Aragón lleva tiempo consolidándose como uno de los polos más codiciados por los proveedores hiperescalares de nube. La combinación de suelo disponible, conectividad, un ecosistema industrial en crecimiento y, sobre todo, acceso a energía a gran escala ha convertido a la comunidad en un imán para infraestructuras críticas. En ese contexto, Amazon Web Services (AWS) ha ido reforzando su presencia con un plan de inversión multimillonario y la promesa de seguir ampliando capacidad para responder a la demanda europea de servicios cloud y de Inteligencia Artificial.
La novedad ahora es geográfica… y simbólica: La Puebla de Híjar (Teruel) aparece como el próximo gran emplazamiento dentro de esa expansión. Según la información adelantada por medios españoles, la compañía trabaja con una opción de compra sobre unas 70 hectáreas junto a la N-232, en el entorno del polígono Venta del Barro, y contaría con 100 MW de potencia eléctrica garantizada, con la previsión de iniciar obras en otoño de 2027. La instalación se plantea, además, como un complejo orientado a cargas de trabajo intensivas —las que suelen asociarse a la nueva ola de IA generativa y análisis masivo de datos— y sería el primer centro de datos de AWS en la provincia de Teruel.
Por qué Teruel importa (más de lo que parece)
La elección de Teruel no se entiende solo como una “descentralización” de la inversión. Tiene un mensaje de fondo: el mapa de los centros de datos ya no se dibuja únicamente alrededor de las grandes capitales, sino alrededor de tres factores muy concretos: energía, suelo y capacidad de crecimiento.
En los últimos años, la presión sobre la red eléctrica —y sobre los permisos de conexión— se ha convertido en uno de los grandes cuellos de botella para levantar nuevos campus digitales. No es casual que, mientras algunos proyectos en entornos más saturados avanzan con fricción, ganen atractivo municipios capaces de ofrecer un encaje técnico más directo. En el caso de La Puebla de Híjar, el atractivo reportado pasa por la disponibilidad de grandes parcelas continuas y una ubicación con buena accesibilidad logística, algo clave cuando un centro de datos se concibe como obra industrial de gran escala.
100 MW: lo que significa en la práctica
Cuando se habla de 100 MW no se está describiendo un edificio “más grande” sin más: se está hablando de capacidad de potencia para operar 24×7 equipamiento informático, redes y refrigeración. En términos sencillos, ese número marca el techo (o un gran tramo del techo) de lo que el centro podrá “encender” de manera sostenida.
En un momento en el que el mercado se mueve hacia racks más densos, con aceleradores para IA y consumos por armario muy superiores a los de la informática tradicional, la potencia disponible se ha convertido en el auténtico “metro cuadrado” del sector. El suelo cuenta, pero la energía manda.
Aragón como “región cloud”: la foto completa
La operación encaja con una tendencia ya visible: AWS lleva años apostando por Aragón como enclave estratégico. En 2024, Reuters informó del plan de AWS de invertir 15.700 millones de euros en centros de datos en la región hasta 2033, un salto enorme frente a planes anteriores y un movimiento que el propio Gobierno autonómico defendió como una de las grandes palancas de atracción tecnológica del sur de Europa.
Y el relato no se construye solo con anuncios: medios como El País han descrito cómo, desde 2022, AWS ha ido desplegando infraestructura en Aragón y vinculando su presencia a iniciativas de formación y a la creación de un ecosistema local de proveedores y empleo indirecto.
La lectura es clara: Teruel se incorporaría a una expansión que ya está en marcha, no como un proyecto aislado, sino como una pieza más dentro de una estrategia de capacidad.
La tensión inevitable: oportunidades, dependencia y “coste de país”
Un centro de datos de estas características suele prometer tres cosas: inversión, empleo cualificado (aunque no masivo en plantilla directa) y atracción de empresas tecnológicas. Para una provincia históricamente penalizada por la despoblación y por la concentración económica en otros ejes, el simple hecho de entrar en el circuito de infraestructuras críticas es un cambio de estatus.
Pero también plantea preguntas incómodas que el debate público ya conoce: ¿cómo se reparte el valor real entre el territorio y la multinacional?, ¿qué pasa cuando la competencia por la energía se intensifica?, ¿cómo se garantiza que el crecimiento sea sostenible y no choque con otras necesidades industriales o sociales?
A medio plazo, la batalla por la competitividad digital de España (y de Europa) se parece cada vez más a esto: quién asegura energía fiable, quién acelera permisos sin perder controles y quién construye un entorno atractivo para retener talento. Teruel, con este movimiento, deja de mirar ese debate desde la barrera.
Preguntas frecuentes
¿Por qué AWS elige ubicaciones como La Puebla de Híjar para centros de datos de gran escala?
Porque lo decisivo suele ser la combinación de potencia eléctrica disponible, suelo industrial amplio y posibilidad de crecer por fases sin quedar atrapado por saturaciones urbanas o de red.
¿Qué significa que un centro de datos tenga 100 MW de potencia garantizada?
Que puede operar infraestructuras informáticas y de refrigeración de alta demanda de forma continua, algo esencial para servicios cloud y cargas de Inteligencia Artificial que requieren muchísima capacidad.
¿Un centro de datos crea mucho empleo directo en la zona?
En operación, el empleo directo suele ser limitado y muy especializado (operación, mantenimiento, seguridad, redes). Donde más impacto suele aparecer es en la obra, servicios auxiliares y el ecosistema de proveedores y empresas que se instalan alrededor.
¿Qué implicaciones tiene que el centro esté orientado a cargas de Inteligencia Artificial?
Que puede requerir más potencia por rack, diseños de refrigeración más exigentes y una planificación más estricta de energía e infraestructura, porque los sistemas de IA modernos consumen y “calientan” mucho más que la informática convencional.