Durante años, la industria espacial ha vivido con una paradoja: cohetes cada vez más potentes y ambiciosos, pero fabricados con ritmos y métodos más cercanos a la artesanía industrial que a una cadena de montaje moderna. SpaceX lleva tiempo intentando romper esa dinámica con Starship, su sistema de lanzamiento de gran capacidad y reutilización total. Y ahora lo está haciendo con una palabra que ya se ha convertido en un símbolo dentro de la compañía: Gigabay.
La idea es tan simple como disruptiva: construir infraestructura de fabricación y ensamblaje capaz de sostener un volumen de producción propio de la industria aeronáutica, no de la espacial. En la práctica, esto significa naves que se integran, se revisan y se preparan para volar con una cadencia que, hasta hace poco, era impensable en un lanzador superpesado.
Una fábrica “vertical” para escalar Starship
En Starbase (Texas), SpaceX está levantando una instalación bautizada como GigaBay que las autoridades locales han descrito como una pieza clave para el crecimiento industrial de la zona. La ciudad de Starbase ha promovido su candidatura a la designación de Texas Enterprise Zone, un programa de incentivos que, en caso de aprobarse, permitiría a la compañía optar a reembolsos fiscales sobre impuestos de ventas y uso durante cinco años.
Según la información divulgada en ese contexto, el proyecto se asocia a una inversión estimada en 506 millones de dólares y a la creación de más de 500 empleos en el periodo del incentivo. La clasificación a la que aspira SpaceX —“triple jumbo project”, la más alta— exige precisamente superar los 250 millones de dólares de inversión y generar 500 nuevos puestos.
Más allá del incentivo, lo relevante es lo que representa a nivel operativo: la Gigabay se plantea como una planta de fabricación integrada y pensada para un volumen muy alto de producción y ensamblaje del sistema Starship. En un documento de descripción del proyecto citado por la prensa local, se habla de una instalación orientada a producción “de alto volumen”, con objetivo de terminar su construcción en diciembre de 2026.
El dato que marca el salto: hasta 1.000 Starship al año
El número que ha captado titulares —y que explica la comparación con la aviación— es el de la capacidad: Elon Musk ha afirmado que la Gigabay será capaz de fabricar hasta 1.000 Starship al año. Es un objetivo que, por su magnitud, no solo apunta a lanzar más, sino a normalizar procesos, reducir tiempos muertos y convertir la reutilización en algo verdaderamente rutinario.
Aquí conviene entender la lógica industrial detrás de la cifra: no es únicamente fabricar “más unidades”, sino lograr que esas unidades se produzcan con estándares repetibles, tolerancias controladas y flujos de trabajo optimizados, de forma parecida a cómo se gestiona la fabricación de aeronaves o grandes estructuras industriales. Para SpaceX, Starship no es un cohete más: es un “sistema” que pretende volar, volver, revisarse y volver a volar con rapidez.
SpaceX is going to produce Starships like they're Aeroplanes
— SMX 🇺🇸 (@iam_smx) January 4, 2026
With a $250 million Gigabay at Starbase, the company is accelerating Starship production. The 700,000-square-foot facility is designed to manufacture up to 1,000 rockets per year. pic.twitter.com/WqfMtvfoBu
El modelo “avión” no va solo de fabricar: va de integrar y reacondicionar
El paso a una producción “tipo aeronáutica” también implica otra palabra clave: refurbishment (reacondicionamiento). En un enfoque de reutilización real, la capacidad de integrar y mantener vehículos y propulsores es tan importante como la de soldar secciones o cerrar fuselajes.
En paralelo a Texas, SpaceX ha detallado que también está levantando una nueva Gigabay en Florida, dentro de su expansión para operar Starship desde la Costa Este. Según la compañía, esa estructura ofrecerá 815.000 pies cuadrados de espacio de trabajo (una escala enorme incluso para estándares industriales), con grúas capaces de levantar 400 toneladas, y estará orientada a integrar, mantener y reacondicionar tanto las naves Starship como los boosters Super Heavy. La previsión es que esté operativa hacia finales de 2026.
La estrategia es clara: si SpaceX consigue tener producción, integración, reacondicionamiento y lanzamiento en dos polos (Texas y Florida), reduce fricciones logísticas y aumenta su margen para subir cadencia. De hecho, la compañía contempla transportar unidades terminadas desde Texas a Florida por barcaza hasta que la infraestructura de Florida esté lista.
¿Por qué ahora? Cadencia, costes y presión geopolítica
El mensaje de fondo es que el negocio espacial está cambiando de fase. Las constelaciones de satélites, la demanda institucional y la presión estratégica (defensa, comunicaciones, autonomía tecnológica) empujan a un escenario donde la cadencia y la disponibilidad importan tanto como el rendimiento puro.
En ese contexto, la producción “tipo avión” tiene ventajas directas:
- Escala industrial: cuando la demanda crece, la respuesta ya no es solo diseñar mejor, sino fabricar más rápido y con menos variabilidad.
- Reutilización sostenible: la reutilización deja de ser un evento excepcional y pasa a ser un proceso de mantenimiento programado.
- Reducción de cuellos de botella: instalaciones enormes (tipo Gigabay) permiten trabajar en paralelo en integración, revisiones y modificaciones, algo clave si se busca aumentar vuelos.
- Planificación y flexibilidad: una “línea” de producción permite calendarizar lotes, repuestos y actualizaciones con mentalidad industrial.
SpaceX también ha conectado esta expansión con su ambición de convertir Starship en el primer lanzador rápido y totalmente reutilizable a gran escala, y con el objetivo de aumentar de forma notable su ritmo de fabricación y vuelo.
La gran incógnita: del “puede” al “se hace”
El salto de la promesa a la realidad se medirá en dos puntos: tiempos y operaciones.
- En tiempos, la referencia es 2026: tanto la Gigabay de Starbase como la de Florida se sitúan en ese horizonte de disponibilidad operativa y cierre de obras.
- En operaciones, la prueba real será si el sistema consigue encadenar ciclos de vuelo y reacondicionamiento con fricción mínima, algo que en la industria espacial ha sido históricamente el gran talón de Aquiles.
Lo que sí parece indiscutible es el cambio de paradigma: SpaceX ya no está construyendo solo cohetes, está construyendo la infraestructura para producirlos, mantenerlos y escalarlos con mentalidad de manufactura avanzada. Si la apuesta sale bien, el espacio dejará de ser “una misión” para parecerse más a un servicio industrial con cadencia. Y eso, en términos históricos, sería casi tan importante como cualquier récord de altitud o carga útil.