Los centros de datos de Amazon en Europa chocan con un nuevo muro: la cola eléctrica

Amazon quiere seguir creciendo con AWS en Europa, pero el plan se está topando con un obstáculo mucho menos glamuroso que la IA: enchufarse a la red. Analistas e industria llevan tiempo avisando de que la construcción de un centro de datos ya no es el cuello de botella; lo es conseguir capacidad eléctrica firme y una conexión en plazos razonables. El problema ha escalado hasta el punto de que, en algunas zonas, las colas para conectarse a la red pueden alargarse hasta 7 años, un horizonte que empieza a dejar proyectos “en pausa” o directamente replanteados.

Según lo trasladado por responsables de AWS y recogido por medios que citan conversaciones con fuentes del sector, Europa se enfrenta a un escenario en el que hay regiones donde no se esperan nuevas conexiones relevantes hasta bien entrada la década de 2030. No porque falten inversores o suelo industrial, sino porque la red —y los permisos para ampliarla— va por detrás del ritmo al que crece la demanda digital.

El síntoma: construir es rápido; conectarse, no

Un centro de datos grande puede levantarse en 18–36 meses si la obra va fluida. Pero si el punto de conexión llega dentro de 5, 6 o 7 años, el activo se convierte en una inversión inmovilizada. Ese desfase es el que está obligando a los hiperescalares —incluida Amazon— a reordenar calendarios, priorizar ubicaciones y renegociar condiciones.

El atasco se ve especialmente en países donde, además del crecimiento cloud, se está acelerando el despliegue de infraestructura de IA y el consumo eléctrico asociado. AWS ha puesto ejemplos llamativos del volumen que se está pidiendo en conexiones para data centers: decenas de gigavatios en países como Italia y España, cifras que, en la práctica, compiten con las necesidades de industrialización y electrificación general del país.

La causa: más demanda, redes envejecidas y permisos lentos

Europa está intentando electrificar transporte, industria y climatización… y al mismo tiempo multiplicar capacidad de computación. La Comisión Europea ha reconocido que la red necesita una modernización acelerada: habla de centenares de miles de millones de euros en inversión para redes eléctricas hacia 2030 y de un sistema que, en parte, arrastra infraestructura envejecida y procesos de autorización demasiado lentos para el ritmo actual.

A esto se suma un patrón que los operadores conocen bien: cuando la capacidad es escasa, se dispara la “fiebre” por reservar puntos de conexión. Resultado: colas largas y opacas, donde conviven proyectos sólidos con solicitudes especulativas. La propia Comisión Europea plantea cambios para que el criterio pase de “primero en pedir, primero en recibir” a fórmulas tipo “first-ready, first-served” (priorizar al que realmente está listo), además de mejorar transparencia de capacidad disponible y planificación.

Irlanda como espejo: cuando el sistema dice “hasta aquí”

El caso irlandés se cita a menudo porque muestra el conflicto en su versión más cruda: la demanda de los centros de datos creció hasta representar el 22% del consumo eléctrico nacional en 2024 (frente al 5% en 2015). El regulador (CRU) terminó fijando una política donde nuevos centros de datos deberán cubrir al menos el 80% de su demanda anual con renovables adicionales desarrolladas en el país, con una “senda” de varios años para cumplirlo, y manteniendo requisitos de generación o almacenamiento asociados a nuevas conexiones.

Ese tipo de decisiones anticipa lo que muchos temen: que el acceso eléctrico para data centers en Europa evolucione desde “pido potencia y ya” hacia condiciones más duras (ubicación, aportación de flexibilidad, generación/almacenamiento, participación en mercados, etc.).

¿Qué implica esto para empresas y equipos de sistemas?

Para un equipo de IT, el titular no va solo de “Amazon retrasa proyectos”. Va de una consecuencia práctica: la capacidad cloud/colocation en ciertas regiones puede tensionarse, no por falta de racks, sino por falta de megavatios. Y cuando la potencia es el recurso escaso, aparecen efectos en cascada:

  • Plazos de disponibilidad más impredecibles para nuevas salas y ampliaciones.
  • Costes que incorporan el riesgo eléctrico (conexión, refuerzos, generación local, PPAs, baterías).
  • Decisiones de arquitectura que vuelven a poner encima de la mesa edge regional, multirregión y estrategias híbridas.
  • Planificación de continuidad: si “conseguir potencia” tarda años, el DR y la capacidad de desborde pasan a ser un tema de negocio, no solo técnico.

En España, por ejemplo, ya se habla de congestión y saturación en nodos concretos, lo que empuja a mirar ubicaciones alternativas o a exigir planificación eléctrica mucho más temprana.

El mensaje incómodo: el cuello de botella ya no es solo el silicio

Durante 2024–2026, el debate ha girado alrededor de GPUs y aceleradores. Pero Europa está descubriendo otra realidad: sin red (y sin permisos), no hay campus que valga. Y si el acceso a potencia se convierte en una carrera de años, la ventaja competitiva no será solo tener mejores chips o mejores contratos: será estar en el lugar correcto, con el punto de conexión correcto, en el momento correcto.


Preguntas frecuentes

¿Por qué una cola de conexión puede durar hasta 7 años?
Porque el cuello de botella suele estar en refuerzos de red, subestaciones, líneas y permisos. Si el proyecto requiere obras aguas arriba y hay saturación regional, el “slot” real puede irse a varios años.

¿Qué puede hacer una empresa si necesita capacidad en 12–18 meses?
Planificar alternativas: regiones menos congestionadas, enfoque multirregión, acuerdos de colocation con capacidad ya energizada, y estrategias híbridas (on-prem + cloud) mientras llega la potencia definitiva.

¿La generación in situ (gas, baterías, renovables) soluciona el problema?
Ayuda, pero no “elimina” la necesidad de red. Baterías aportan flexibilidad y picos; la generación local puede cubrir parte de la demanda y cumplir requisitos regulatorios, pero la operación sostenida y el respaldo siguen dependiendo del sistema y de permisos.

¿Qué significa el enfoque “first-ready, first-served” del que habla la UE?
Un intento de limpiar colas: priorizar proyectos que demuestran madurez real (permisos, financiación, ingeniería) frente a reservas especulativas, y así asignar capacidad a quien puede ejecutarla.

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