Se usa el correo electrónico a diario para trabajar, registrarse en servicios, recuperar contraseñas o recibir facturas. Sin embargo, pocas personas se detienen a pensar en lo que ocurre “detrás” cuando un mensaje sale del móvil y llega, segundos después, a otra bandeja de entrada. No es magia: son protocolos abiertos que llevan décadas haciendo su trabajo con discreción y fiabilidad.
La imagen es sencilla y, a la vez, reveladora: SMTP envía, POP3 descarga e IMAP sincroniza. Tres piezas distintas, con funciones bien separadas, que explican por qué el email ha sobrevivido a modas tecnológicas, guerras de plataformas y cambios de dispositivo. Y, precisamente por eso, el debate actual no es solo técnico: también es estratégico. Porque en un mundo donde los grandes actores empujan hacia APIs y flujos propietarios, entender estos estándares es una forma de defender la interoperabilidad y evitar el bloqueo.
SMTP: el “cartero” que se activa al pulsar Enviar
Cuando un usuario escribe un email y pulsa “Enviar”, entra en acción SMTP (Simple Mail Transfer Protocol). Su misión es clara: transportar el mensaje desde el cliente de correo al servidor, y de servidor a servidor, hasta que el destinatario lo recibe.
En la práctica, SMTP es el engranaje que mantiene el carácter “federado” del correo electrónico: no importa si el remitente usa un dominio propio, un proveedor pequeño o una gran plataforma; mientras todos hablen SMTP, el correo circula.
En configuración, SMTP suele asociarse a estos puertos:
- 25: el puerto histórico para tránsito entre servidores (cada vez más filtrado por operadores para frenar abuso).
- 587: el puerto recomendado para envío autenticado desde clientes (el más común en configuraciones modernas).
- 465: envío con cifrado implícito (habitual en ciertos entornos y proveedores).
El matiz clave es que SMTP no está pensado para “recibir” correo ni para almacenar buzones: su papel es de salida. Por eso, hablar de “protocolos de email” en realidad implica hablar de un sistema de piezas que se complementan.
POP3: descargar el correo para tenerlo “en local”
El segundo protagonista es POP3 (Post Office Protocol). POP3 nació con una filosofía muy concreta: descargar los mensajes al dispositivo y permitir que el usuario los lea incluso sin conexión. En su comportamiento clásico, POP3 puede eliminar los mensajes del servidor después de descargarlos (aunque muchos clientes permiten conservar copia).
En términos prácticos, POP3 encaja bien cuando:
- Se usa un único ordenador como centro de trabajo.
- Se busca una gestión simple y “local”.
- Se prioriza la lectura sin depender continuamente del servidor.
Sus puertos típicos son:
- 110: POP3 sin cifrado (hoy poco recomendable en Internet abierto).
- 995: POP3 con cifrado (POP3S).
La principal limitación de POP3 en 2026 es la misma que lo define: no sincroniza cambios entre dispositivos. Si se marca un email como leído, se mueve a una carpeta o se borra desde un equipo, esos cambios no se reflejan automáticamente en otro. En tiempos de móvil, portátil y tablet conviviendo, ese enfoque se queda corto para muchas personas.
IMAP: el correo como buzón sincronizado en varios dispositivos
Ahí es donde entra IMAP (Internet Message Access Protocol), el modelo más alineado con la realidad actual. IMAP mantiene los mensajes en el servidor y sincroniza lo que ocurre en el buzón (leídos, borrados, carpetas, etiquetas) en todos los dispositivos. Es decir: el usuario no gestiona “copias” dispersas, sino un único buzón central.
Por eso IMAP suele ser la opción preferida cuando:
- Se accede al correo desde varios dispositivos.
- Se necesita consistencia: lo que se hace en el móvil se ve igual en el PC.
- Se trabaja con carpetas y organización compleja.
Puertos habituales:
- 143: IMAP sin cifrado (hoy desaconsejable en Internet).
- 993: IMAP con cifrado (IMAPS).
La desventaja clásica de IMAP es que requiere conexión y consume espacio en servidor, aunque la mayoría de clientes permiten mantener una caché local para trabajar con fluidez. A cambio, ofrece lo que se ha convertido en requisito básico: sincronización real.
El elefante en la habitación: estándares abiertos frente a APIs cerradas
Más allá de elegir POP3 o IMAP, el asunto de fondo es otro: el correo electrónico es uno de los últimos grandes estándares abiertos de Internet que sigue funcionando a escala global. Y eso importa.
Los protocolos abiertos tienen ventajas difíciles de sustituir:
- Interoperabilidad real: cualquier proveedor compatible puede hablar con otro sin permiso previo.
- Portabilidad: cambiar de proveedor o alojar el correo en un servidor propio es viable.
- Competencia y diversidad: no obliga a concentrar la comunicación en dos o tres plataformas.
- Auditoría y transparencia: al ser estándares públicos, se pueden revisar y mejorar con el tiempo.
En cambio, cuando el acceso al correo se desplaza hacia APIs propietarias, aparecen riesgos conocidos: dependencia de un único proveedor, cambios de condiciones, restricciones por regiones, costes de integración, limitaciones funcionales y, sobre todo, pérdida del carácter universal del email. No es un debate teórico: en muchas organizaciones, la diferencia entre usar estándares y “casarse” con una plataforma determina su capacidad para migrar, negociar o mantener soberanía tecnológica.
Una conclusión simple (y útil)
El mapa no ha cambiado: el correo electrónico sigue funcionando gracias a una división de tareas clara.
- SMTP envía.
- POP3 descarga.
- IMAP sincroniza.
Y precisamente porque es simple, estándar y abierto, el email sigue siendo una de las infraestructuras más resilientes de la red. Defender sus protocolos no es nostalgia: es pragmatismo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es mejor para usar el correo en móvil y ordenador: POP3 o IMAP?
IMAP suele ser la mejor opción si se consulta el correo desde varios dispositivos, porque mantiene el buzón sincronizado y consistente en todos ellos.
¿Por qué el puerto 587 se considera el recomendado para SMTP?
Porque está pensado para el envío desde clientes con autenticación y configuración moderna. El puerto 25 se reserva más para tránsito entre servidores y a menudo está filtrado por operadores para reducir abuso.
¿Se puede usar POP3 de forma segura hoy en día?
Sí, pero conviene usarlo con cifrado (habitualmente en el puerto 995) y con credenciales robustas. Aun así, su modelo encaja peor si se usan varios dispositivos.
¿Qué se pierde cuando un proveedor empuja a usar APIs propietarias en lugar de protocolos estándar?
Se pierde interoperabilidad universal y aumenta el riesgo de dependencia: migraciones más difíciles, integraciones condicionadas por políticas del proveedor y menor capacidad para elegir alternativas.