
La inteligencia artificial ya no quiere ser una app: quiere ser la nueva factura eléctrica
Durante años se vendió una idea cómoda sobre la inteligencia artificial: acceso amplio, herramientas abiertas, democratización del conocimiento y tecnología al servicio de todos. Era una narrativa poderosa, especialmente en los primeros meses de explosión de los modelos generativos. Cualquiera podía abrir un chat, pedir ayuda para escribir, programar, resumir o analizar información, y sentir que una capacidad antes reservada a equipos técnicos estaba al alcance de una cuenta gratuita. Ese relato no ha desaparecido, pero está cambiando. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, lo expresó con claridad durante el BlackRock Infrastructure Summit: la inteligencia artificial acabará funcionando como una utilidad básica, parecida a la electricidad o el agua, con consumo medido y pago por uso. La frase puede parecer




