En 1999, un estudiante polaco en Lille pidió prestados 25.000 francos a su familia para lanzar un pequeño proyecto de alojamiento web. No había rondas de inversión, ni pitch deck, ni grandes despachos de abogados. Solo un ordenador, muchos foros de Internet y la determinación de que el hosting podía hacerse mejor. Ese estudiante se llamaba Octave Klaba. Hoy, su empresa, OVHcloud, supera los 1.000 millones de euros de facturación anual y se ha convertido en uno de los grandes referentes del cloud soberano europeo.
De “Oles Van Herman” a OVHcloud
Antes de ser fundador, Octave era simplemente un usuario más en los foros de la época, donde firmaba con el nick “Oles Van Herman”. De ahí saldrían las siglas que bautizaron a la compañía: OVH.
La historia personal de Klaba también explica parte del ADN de la empresa. Nacido en Polonia en los 70, su familia huyó del comunismo y recaló en Francia. Octave llegó sin hablar francés, estudió ingeniería en Lille y, como tantos emprendedores, empezó a “trastear” con servidores porque nada de lo que había en el mercado le convencía.
OVHcloud nació como un negocio profundamente familiar:
- Octave arrancó el proyecto y lideró la visión técnica.
- Su padre se encargó de diseñar uno de los primeros sistemas de refrigeración líquida para servidores de su tiempo.
- Su madre asumió las finanzas.
- Su hermano se enfocó en I+D.
A día de hoy, la familia Klaba sigue controlando el grupo, que cotiza en Bolsa pero mantiene una gobernanza muy marcada por ese origen familiar e industrial.
Una fábrica, no solo un datacenter
A diferencia de muchos proveedores cloud que ensamblan piezas de distintos fabricantes, OVHcloud lleva más de dos décadas apostando por la integración vertical.
En Roubaix, al norte de Francia, el modelo es casi didáctico:
- En una nave se fabrican chasis, racks y sistemas de refrigeración.
- Pocos minutos después, esos mismos equipos se despliegan en los centros de datos de la zona.
Ese “bucle corto” entre diseño, fabricación y operación permite a OVHcloud:
- Optimizar costes y márgenes al controlar prácticamente toda la cadena de valor.
- Innovar más rápido en eficiencia energética, densidad de servidores o refrigeración.
- Ajustar el hardware a las necesidades reales de sus clientes, sin depender de terceros.
En un mundo dominado por los hiperescalares estadounidenses, esta forma de entender el cloud —como una industria física, no solo como “software en la nube”— se ha convertido en una ventaja competitiva muy difícil de replicar.
La prueba de fuego: el incendio de Estrasburgo
En 2021, OVHcloud sufrió uno de los episodios más delicados de su historia: un gran incendio destruyó un centro de datos en Estrasburgo y dañó otros edificios del campus. Hubo pérdida irrecuperable de datos para algunos clientes y la reputación de la compañía quedó seriamente tocada.
Ese tipo de incidentes suele ser mortal para muchas empresas. OVHcloud reaccionó de otra forma:
- Comunicó la situación de manera abierta, aunque el mensaje no siempre fue cómodo.
- Aceleró nuevas funciones de backup, alta disponibilidad y recuperación ante desastres.
- Reforzó sus compromisos de resiliencia a nivel de diseño y de procesos operativos.
- Salió a Bolsa el mismo año, enviando un mensaje claro de que su proyecto era de largo plazo.
Lejos de hundirse, la compañía ha seguido creciendo hasta cruzar el umbral de los mil millones de euros de ingresos anuales, consolidándose como un actor de referencia frente a AWS, Microsoft Azure o Google Cloud.
Campeón europeo del cloud soberano
En los últimos años, el discurso sobre soberanía digital y “cloud de confianza” ha pasado de ser un tema de nicho a una prioridad política y empresarial en Europa. En ese contexto, OVHcloud se ha posicionado como:
- Proveedor europeo con sede, centros de datos y decisiones clave tomadas desde Europa.
- Alternativa soberana frente a proveedores sujetos a legislaciones extracomunitarias como el CLOUD Act estadounidense.
- Socio industrial para gobiernos, empresas y operadores que necesitan control sobre dónde residen sus datos y bajo qué jurisdicción.
La compañía ha apostado por certificaciones, alianzas y soluciones específicas de soberanía, al tiempo que refuerza su infraestructura global con centros de datos en varios continentes. Pero siempre con un mensaje claro: se puede construir cloud a escala mundial sin renunciar a raíces europeas ni a un modelo industrial propio.
Industria, inmigración y determinación
La historia de OVHcloud tiene algo que resuena mucho con el momento actual del ecosistema tecnológico europeo:
- Un fundador inmigrante que llega sin hablar el idioma y termina levantando un campeón continental.
- Una empresa familiar que crece sin seguir el manual clásico del “hypergrowth” financiado por fondos de capital riesgo.
- Una fábrica en Roubaix que convierte metal, agua y electricidad en capacidad de cómputo y almacenamiento.
- Un grupo cotizado que supera los 1.000 millones de euros de facturación anual y sigue defendiendo un cloud “muy humano y muy local”.
Mientras el debate sobre la soberanía digital, los chips, la IA y la dependencia tecnológica se intensifica en Europa, el caso de OVHcloud demuestra que es posible competir contra los grandes hiperescalares con un modelo distinto: más industrial, más transparente y más enraizado en el territorio.
Y todo empezó con 25.000 francos prestados por la familia y un alias en foros de Internet.
vía: LinkedIN