Durante meses, una parte del debate tecnológico ha girado alrededor de una idea casi inevitable: la Inteligencia Artificial iba a empezar a sustituir empleos de forma masiva y rápida. Los anuncios de despidos en grandes tecnológicas, muchas veces acompañados de referencias a la automatización o a la mejora de la productividad gracias a la IA, han reforzado esa sensación. Sin embargo, los datos que empiezan a aflorar desde Europa dibujan una imagen bastante más matizada.
El Banco Central Europeo ha publicado esta semana un análisis que cuestiona ese relato alarmista, al menos en el corto plazo. Su conclusión principal es clara: por ahora no hay una diferencia significativa en destrucción o creación de empleo entre las empresas que dicen usar Inteligencia Artificial y las que no. Es más, cuando se observa a las compañías que hacen un uso intensivo de esta tecnología, el patrón va en la dirección contraria a la que muchos temen: esas firmas son, de media, más proclives a contratar que a recortar plantilla.
El BCE ve más contratación que destrucción de empleo en las empresas más intensivas en IA
El estudio del BCE, basado en su encuesta sobre acceso a financiación empresarial, sostiene que las compañías que utilizan de forma significativa la Inteligencia Artificial tienen alrededor de un 4 % más de probabilidad de incorporar personal adicional. En el caso de las empresas que además invierten en IA, la probabilidad de contratar es casi un 2 % superior a la de aquellas que no lo hacen.
La clave está en cómo se usa esa tecnología. Según los economistas del BCE, el crecimiento del empleo se concentra sobre todo en las empresas que recurren a la IA para investigación, desarrollo e innovación, áreas que suelen empujar el crecimiento del negocio. En otras palabras, cuando la Inteligencia Artificial se utiliza para abrir nuevas capacidades o acelerar proyectos, no necesariamente sustituye puestos, sino que puede generar demanda de nuevos perfiles, especialmente cualificados.
Eso no significa que la IA sea inocua para el mercado laboral ni que no pueda terminar alterando plantillas en el futuro. De hecho, el propio BCE deja abierta esa posibilidad y subraya que sus conclusiones responden al momento actual y al horizonte de un año. Pero sí desmonta una parte del discurso más repetido en los últimos meses: la idea de que las empresas están despidiendo en bloque porque ya han logrado reemplazar con IA una parte relevante de sus equipos.
El contraste con los despidos que sí se anuncian “por IA”
Ese matiz resulta especialmente interesante si se pone al lado de algunos casos recientes. Uno de los más sonados ha sido el de Block, la empresa financiera dirigida por Jack Dorsey, que anunció a finales de febrero el recorte de más de 4.000 empleos, casi la mitad de su plantilla, dentro de una reorganización en la que la compañía vinculó de forma explícita la decisión al despliegue de herramientas de Inteligencia Artificial.
Reuters ha señalado que este tipo de anuncios ya no son anecdóticos. Su recuento sitúa en más de 61.000 los puestos recortados en operaciones vinculadas a la IA desde noviembre, con nombres como Amazon, Pinterest o WiseTech entre los grupos que han asociado parte de sus ajustes a este giro tecnológico. El problema es que esa explicación, por sí sola, no siempre basta para entender lo que está ocurriendo.
En muchos casos, detrás de los despidos siguen pesando factores mucho más clásicos: sobrecontratación tras la pandemia, presión bursátil, necesidad de recortar costes, desaceleración de algunos negocios o exigencias de rentabilidad más inmediatas. La Inteligencia Artificial aparece entonces como un argumento de modernización o eficiencia, pero no siempre como la causa única ni principal. Por eso el dato del BCE resulta tan relevante: obliga a separar el relato corporativo de la evidencia disponible.
La productividad prometida todavía no se ve con claridad
La otra gran pregunta es si la IA ya está generando esa revolución de productividad que tantas empresas prometen a inversores y mercados. Ahí también empiezan a aparecer señales de prudencia. Un trabajo publicado por la National Bureau of Economic Research, basado en una encuesta internacional a casi 6.000 directivos financieros y ejecutivos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Australia, concluye que más del 80 % de las empresas no ha visto impacto en empleo ni en productividad durante los últimos tres años.
Ese mismo estudio muestra otra paradoja interesante. Cerca del 70 % de las empresas ya usa IA, pero el tiempo de uso por parte de muchos altos directivos sigue siendo reducido. Además, aunque la mayoría no percibe todavía mejoras claras en productividad, sí espera que en los próximos tres años la IA eleve la productividad un 1,4 %, aumente la producción un 0,8 % y reduzca el empleo un 0,7 %. Es decir, el gran efecto transformador sigue instalado más en la expectativa que en los resultados visibles.
Eso ayuda a entender por qué el debate sobre empleo e Inteligencia Artificial sigue siendo tan confuso. Por un lado, existen ejemplos concretos de compañías que ya justifican despidos apelando a la automatización. Por otro, la evidencia macro y empresarial todavía no muestra una sustitución generalizada del trabajo humano. Lo que parece estar ocurriendo, más bien, es una transición desigual: algunas tareas sí cambian, algunos perfiles se redefinen y algunas empresas contratan nuevos especialistas mientras otras aprovechan el contexto para adelgazar estructura.
En Europa, al menos por ahora, la foto que ofrece el BCE es menos apocalíptica de lo que a menudo sugieren los titulares. La IA no está provocando una ola general de destrucción de empleo. Incluso puede estar acompañando procesos de crecimiento en las empresas que la integran de forma más seria, especialmente cuando esa integración se vincula a innovación y desarrollo. El riesgo, eso sí, no desaparece: sigue ahí para determinados puestos repetitivos, para funciones más estandarizadas y para aquellas empresas que busquen usar la automatización solo como palanca de recorte.
La conclusión más razonable hoy no es que la Inteligencia Artificial esté salvando el empleo ni que lo esté arrasando. La realidad parece mucho menos simple. De momento, los datos apuntan a que la IA está reordenando prioridades, cambiando inversiones y alterando la organización del trabajo, pero sin una destrucción neta de puestos visible a gran escala. Y eso, al menos por ahora, enfría uno de los grandes temores de esta nueva etapa tecnológica.
Preguntas frecuentes
¿La Inteligencia Artificial está destruyendo empleo en Europa en 2026?
Según el análisis más reciente del Banco Central Europeo, no hay por ahora una diferencia significativa en destrucción de empleo entre las empresas que usan IA y las que no. De hecho, las compañías que la utilizan de forma intensiva tienen una ligera mayor probabilidad de contratar.
¿Qué dice exactamente el BCE sobre las empresas que más usan IA?
El BCE señala que las empresas con uso intensivo de Inteligencia Artificial son aproximadamente un 4 % más propensas a incorporar personal, y que las que invierten en IA tienen casi un 2 % más de probabilidad de contratar que las que no lo hacen.
¿Entonces por qué algunas tecnológicas están despidiendo trabajadores por culpa de la IA?
Porque los anuncios corporativos no siempre reflejan toda la realidad. En muchos casos influyen también factores como la presión por mejorar márgenes, la sobrecontratación tras la pandemia, los recortes de costes o una reorganización interna. La IA puede formar parte de la explicación, pero no siempre es la única causa.
¿La IA ya está mejorando mucho la productividad de las empresas?
Todavía no de forma clara y generalizada. Un estudio del NBER con casi 6.000 ejecutivos indica que más del 80 % de las empresas no ha observado impacto en empleo ni en productividad durante los últimos tres años, aunque muchas esperan que ese efecto sí llegue en el futuro.