La imagen puede engañar: el zumbido de una perforadora en el desierto de Nuevo México no busca petróleo, sino calor. Bajo tierra, a pocos kilómetros de profundidad, la roca está a temperaturas capaces de generar electricidad firme, 24/7. Esa promesa, la de la geotermia de nueva generación o EGS (Enhanced Geothermal Systems), atrae hoy a los gigantes de Internet. En los dos últimos años, Google, Microsoft y Meta han firmado acuerdos con desarrolladores geotérmicos para explorar si esta tecnología puede convertirse en el suministro base que piden los centros de datos de IA.
La apuesta no parte de cero. La geotermia se utiliza desde hace décadas, sobre todo en pozos someros (≈400 metros) para climatización o en zonas volcánicas donde la generación eléctrica es viable con pozos de más de 1 kilómetro. Pero su despliegue ha sido limitado y muy local: hoy aporta menos del 1 % de la energía global. EGS cambia el guion porque no necesita el “lugar perfecto”: fractura roca caliente y seca a gran profundidad para crear un reservorio artificial por el que circular un fluido que extrae calor. Allí donde no hay un yacimiento hidrotermal natural, EGS intenta fabricarlo.
Los primeros ensayos arrancaron en los 70 y demostraron viabilidad técnica, aunque con costes y complejidades que frenaron su expansión. La reactivación ha llegado con el aprendizaje de la industria del petróleo y el gas (perforación direccional, gestión de pozos complejos) y con la presión que supone el boom de la IA: clústeres con cargas continuas, alta densidad por rack y necesidad de potencia firme, justo el territorio donde la eólica y la solar necesitan apoyo de almacenamiento o respaldo.
Del laboratorio al contrato: por qué los “hiperescalares” miran al subsuelo
Las cifras alimentan el interés. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que solo en Estados Unidos hay al menos 7 TW accesibles por debajo de 5 km y más de 70 TW en todo el rango de profundidades, con California, Nevada, Utah, Oregón y Nuevo México como zonas especialmente prometedoras. Para ponerlo en contexto: la capacidad hidrotermal “convencional” aprovechable se sitúa en torno a 25 GW. Firmas de análisis como Rhodium Group proyectan que, si se escala con éxito, EGS podría cubrir buena parte de la nueva demanda eléctrica de centros de datos hacia 2030.
Ese horizonte explica los acuerdos “estratégicos” de las grandes tecnológicas. No son PPAs al uso; buscan probar tecnología, bajar costes y acelerar la curva de aprendizaje. Meta, por ejemplo, ha firmado con dos desarrolladores que representan enfoques distintos y complementarios.
Dos caminos para una misma meta
Sage Geosystems propone un sistema que combina calor y presión. Perfora pozos emparejados hasta 20.000 pies (≈6 kilómetros) en roca a ≥180 ºC, crea un “pulmón” artificial que almacena energía mecánica además de térmica y hace ciclar los pozos: uno produce agua caliente presurizada mientras el otro se recarga y se recalienta, alternando roles a diario. La modularidad es la clave: cada par de pozos puede aportar 3–8 MW según el recurso; sumando pares se llega a 100, 500 MW o más en una misma plataforma, con economías de escala en perforación y operación. En su acuerdo con Meta, la primera fase (4–8 MW) apunta a 2027 y la ampliación hasta 150 MW a 2029.
XGS, en cambio, trabaja en Nuevo México con un diseño closed-loop (circuito cerrado) para no usar agua en un entorno árido. Perfora un único pozo a roca >200 ºC, baja un encamisado de acero e inyecta un material que “alcanza” térmicamente la roca circundante. Dentro, un tubo aislado crea una configuración tubo-en-tubo por la que circula el fluido estanco y presurizado que sube el calor a superficie. La promesa es previsibilidad: caudales estables durante 20–30 años, un requisito que bancos e ingenierías independientes exigen para financiar con confianza. El proyecto aspira a 150 MW para 2030 e insinúa una cartera que podría ir de 5 MW a >500 MW.
Un tercer actor, Fervo Energy, firmó en 2022 con Google y completó en 2023 una prueba representativa de 30 días en su piloto Project Red (Nevada), con resultados publicados que refuerzan la tesis de que EGS puede funcionar a escala comercial.
¿Red o “detrás del contador”? Dos vías de integración
A corto plazo, los hiperescalares parecen apostar por inyectar la geotermia a red y comprar esa energía como parte de su mix 24/7. Es, por ahora, la forma más rápida y confiable de incorporar nueva capacidad. Pero la co-ubicación —construir el centro de datos junto a los pozos— aparece como oportunidad siguiente: evita cuellos de interconexión, reduce pérdidas de transmisión y podría simplificar permisos. Con un perfil base y despachable, EGS encaja incluso en “islas eléctricas” para sortear la cola de interconexiones que hoy se mide en años en EE. UU.
Los desarrolladores insisten en que la geotermia avanzada no es solo electricidad: puede suministrar frío para climatización del propio campus e incluso agua limpia según la configuración, un paquete de infraestructura muy atractivo para campus hiperescalables.
El lado difícil: perforar es caro, arriesgado y lento de tramitar
El entusiasmo convive con los frenos clásicos. Perforar profundo es caro: estudios de Stanford y del Laboratorio Nacional de Energías Renovables (NREL) sitúan la perforación entre el 30 y el 57 % del capex según el diseño. Además, los pozos se exponen a pérdidas de circulación, fallos de equipamiento o incrustaciones minerales que degradan el caudal. Un informe de Clean Air Task Force recuerda que estos problemas pueden demorar, encarecer o incluso abortar proyectos.
A esto se suma la burocracia: los permisos dependen sobre todo de los estados (y de la EPA cuando hay agua de por medio), y los procesos largos chocan con la urgencia de expansión de los centros de datos. Hay señales políticas de apoyo bipartidista en EE. UU., pero la ventanilla administrativa aún no corre al ritmo que pide la IA.
Por último, la competitividad. Un análisis en Environmental Research concluye que incluso reduciendo a la mitad los costes geotérmicos para 2050, la tecnología seguiría luchando frente a combinaciones de solar + almacenamiento; solo recortes >70 % colocarían a la geotermia como opción más barata y libre de carbono.
Más allá de EE. UU.: geotermia convencional y “primero lo seguro”
Fuera de Estados Unidos, se ven movimientos con geotermia convencional allí donde existen recursos someros y capacidad de perforación. Google, por ejemplo, firmó en Taiwán un PPA de 10 MW con Baseload Capital para desarrollos convencionales. Razón práctica: menos riesgo tecnológico en mercados donde no hay aún un ecosistema petrolero que pueda movilizar equipos y talento al ritmo que exige EGS. Japón, Indonesia y Filipinas también reactivan su industria geotérmica con apoyo gubernamental, sobre todo en clave convencional.
La lectura es clara: la geotermia tradicional tiene rol en mercados adecuados, pero su alcance es limitado. Para que el sector de centros de datos aproveche el recurso a escala, habrá que dar el salto a EGS y demostrar —más allá de pilotos— que puede entregarse energía firme, competitiva y replicable.
El veredicto provisional
La apuesta de los hiperescalares por EGS es, en sus propias palabras, “estratégica”: busca abrir oferta firme en un mundo donde la energía —más que las GPUs— es el nuevo cuello de botella. Geotermia avanzada promete base load limpia, cercana a los centros de consumo y co-ubicable con campus de IA. El campo de pruebas de aquí a 2030 será decisivo: si los costes bajan y los flujos se estabilizan durante décadas, la perforadora que hoy retumba en Nuevo México podría convertirse en sonido de fondo de la computación del futuro.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre geotermia convencional y EGS (Enhanced Geothermal Systems)?
La convencional aprovecha yacimientos naturales con agua caliente y permeabilidad suficientes; es local y depende de la geología. EGS crea reservorios artificiales en roca caliente y seca mediante fractura y estimulación para hacer circular un fluido y extraer calor donde no existe un recurso natural aprovechable.
¿Por qué interesa EGS a los centros de datos de IA?
Porque aporta energía firme, 24/7, cerca de la carga, con potencial de co-ubicación y menor exposición a colas de interconexión. En combinación con almacenamiento y gestión térmica, puede estabilizar costes y mejorar el perfil ambiental del campus.
¿Cuáles son las principales barreras hoy?
El coste y riesgo de la perforación profunda, la financiación de primeros proyectos, la tramitación de permisos y la curva de aprendizaje industrial. También la competencia de otras opciones libres de carbono (por ejemplo, solar + baterías) que han abaratado costes muy rápido.
¿Se verá geotermia “detrás del contador” para hiperescalas?
A corto plazo, la mayoría de acuerdos inyectan a red. Pero la co-ubicación junto a pozos —para suministro directo, refrigeración y servicios auxiliares— es una vía plausible si EGS escala a cientos de megavatios con fiabilidad.
Fuentes:
Datacenterdynamics, “Drilling for data: Can geothermal power meet hyperscale ambitions?” (20/11/2025, Zachary Skidmore); AIE (estimaciones de potencial geotérmico en EE. UU.); Rhodium Group; MIT (2006, potencial EGS); Clean Air Task Force; Fervo Energy (Project Red); declaraciones de Sage Geosystems, XGS, Meta y Wood Mackenzie.