Refrigeración por inmersión en centros de datos: de tecnología exótica a inevitabilidad

La industria aún no está lista para el cambio.

Los centros de datos son las infraestructuras críticas que sostienen la economía digital. En ellos se procesan desde las videollamadas y el streaming de Netflix hasta las transacciones financieras o el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial (IA). Sin embargo, la demanda energética de los nuevos procesadores y GPU está alcanzando niveles nunca vistos, y la refrigeración por aire tradicional se está quedando corta.

En este contexto, la refrigeración por inmersión —hasta hace poco considerada una tecnología exótica, reservada a supercomputadores o al minado de criptomonedas— se perfila como la única alternativa viable a medio plazo. Pero la industria, aún atada a los paradigmas del pasado, no está preparada para adoptar esta transformación de forma masiva.


El límite del aire: por qué los métodos tradicionales ya no bastan

Durante décadas, el diseño de los centros de datos se ha basado en sistemas de refrigeración por aire: pasillos fríos y calientes, suelos técnicos, ventiladores cada vez más potentes y sofisticadas estrategias de climatización.

Este modelo, pese a su longevidad, está llegando al límite:

  • Densidad creciente: los racks de IA y HPC superan fácilmente los 50-100 kW, cifras que resultan imposibles de disipar solo con aire.
  • Procesadores cada vez más potentes: GPUs como NVIDIA Blackwell o AMD MI300 superan los 700-1.000 vatios por chip.
  • Exigencias regulatorias: Europa impulsa objetivos de eficiencia energética con valores de PUE cercanos a 1,1, muy difíciles de alcanzar con sistemas de climatización convencionales.

El resultado es claro: aunque barato y conocido, el aire ha dejado de ser suficiente para la nueva era de la computación intensiva.


Cómo funciona y qué aporta la refrigeración por inmersión

La refrigeración por inmersión consiste en sumergir los servidores en fluidos dieléctricos no conductores, capaces de absorber directamente el calor generado por los componentes electrónicos.

Entre sus ventajas destacan:

  • Eficiencia energética: puede lograr PUE inferiores a 1,05.
  • Mayor densidad por rack: soporta configuraciones de más de 100 kW, clave en clústeres de IA.
  • Menos ruido y vibraciones: al eliminar los ventiladores, se prolonga también la vida útil de los equipos.
  • Sostenibilidad: reduce el consumo de agua frente a las torres de refrigeración y facilita la reutilización del calor residual en redes urbanas o procesos industriales.

Empresas como Submer, GRC o Asperitas ya han demostrado su viabilidad en proyectos piloto. Incluso gigantes como Microsoft, Meta o Alibaba realizan pruebas a gran escala.


¿Por qué no se adopta de forma masiva todavía?

A pesar de sus beneficios, la refrigeración por inmersión representa hoy menos del 1% de la capacidad instalada global.

Las barreras son múltiples:

  1. Inercia del ecosistema: racks, servidores y centros de datos están diseñados para aire, no para líquidos.
  2. Costes iniciales elevados: la inversión inicial puede ser mayor, aunque los ahorros operativos son claros a medio plazo.
  3. Fluidos no estandarizados: los líquidos dieléctricos tienen precios altos y aún no existe un consenso sobre su durabilidad y reciclaje.
  4. Cultura del riesgo: las empresas dudan en sumergir hardware crítico valorado en millones de euros.
  5. Soporte limitado de fabricantes: grandes OEM como Dell, HPE o Supermicro apenas comienzan a certificar equipos preparados para inmersión.

Una inevitabilidad cada vez más cercana

La física no miente: el aire no puede disipar el calor que generarán los centros de datos del futuro. Por ello, la inmersión no es una moda pasajera, sino una necesidad técnica que terminará imponiéndose.

Según previsiones, el mercado de refrigeración por inmersión podría crecer a tasas anuales superiores al 20% hasta 2030. Sin embargo, este ritmo puede ser insuficiente si se compara con el crecimiento del consumo eléctrico de la IA, que podría multiplicarse por tres o cuatro veces antes de que acabe la década.

Esto abre una incógnita: ¿será capaz la industria de adaptarse a tiempo para evitar una “crisis de refrigeración”?


Qué hace falta para acelerar la adopción

Para que esta tecnología se convierta en estándar, los expertos señalan varios pasos imprescindibles:

  • Normalización de fluidos y equipos, con estándares claros que reduzcan la percepción de riesgo.
  • Diseños de hardware optimizados, pensados para inmersión desde fábrica y no como simples adaptaciones.
  • Formación de técnicos y operadores, capaces de mantener infraestructuras líquidas.
  • Incentivos regulatorios, especialmente en Europa y EE. UU., donde los objetivos climáticos presionan a la industria a mejorar la eficiencia energética.

Conclusión: el futuro ya está bajo el agua

La refrigeración por inmersión es la respuesta inevitable a los retos térmicos de la inteligencia artificial, la computación de alto rendimiento y la nube a hiperescala. La pregunta ya no es si se implantará de forma masiva, sino cuándo y a qué velocidad.

Lo que hoy parece una tecnología exótica será, en pocos años, un estándar imprescindible para mantener encendida la economía digital.


Preguntas frecuentes (FAQ) sobre la refrigeración por inmersión

1. ¿Qué diferencia hay entre la refrigeración líquida tradicional y la inmersión?
La refrigeración líquida convencional utiliza circuitos cerrados de agua o glicol que recorren bloques fríos en contacto con CPUs y GPUs. La inmersión, en cambio, sumerge completamente los equipos en fluidos dieléctricos, logrando mayor eficiencia y eliminando ventiladores.

2. ¿Cuánto cuesta implementar refrigeración por inmersión?
La inversión inicial puede ser entre un 20% y un 40% mayor que un sistema por aire, pero los ahorros en consumo eléctrico, mantenimiento y espacio permiten amortizar la inversión en 3-5 años, según la densidad del centro de datos.

3. ¿Es segura para los equipos electrónicos?
Sí. Los fluidos usados son no conductores y están diseñados para no dañar los componentes. De hecho, algunos estudios indican que la vida útil de los servidores se prolonga gracias a la reducción de vibraciones y polvo.

4. ¿Qué impacto tiene en sostenibilidad?
Muy positivo: reduce el consumo de agua, mejora la eficiencia energética y facilita la recuperación del calor para sistemas de calefacción o procesos industriales.

5. ¿Cuándo será masiva su adopción?
Los analistas creen que entre 2027 y 2030 veremos un punto de inflexión, impulsado por las cargas de trabajo de IA y la presión regulatoria.

encuentra artículos

newsletter

Recibe toda la actualidad del sector tech y cloud en tu email de la mano de RevistaCloud.com.

Suscripción boletín

LO ÚLTIMO

×