La nueva fiebre del hardware: cuando la memoria se dispara y las CPUs se convierten en cupos

En los departamentos de TI y en las mesas de compra de muchas empresas se está imponiendo una sensación incómoda: el mercado de componentes ha dejado de comportarse como un catálogo con precios más o menos estables y plazos razonables. En 2026, cada presupuesto de servidores, cada ampliación de RAM y cada renovación de infraestructura empieza a parecerse más a una negociación de cupos que a una simple comparativa de proveedores.

La raíz del problema no es un único cuello de botella, sino una cadena completa que se ha tensado a la vez. La demanda asociada a la Inteligencia Artificial está reordenando prioridades industriales y comerciales, y ese reordenamiento ya se nota en la economía real de la informática: subidas en memoria y almacenamiento, escasez (o asignación) de procesadores para servidor, y tiempos de entrega que se estiran hasta volverse incompatibles con la planificación tradicional. TrendForce, por ejemplo, proyecta para el primer trimestre de 2026 una subida muy agresiva de precios contractuales: en DRAM “convencional”, un +55–60 % trimestral, y en NAND Flash un +33–38 %; en servidor, el propio análisis apunta a incrementos superiores al 60 % para DRAM y alzas de más del 40 % para SSD cliente.

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No es “falta de demanda”, es falta de tiempo (y de capacidad)

Durante años, el sector se acostumbró a ciclos: exceso de oferta, bajadas, recuperación, y vuelta a empezar. La fotografía actual se parece menos a un ciclo clásico y más a una reasignación estructural. Los fabricantes de memoria están priorizando productos de alto margen ligados a centros de datos y, sobre todo, a HBM (memoria de alto ancho de banda), porque ahí está el dinero y ahí está el crecimiento. Incluso desde el lado de oferta se asume que la tensión puede ir para largo: Micron ha advertido en su comunicación de resultados que las condiciones de estrechez en DRAM y NAND podrían “persistir durante y más allá de 2026”.

Cuando la memoria encarece, todo lo demás se contagia. Un servidor no es solo una CPU: es un conjunto de RAM, SSD, controladoras, placas, módulos, fuentes, redes y, cada vez más, piezas condicionadas por la disponibilidad de materiales y fabricación avanzada. En paralelo, el mercado de GPU de consumo también ha empezado a verbalizar el mismo síntoma (“memory supply is constrained”), una señal de que el estrés no se limita a un tipo de chip, sino a la industria de memoria en general.

CPUs: el bien escaso que marca el calendario

A la presión de memoria se suma un factor que altera por completo la logística: la disponibilidad de CPU para servidor. Intel ya venía explicando que sufre restricciones de capacidad y de sustratos, y que priorizaría CPUs de centro de datos frente a productos de cliente, con la posibilidad de ajustes de precio en un entorno de “tight capacity” que se extendería a 2026.

Y mientras Intel recalibra producción y “mix”, el mercado se llena de notas que hablan, directamente, de capacidad para 2026 “casi agotada” en el segmento de CPUs de servidor, con el ruido inevitable de subidas de precios si la demanda se mantiene. En la práctica, esa combinación se traduce en un fenómeno cada vez más habitual en el canal: presupuestos que duran poco, ventanas de entrega que cambian semana a semana, y proyectos que pasan de “lo pedimos este mes y llega en seis semanas” a “no se puede asegurar fecha”.

Incluso analistas que siguen de cerca la cadena de suministro han empezado a describir cómo “los plazos de servidores siguen estirándose” a medida que la oferta permanece ajustada. Esto encaja con lo que muchas empresas ya viven por experiencia propia: de repente, hay integradores que prefieren no comprometerse, y proveedores que, directamente, responden con un “no hay stock” o un “no podemos presupuestar con garantías”.

El problema real: la infraestructura se está “financiarizando”

Aquí aparece el giro que más inquieta a CIOs y responsables financieros: cuando el hardware deja de ser abundante y predecible, la computación empieza a comportarse como un activo que se reserva. Es decir, se “asegura” antes de necesitarse. Lo que en cloud público se entiende como compromisos de consumo o reservas de capacidad, empieza a trasladarse también al mundo del servidor dedicado y del cloud privado: quien llega tarde paga más, espera más o simplemente se queda fuera.

Y esto tiene consecuencias serias. En un entorno de subidas de memoria y escasez de CPUs, el coste total de propiedad puede aumentar sin que la empresa esté ampliando nada en realidad; solo está pagando la fricción del mercado. La planificación anual típica —renovar un porcentaje del parque, ampliar RAM cuando haga falta, comprar servidores para un nuevo servicio— se vuelve frágil. La tecnología, que siempre fue una palanca para acelerar, pasa a ser un cuello de botella que exige anticipación.

Qué puede hacer una empresa cuando el mercado se pone así

En este contexto, la recomendación ya no es solo “comparar proveedores”, sino cambiar la estrategia de compra y capacidad:

  1. Adelantar compras o contratos para reservar capacidad
    Si el proyecto es real y el crecimiento está previsto, retrasar la decisión suele salir más caro. En mercados tensos, la reserva de capacidad (en cloud privado o dedicado) actúa como seguro: bloquea precio, plazo y disponibilidad.
  2. Pasar de compras puntuales a acuerdos marco
    Negociar lotes, ventanas de entrega y opciones de ampliación —aunque no se ejecuten al 100 %— reduce el riesgo de quedarse sin piezas críticas (RAM/SSD/CPU) justo cuando hace falta.
  3. Diseñar con alternativas desde el inicio
    No todo requiere el “último socket”. En proyectos que lo permitan, aceptar generaciones anteriores, ampliar ciclos de vida o introducir diversidad (distintos modelos equivalentes) puede desbloquear plazos.
  4. Optimizar antes de ampliar
    Encarecimiento no significa que todo sea comprar más: consolidación, ajuste de sobredimensionamiento, limpieza de entornos infrautilizados y prácticas FinOps en serio pueden liberar capacidad “interna” cuando el mercado no entrega.
  5. Aprovechar mercado reacondicionado con criterio
    Para ciertos roles (firewalls, nodos de backup, laboratorios, entornos secundarios), el reacondicionado de calidad puede servir como puente. No es la solución universal, pero sí un amortiguador.

El mensaje de fondo es incómodo pero claro: el riesgo no es solo pagar más, sino no poder ejecutar. En un mundo donde la infraestructura es el suelo sobre el que corre el negocio —IA incluida—, quedarse sin capacidad no es un retraso técnico: es una pérdida de competitividad.


Preguntas frecuentes

¿Por qué está subiendo tanto el precio de la RAM y los SSD en 2026?
Porque la industria está priorizando memoria y almacenamiento orientados a centros de datos y cargas de IA (incluida HBM), lo que reduce oferta para otros segmentos y empuja al alza los precios contractuales.

¿Cómo afecta la escasez de CPUs AMD e Intel a los servidores dedicados?
Cuando los fabricantes priorizan ciertos clientes o gamas, el canal sufre asignaciones, menor disponibilidad y plazos más largos. Eso termina trasladándose a presupuestos que caducan rápido y entregas menos predecibles.

¿Qué significa “reservar computación” en un cloud privado?
Implica contratar capacidad (CPU/RAM/almacenamiento) con antelación para garantizar disponibilidad futura, normalmente con condiciones pactadas de ampliación y plazos, evitando depender del stock del momento.

Si un proveedor dice “no hay stock”, ¿qué alternativas realistas existen?
Explorar configuraciones equivalentes, generaciones anteriores, acuerdos por fases (entrega parcial + ampliación posterior), o una combinación temporal de cloud privado/dedicado mientras se normaliza la cadena de suministro.

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