La industria global de los centros de datos ha cruzado una frontera simbólica y económica que ayuda a entender mejor hacia dónde se está moviendo la infraestructura digital. Según el nuevo informe 2026 Data Center Marketplace de Colliers, la inversión mundial en centros de datos superó los 580.000 millones de dólares en 2025, un 27 % más que un año antes y, por primera vez, por encima de los 540.000 millones destinados al nuevo suministro de petróleo. Colliers atribuye buena parte de ese salto a la presión de la Inteligencia Artificial, con 445.000 millones de dólares procedentes solo de compañías tecnológicas.
La cifra no es solo llamativa por su volumen. También refleja un cambio mucho más profundo: el centro de datos ha dejado de comportarse como un activo inmobiliario tecnológico relativamente previsible y empieza a parecerse cada vez más a una gran infraestructura energética, intensiva en capital, condicionada por la disponibilidad eléctrica y sostenida por ciclos de financiación cada vez más agresivos. El propio informe de Colliers lo resume como un “cambio estructural” en el que el negocio ya no se decide solo por la demanda, sino por qué mercados son capaces de financiar, permitir, electrificar y ejecutar proyectos dentro de plazos realistas.
La IA dispara el gasto, pero también cambia las reglas
Detrás de este nuevo ciclo está, sobre todo, la Inteligencia Artificial. El informe sostiene que el crecimiento de las cargas de IA está elevando el tamaño medio de los proyectos, multiplicando los requisitos de densidad y obligando a rediseñar la lógica de construcción de los campus digitales. En Norteamérica, la absorción llegó a 15,6 GW en 2025, el doble que en 2024, mientras más del 90 % de la nueva capacidad se alquiló antes incluso de entrar en servicio. El mercado, en otras palabras, no está construyendo por exceso de optimismo, sino porque la demanda corre más deprisa que la capacidad real de entrega.
Pero el mismo fenómeno que empuja la inversión también está elevando el riesgo. Colliers advierte de que el proyecto medio ya es un 40 % más grande que hace un año, y que el coste de construcción ha seguido subiendo con fuerza. El documento cifra en más de un 45 % el aumento de los costes de obra en 2025 y sitúa entre el 40 % y el 50 % del presupuesto total de muchos nuevos proyectos en la infraestructura eléctrica. Es decir, la energía ya no es un componente más del centro de datos: se ha convertido en el factor dominante de su viabilidad económica.
Ese giro ayuda a explicar por qué cada vez más promotores hablan de subestaciones, generación detrás del contador, gas natural o pequeños reactores modulares casi con la misma intensidad con la que antes hablaban de racks, fibra o refrigeración. La competencia, cada vez más, ya no se libra solo por la ubicación, sino por la certeza de la potencia disponible.
El gran cuello de botella ya no es el suelo, sino la red
Uno de los datos más reveladores del informe es que las utilities están endureciendo sus condiciones de entrada. En varios mercados principales de Estados Unidos, los depósitos exigidos para reservar capacidad eléctrica oscilan ya entre 25 y 75 millones de dólares por proyecto, a menudo sin devolución hasta que la conexión se activa realmente. Colliers también advierte de que las ventanas de tramitación de esas conexiones se han alargado hasta los 12 o 18 meses en muchos casos, y que en zonas especialmente tensionadas los plazos pueden ser todavía mayores.
Eso está empujando una redistribución geográfica de la demanda. Los mercados más maduros mantienen su atractivo, pero parte del crecimiento se desplaza hacia ubicaciones donde hay más margen para asegurar potencia, permisos y suelo. El informe destaca precisamente que la distinción clásica entre mercados primarios, secundarios y emergentes se está erosionando, porque el capital empieza a premiar más la capacidad de ejecución que la etiqueta histórica del mercado. Columbus, por ejemplo, creció un 126 % interanual y superó ya el gigavatio de capacidad comisionada, mientras Dallas-Fort Worth absorbió 1.137 MW en 2025 y reforzó su papel como gran polo de expansión.
Al mismo tiempo, la oposición local también está subiendo de intensidad. Colliers recoge que más de 64.000 millones de dólares en proyectos de centros de datos en Estados Unidos han sido retrasados o bloqueados desde 2023, y que más de 142 grupos de presión en 24 estados trabajan ya activamente para frenar o regular nuevas instalaciones. La factura eléctrica, el consumo de agua, el ruido o el uso del suelo se están convirtiendo en factores políticos de primera magnitud.
Más deuda, más crédito privado y más preguntas sobre rentabilidad
La otra gran pata del nuevo ciclo es la financiación. Colliers señala que los hiperescalares emitieron más de 120.000 millones de dólares en deuda en 2025 para sostener el crecimiento de la infraestructura de IA. En paralelo, el crédito privado está aportando ya entre el 60 % y el 75 % del capital en fases tempranas de desarrollo, lo que acelera proyectos, pero también concentra más riesgo en estructuras menos transparentes y menos reguladas que la banca tradicional.
Ahí es donde empiezan a aparecer las advertencias. Moody’s ya ha avisado este mes de que el gasto agresivo puede desembocar en sobreconstrucción y retornos débiles si la demanda no acompaña al ritmo previsto o si los ingresos tardan más de lo esperado en materializarse. La agencia sostiene que el gasto de los hiperescalares estadounidenses podría rondar los 700.000 millones de dólares en 2026, una cifra gigantesca que obliga a mirar no solo el crecimiento, sino también la sostenibilidad financiera del modelo.
Eso no significa que el ciclo vaya a frenarse de golpe. Significa algo más matizado: la IA está elevando el centro de datos a categoría de infraestructura estratégica global, pero también lo está haciendo más caro, más complejo y más dependiente de la energía, la regulación y el mercado de capitales. La gran pregunta para 2026 ya no parece ser si habrá demanda, sino qué operadores serán capaces de convertir sus planes en megavatios entregados sin ahogarse en costes, retrasos o deuda.
En ese tablero, el centro de datos ya no compite solo con otros activos inmobiliarios o tecnológicos. Compite con grandes proyectos energéticos, con nuevas cadenas industriales y con una economía digital que empieza a medir su poder no solo en usuarios o software, sino en electricidad, suelo, deuda y capacidad de ejecución.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto se invirtió en centros de datos en 2025 según Colliers?
Colliers sitúa la inversión global en más de 580.000 millones de dólares en 2025, un 27 % más que en 2024 y por encima del gasto mundial en nuevo suministro de petróleo.
¿Por qué la IA está disparando la inversión en centros de datos?
Porque el entrenamiento y la inferencia de modelos de Inteligencia Artificial exigen más capacidad, más densidad eléctrica, más refrigeración y más potencia disponible por campus, lo que eleva tanto el tamaño de los proyectos como su coste.
¿Cuál es hoy el principal problema para construir nuevos centros de datos?
La disponibilidad eléctrica. El informe de Colliers subraya que la energía y los plazos de conexión a red pesan ya más que la ubicación tradicional, y que las utilities exigen depósitos de entre 25 y 75 millones de dólares por proyecto en varios mercados.
¿Existe riesgo de sobreinversión en centros de datos de IA?
Sí. Moody’s ha advertido de que el fuerte ritmo de gasto puede provocar sobreoferta y retornos débiles si la demanda efectiva, la monetización o la financiación no acompañan al ritmo de despliegue previsto.
vía: colliers