La expansión de los centros de datos en Aragón ha entrado de lleno en el debate político. La secretaria política de Podemos, Irene Montero, arremetió en un acto celebrado en Zaragoza contra el presidente autonómico Jorge Azcón y contra los proyectos previstos en la comunidad, a los que comparó con un “nuevo trasvase” por su consumo de recursos, especialmente agua. En su discurso, Montero defendió que “Aragón ya paró un trasvase y ahora tiene que parar otro”, enmarcando la polémica en la idea de que estas infraestructuras responden a intereses empresariales privados y no a prioridades sociales.
El mensaje, duro y deliberadamente simbólico, conecta con una sensibilidad muy arraigada en Aragón: la defensa del agua como recurso estratégico, un asunto que históricamente ha marcado movilizaciones y debates territoriales. Montero sostuvo que el avance de los centros de datos beneficia principalmente a multinacionales —citó expresamente a Amazon Web Services y Microsoft— mientras, a su juicio, tensiona recursos como el agua y el territorio. En su intervención, reclamó priorizar el uso del agua “para vivir y no para que unos pocos hagan dinero”, vinculando su crítica con una defensa más amplia de los servicios públicos.
Aragón, nuevo polo de centros de datos… y nuevo foco de fricción
La controversia no surge en el vacío. Aragón lleva meses —incluso años— consolidándose como un territorio atractivo para la instalación de grandes “granjas de servidores”. El argumento a favor se apoya en varios factores: disponibilidad de suelo industrial, conectividad, capacidad para atraer inversión y una posición geográfica que facilita operar para el mercado ibérico y parte del europeo.
Esa narrativa, sin embargo, choca con un debate paralelo: el impacto real de estas instalaciones en un contexto de estrés hídrico, presión sobre la red eléctrica y dudas sobre el retorno social. A diferencia de una fábrica tradicional, un gran centro de datos necesita enormes cantidades de electricidad y, según el diseño de refrigeración, puede requerir también agua para disipar calor. El choque político se produce cuando parte de la sociedad percibe que el beneficio (negocio, servicios digitales, computación) se concentra fuera, mientras que los costes (consumo de recursos, impacto local) se quedan dentro.
En los últimos meses, varios medios han recogido la dimensión energética del fenómeno. Una estimación divulgada en Aragón apuntaba a que los centros de datos proyectados por Microsoft y AWS podrían requerir, en conjunto, más de 21.000 gigavatios hora, frente a una demanda regional en 2024 que no habría llegado a 10.000. Es una comparación que, aun estando sujeta a cómo se materialicen los proyectos, ilustra el orden de magnitud que ha encendido las alarmas en el debate público.
El agua como símbolo y como variable técnica
La frase de Montero —“nuevo trasvase”— no se limita a una metáfora política: busca poner el foco en el agua como límite físico. El caso tiene precedentes en la conversación pública. En 2025, un reportaje sobre la movilización de un municipio aragonés frente a un centro de datos señalaba que la petición de agua asociada al proyecto había generado un conflicto local y reacciones políticas inmediatas.
Ahora bien, el consumo de agua de un centro de datos no es una cifra única. Depende del tipo de refrigeración: hay diseños que priorizan la refrigeración por aire (con consumo de agua bajo o nulo en operación directa), otros que usan circuitos cerrados, y otros que recurren a enfriamiento evaporativo, que puede elevar notablemente la demanda hídrica. También influyen factores como la temperatura exterior, el dimensionamiento del sistema, el nivel de utilización y la estrategia de eficiencia.
Por eso, parte del debate se está desplazando hacia una pregunta concreta: ¿cuánta agua se usará realmente y en qué condiciones? En un territorio donde la gestión hídrica es políticamente sensible, la ausencia de cifras claras, comparables y actualizadas alimenta la sospecha y la polarización.
La batalla del relato: inversión y modernización frente a “expolio” y especulación
Las declaraciones de Montero se produjeron en un contexto de confrontación política en Aragón, donde los centros de datos se han convertido en una bandera para unos y en un blanco para otros. La dirigente de Podemos sitúa estas infraestructuras en una lógica de “negocio y especulación”, y su crítica se alinea con la de colectivos que hablan de “burbuja” o de desarrollo acelerado sin evaluación suficiente de límites ambientales.
Del otro lado, los defensores de atraer centros de datos suelen subrayar el impacto económico, la reputación como hub tecnológico y el efecto tractor sobre proveedores, conectividad y servicios. También recalcan que la industria está presionada para mejorar eficiencia energética y reducir huella ambiental, lo que empuja a adoptar tecnologías de refrigeración más avanzadas y a buscar fuentes eléctricas de menor impacto.
Sin embargo, incluso entre quienes ven oportunidades, hay un matiz creciente: a medida que los proyectos se multiplican, el listón de exigencia sube. Ya no basta con prometer inversión; se pide transparencia sobre consumos, compromisos verificables, retornos fiscales y empleo local, además de garantías ambientales y de compatibilidad con la planificación energética y del agua.
Un choque que anticipa una discusión nacional
Lo que ocurre en Aragón no es un caso aislado. La expansión de centros de datos se ha acelerado en Europa por la demanda de nube e Inteligencia Artificial, y cada vez más territorios se hacen la misma pregunta: ¿cómo equilibrar la economía digital con límites físicos como agua, energía y suelo?
El discurso de Montero coloca ese dilema en el centro y lo traduce a una idea fácil de entender: si el agua es finita, hay que decidir prioridades. La respuesta, previsiblemente, llegará en forma de debate técnico, político y social. Y, sobre todo, en forma de normas: permisos, límites, requisitos de eficiencia, auditorías de consumos y, en general, condiciones más estrictas para operar.
Mientras tanto, la polémica deja una conclusión clara: los centros de datos ya no son solo infraestructura invisible. En Aragón han pasado a ser un asunto de primer orden, con capacidad para ordenar alianzas, movilizar territorio y abrir una discusión incómoda sobre qué modelo de desarrollo quiere la comunidad.
Preguntas frecuentes
¿Cuánta agua consume un centro de datos y de qué depende?
Depende principalmente del sistema de refrigeración (aire, circuito cerrado, evaporativo), del clima local y del tamaño y uso real de la instalación. Por eso, dos centros de datos pueden tener consumos muy distintos.
¿Por qué Aragón se ha convertido en un polo para centros de datos?
Por una combinación de suelo disponible, conectividad, ubicación estratégica y capacidad para atraer inversiones, aunque el debate actual cuestiona el equilibrio entre beneficios y costes locales.
¿Qué impacto tienen los centros de datos en la red eléctrica de una región?
Son infraestructuras muy intensivas en consumo eléctrico. Cuando se concentran varios proyectos, pueden tensionar la planificación energética y exigir refuerzos de red, además de acuerdos de suministro a gran escala.
¿Qué medidas se piden para compatibilizar centros de datos y sostenibilidad?
Transparencia de consumos, límites y auditorías, uso de refrigeración más eficiente, reutilización de calor cuando sea viable, y compromisos verificables sobre energía y agua alineados con la realidad local.