La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha dejado al descubierto una vulnerabilidad que durante años quedó en segundo plano frente a debates sobre chips, centros de datos y nube: internet también depende de estrechos geográficos. El mar Rojo y el estrecho de Ormuz se han convertido al mismo tiempo en zonas de alto riesgo, una situación inédita para la infraestructura digital moderna y especialmente delicada para el tráfico que conecta Europa, Asia, África y el Golfo.
Conviene, eso sí, poner orden en el ruido. No es exacto afirmar que “internet se ha apagado” ni que todo el tráfico mundial entre continentes haya quedado bloqueado. El corredor verdaderamente crítico para la conectividad Europa-Asia sigue siendo el mar Rojo, mientras que el estrecho de Ormuz afecta sobre todo a los cables y rutas de conectividad del Golfo. TeleGeography subraya que, más allá de los países del Golfo, el riesgo para el tráfico Europa-Asia desde Ormuz es mucho menor, porque esos grandes cables pasan por el mar Rojo y no a pocos kilómetros del estrecho.
Aun así, el momento es excepcional. Reuters informó el 1 de marzo de que grandes navieras como Maersk, Hapag-Lloyd y CMA CGM empezaron a desviar rutas lejos del canal de Suez, Bab el-Mandeb y el propio estrecho de Ormuz tras la escalada militar y el cierre de Hormuz. En paralelo, Rest of World resumió la situación como la primera vez en que ambos cuellos de botella quedan cerrados de forma efectiva al tráfico comercial al mismo tiempo, algo que cambia por completo la percepción del riesgo sobre la infraestructura digital de la región.
El problema no es solo marítimo. Reuters también confirmó que Amazon Web Services reconoció daños en instalaciones de Emiratos Árabes Unidos y Bahréin tras ataques con drones en plena crisis regional. Es decir, ya no se habla solo del riesgo teórico de que los cables submarinos queden expuestos, sino de una guerra que ya ha alcanzado infraestructura física vinculada al cloud.
El mar Rojo sigue siendo el verdadero gran cuello de botella
La pieza más crítica de esta historia está en el mar Rojo. Rest of World señala que 17 cables submarinos pasan por ese corredor y que por allí circula la mayor parte del tráfico entre Europa, Asia y África. TeleGeography, por su parte, recuerda que los cables del mar Rojo son cruciales no solo para Oriente Medio, sino también para África oriental y para la conectividad entre Europa y Asia.
No es un riesgo abstracto. TeleGeography recuerda que en 2024 tres cables resultaron dañados en el mar Rojo y tardaron seis meses en repararse. En septiembre de 2025 volvieron a dañarse cuatro cables, y tres de ellos tardaron cinco meses en volver a servicio, mientras que uno seguía fuera de operación en marzo de 2026. La propia firma atribuye esos retrasos a ataques hutíes y a restricciones sobre los permisos de reparación.
Eso ayuda a entender por qué la industria está tan inquieta ahora. Un cable submarino puede fallar por causas relativamente comunes, como anclas o actividad pesquera, pero en una zona de guerra el problema se agrava por dos razones: aumenta el riesgo de daños colaterales y, sobre todo, se complica la reparación. TeleGeography explica que los buques de mantenimiento deben obtener permisos, localizar la avería y permanecer prácticamente inmóviles mientras trabajan, algo especialmente vulnerable en aguas hostiles.
Ormuz no mueve todo el tráfico mundial, pero sí es vital para el Golfo
El segundo punto sensible es el estrecho de Ormuz. Aquí también conviene bajar el dramatismo fácil y subir la precisión. TeleGeography identifica cuatro cables submarinos activos que cruzan Ormuz: AAE-1, FALCON, Gulf Bridge International Cable System y Tata-TGN Gulf. También explica que los países del Golfo no dependen al 100 % de esos cables porque cuentan con rutas terrestres hacia Arabia Saudí, Irak y otros vecinos, aunque avisa de que esas rutas no bastarían para absorber por completo una gran deslocalización de tráfico si varios sistemas submarinos quedaran dañados.
Eso significa que Ormuz no es el equivalente exacto al mar Rojo para la conectividad global, pero sí es una pieza crítica para el ecosistema digital del Golfo. Y ese ecosistema ya no es menor. En los últimos años, Amazon, Microsoft, Google, Oracle, G42 y OpenAI han reforzado apuestas de infraestructura y de IA en la región. Rest of World advertía la semana pasada de que esas inversiones dependen de rutas submarinas ahora situadas dentro de una zona de guerra o muy cerca de ella.
TeleGeography añade otro dato importante: si Ormuz queda inaccesible, las reparaciones dentro del Golfo quedarían en manos de una sola embarcación de e-Marine posicionada en la zona, mientras que el resto de los buques de esa flota están repartidos entre el mar Rojo y el océano Índico. No equivale a decir que “nadie puede reparar nada”, pero sí apunta a una capacidad muy tensionada y con mucho menos margen de respuesta del habitual.
La industria ya busca rutas alternativas para no depender del mar
La reacción del sector demuestra que esta vez no se trata de una alarma pasajera. Bloomberg informó el 12 de marzo de que Meta ha paralizado parte de 2Africa en el Golfo por la guerra, y TeleGeography añade que sistemas como 2Africa, India Europe Xpress, Raman, SeaMeWe-6 y Africa-1 siguen afectados por retrasos o planes congelados por la inestabilidad regional.
En paralelo, Rest of World publicó que Arabia Saudí, Qatar y Emiratos están acelerando varios proyectos de corredores terrestres para llevar datos hacia Europa sin depender tanto de los dos grandes pasos marítimos. El mensaje es claro: del mismo modo que la región construyó durante décadas alternativas para el petróleo, ahora está intentando crear un “plan B” para los datos.
Esa es probablemente la conclusión más importante. La infraestructura digital global se diseñó asumiendo que ciertos estrechos eran vulnerables pero operables. Lo que ha cambiado en 2026 es que dos de esos pasos han entrado en crisis al mismo tiempo. Y aunque internet no se haya quedado sin rutas por completo, la combinación de guerra, ataques a centros de datos, retrasos en cables nuevos y reparaciones muy condicionadas ha convertido un riesgo conocido en un problema estratégico de primer nivel.
La lección para operadores, hiperescalares y gobiernos europeos es incómoda, pero bastante evidente: ya no basta con asegurar el edificio o desplegar más capacidad dentro de un data center. También hay que proteger, diversificar o rediseñar las rutas que lo conectan con el resto del mundo. Porque el gran susto de estas semanas no ha sido descubrir que los cables existen, sino comprobar hasta qué punto siguen siendo uno de los puntos más frágiles de internet.
Preguntas frecuentes
¿Se ha quedado internet completamente bloqueado entre Europa y Asia?
No. La situación es muy grave para la infraestructura regional y para la resiliencia de las rutas, pero no significa un apagón total de internet entre continentes. El mar Rojo sigue siendo el principal cuello de botella para Europa-Asia, mientras que Ormuz afecta sobre todo a la conectividad del Golfo.
¿Cuántos cables submarinos pasan por el mar Rojo?
Rest of World sitúa en 17 los cables que pasan por el mar Rojo y describe ese corredor como la vía principal para gran parte del tráfico entre Europa, Asia y África.
¿Qué cables pasan por el estrecho de Ormuz?
TeleGeography identifica cuatro cables activos que cruzan Ormuz: AAE-1, FALCON, Gulf Bridge International Cable System y Tata-TGN Gulf.
¿Es cierto que ya han atacado centros de datos en la región?
Sí. Reuters informó de que AWS reconoció que instalaciones en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin resultaron afectadas por ataques con drones en el contexto del conflicto regional.