencia.
Para muchas empresas medianas, la consecuencia es evidente: la migración ya no se plantea solo como una decisión técnica o filosófica, sino como una urgencia financiera. Renovar no siempre significa continuidad; a veces significa aceptar un marco de costes, paquetes y dependencia que deja de encajar con la escala real del proyecto.
Proxmox, nube privada y una salida que ya no suena marginal
Es en ese punto donde han ganado peso propuestas como Proxmox VE y los modelos de cloud privado de uso exclusivo. Stackscale (Grupo Aire), empresa europea de infraestructura cloud privado y bare-metal, mantiene desde 2025 un servicio específico para migrar de VMware a Proxmox, con evaluación previa, piloto, conversión de máquinas y despliegue sobre infraestructura dedicada en Europa. La compañía también comercializa nube privada con Proxmox o VMware, y plantea la salida de VMware no solo como un cambio de hipervisor, sino como una oportunidad para rediseñar red, almacenamiento, backup y continuidad sobre una arquitectura más predecible y menos dependiente del vendor lock-in.
David Carrero, cofundador de Stackscale, lo resume así: “Esperar a que VMware se normalice es no haber entendido la jugada. Broadcom no está corrigiendo una transición; está filtrando qué clientes quiere y cuáles no. Y eso obliga a muchas empresas a tomar una decisión ya, no dentro de dos renovaciones.”
Carrero sostiene además que la conversación ha cambiado de tono en muy poco tiempo: “Antes muchas compañías evaluaban una migración por flexibilidad o por filosofía tecnológica. Ahora la evalúan por presupuesto, por riesgo de renovación y por control operativo. Es una conversación mucho más ejecutiva que técnica.”
Según el directivo, Stackscale ya está ayudando a cientos de empresas en esa transición, no solo para pasar de VMware a Proxmox, sino para aprovechar el cambio y mover cargas on-premise hacia una infraestructura cloud privado de uso exclusivo, especialmente en proyectos donde pesan la continuidad, la previsibilidad de costes y la soberanía del dato.
La conclusión es incómoda para quien aún espera un retorno al VMware de hace unos años. No parece que Broadcom quiera reconstruir aquella relación amplia con el mercado. Todo indica más bien que está diseñando una VMware más rentable, más empaquetada, más alineada con grandes cuentas y menos interesada en el segmento intermedio. Para unos clientes, eso puede ser asumible. Para muchos otros, la ventana para diseñar una estrategia de salida ya está abierta.