La escena ocurrió en un lugar poco habitual para hablar de “vuelta al pasado”. En el CES 2026 de Las Vegas, donde la expectación de muchos aficionados al PC giraba en torno a si habría nuevas tarjetas gráficas de consumo, NVIDIA decidió no presentar nuevas GeForce y centró su gran mensaje en la infraestructura para Inteligencia Artificial. En ese contexto, una pregunta directa sobre precios, falta de stock y posibles soluciones acabó dejando un titular inesperado: Jensen Huang no descarta reactivar la producción de generaciones antiguas —incluidas RTX 30 e incluso RTX 20— e, incluso, estudiar si parte de la tecnología de IA más reciente puede adaptarse a esas arquitecturas.
La intervención se produjo durante la ronda de preguntas y respuestas posterior a la keynote. Paul Alcorn, periodista de Tom’s Hardware, planteó si tendría sentido “volver a poner en marcha” GPUs antiguas en nodos de fabricación anteriores (con mayor disponibilidad) o, alternativamente, aumentar la oferta de modelos con menos memoria. La respuesta de Huang fue deliberadamente prudente —no anunció un plan concreto—, pero sí dejó el marco: “posiblemente” sería viable y, dependiendo de la generación, “también podríamos llevar la tecnología de IA de última generación a las GPUs de la generación anterior”, aunque “requeriría bastante ingeniería”. Remató con una frase que ha hecho correr ríos de tinta en foros y tiendas: “volveré a analizarlo… es una buena idea”.
El problema de fondo: la memoria manda, y la IA paga más
Para entender por qué una empresa que vive de vender lo “nuevo” se permite sugerir un “retroceso controlado”, hay que mirar al cuello de botella que se repite en toda la industria: la memoria. En los últimos meses, distintos medios han venido señalando un escenario de tensión en la cadena de suministro, con una demanda creciente desde los centros de datos de IA que compite por capacidad de fabricación y por componentes. En el segmento gaming, el efecto se traduce en precios al alza y una disponibilidad irregular, justo cuando el consumidor percibe que lo último —lo deseado— es también lo menos alcanzable.
Ahí es donde aparece la lógica industrial de resucitar “viejos conocidos”. Algunas informaciones apuntan a que NVIDIA podría reactivar la producción de la RTX 3.060 (lanzada en 2021), precisamente porque se apoya en memoria GDDR6 y en procesos de fabricación más antiguos, potencialmente menos presionados que las líneas punteras ligadas a productos que emplean memorias más recientes. TechSpot, por ejemplo, recogía a comienzos de enero de 2026 un rumor atribuido a un filtrador con historial en planes de la compañía: la RTX 3.060 podría “volver” en el primer trimestre de 2026, aunque sin confirmación oficial sobre qué variantes exactas regresarían.
En paralelo, Tom’s Hardware relató que NVIDIA comunicó públicamente que su keynote del CES no incluiría nuevas GPUs de consumo, algo que rompe una racha de varios años de anuncios regulares en la feria. Ese silencio en producto “nuevo” encaja con la idea de que, cuando la memoria y la capacidad de fabricación se vuelven el recurso escaso, el calendario de lanzamientos deja de ser solo marketing: pasa a ser logística.
¿Qué significa “llevar IA moderna” a tarjetas antiguas?
La frase de Huang —“llevar la tecnología de IA de última generación” a GPUs anteriores— ha generado lecturas de todo tipo. En la práctica, para el jugador medio esto suele traducirse a una pregunta concreta: ¿podrían las RTX 20 o RTX 30 beneficiarse de mejoras tipo DLSS o generación de fotogramas, aunque no sean de la generación más nueva?
Aquí conviene separar promesa de realidad. NVIDIA anunció en el CES 2026 DLSS 4.5, con mejoras de modelo y calidad de imagen disponibles para todas las RTX, pero reservó ciertas funciones más ambiciosas —como un modo de “Multi Frame Generation” 6×— para GPUs de la serie RTX 50 y, además, con una ventana de lanzamiento posterior (primavera de 2026) para esas funciones específicas. En otras palabras: hay mejoras que pueden llegar “a todos”, y otras que dependen estrictamente del hardware y no se democratizan por software.
Con esto sobre la mesa, la idea de “modernizar” una generación anterior no implica, necesariamente, igualarla a lo último. Lo que sugiere el CEO es algo más matizado: si el mercado obliga a vender más producto antiguo para mantener precios relativamente contenidos, tendría sentido invertir ingeniería en que esas tarjetas sigan siendo competitivas mediante mejoras de software, optimizaciones o funciones parciales que expriman lo que ya existe. Aun así, la propia respuesta advierte del coste técnico: no se trataría de un simple “parche”, sino de trabajo sostenido para adaptar tecnologías diseñadas para núcleos y aceleradores más modernos.
Un CES centrado en la “fábrica de IA” y sus efectos colaterales
El debate también llega en un momento en el que NVIDIA ha vuelto a poner el foco público en su plataforma de centros de datos. En el CES 2026, la compañía impulsó la narrativa de la computación a escala de rack con su plataforma Rubin (Vera CPU + Rubin GPU, junto con interconexión y red), presentada como el siguiente gran paso para entrenar e inferir modelos de IA con más eficiencia. Ese empuje refuerza la idea de que la prioridad industrial —capacidad, empaquetado, memoria, fabricación— se decide cada vez más pensando en el mercado de centros de datos.
Desde el punto de vista del consumidor, el efecto es casi psicológico: mientras el gran escenario habla de exaFLOPS y “AI factories”, el usuario que entra en una tienda busca algo mucho más básico: una gráfica “normal” con precio asumible. En ese choque de realidades, el regreso de modelos veteranos (y el intento de mantenerlos vigentes con software) se convierte en una solución pragmática, aunque suene a contradicción en un sector que vive de vender futuro.
¿Volverán de verdad las RTX 20 y RTX 30?
A día de hoy, lo único que se puede afirmar con claridad es el matiz: NVIDIA no ha anunciado oficialmente que vaya a reactivar la producción de toda una familia RTX 20/30, pero su CEO sí ha reconocido públicamente que es una posibilidad y que la compañía revisará la idea. En paralelo, circulan rumores concretos sobre la RTX 3.060 y varios medios han vinculado la discusión a la presión de la memoria y a la falta de nuevos anuncios de consumo en el CES. Lo relevante, más que la promesa, es el cambio de tono: por primera vez en mucho tiempo, el “volver atrás” ya no suena a tabú, sino a plan de contingencia.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que NVIDIA “reactive” una GPU antigua como la RTX 3.060 en 2026?
Que podría volver a fabricarse (o ampliarse la producción) un modelo ya conocido, normalmente usando procesos y memorias menos tensionadas, para mejorar disponibilidad y precios frente a generaciones nuevas.
¿Pueden las RTX 20 o RTX 30 recibir funciones modernas de IA como DLSS mejorado?
Algunas mejoras de DLSS pueden llegar a generaciones anteriores, pero otras funciones dependen del hardware y quedan limitadas a series más nuevas. La compatibilidad no suele ser “todo o nada”.
¿Por qué la escasez de DRAM y GDDR afecta tanto al precio de las tarjetas gráficas?
Porque la memoria es un componente crítico y caro en una GPU. Si hay presión de demanda y limitaciones de fabricación, el coste sube y el stock se vuelve irregular.
¿Qué debería mirar un usuario si se plantea comprar una GPU “de generación anterior” en 2026?
Sobre todo, el equilibrio entre precio, VRAM, consumo y el tipo de juegos o aplicaciones. En un mercado tensionado, la relación rendimiento/precio puede ser más importante que “tener lo último”.