La carrera por la IA dispara la ola de megacentros de datos en América: del “corredor” de Virginia a Brasil y México

Noviembre de 2025 dejó una imagen difícil de ignorar: América se está convirtiendo en el tablero principal de la nueva infraestructura digital, y los centros de datos —especialmente los diseñados para Inteligencia Artificial— han pasado de ser un asunto técnico a un asunto energético, industrial y geopolítico. En apenas unas semanas se sucedieron anuncios de campus de cientos de megavatios, planes de inversión de decenas de miles de millones de dólares y acuerdos que conectan, por primera vez de forma tan directa, la expansión de la computación con el futuro de la generación eléctrica.

El patrón se repite: la demanda de cómputo para entrenar y operar modelos de IA está empujando a empresas tecnológicas, operadores de centros de datos y fondos de inversión a asegurar suelo, red eléctrica, fibras troncales, agua —o alternativas para reducir su consumo— y contratos de energía a largo plazo. La pregunta ya no es si habrá más centros de datos, sino dónde se construirán, con qué energía se alimentarán y quién podrá sostener el ritmo.

Estados Unidos: del “campus” tradicional a la superfactoría de IA

Entre los movimientos más llamativos está el salto de los proyectos concebidos como “superfactorías” de IA. Microsoft presentó en Atlanta una instalación vinculada a su iniciativa Fairwater, pensada para operar como parte de una red de centros conectados entre estados con enlaces dedicados, de forma que funcionen como una única “fábrica” distribuida para entrenamiento de modelos. La compañía describió un despliegue orientado a cargas masivas, con capacidad de cómputo y almacenamiento a escala de exabytes, y una arquitectura diseñada para trabajar en conjunto con otros nodos de su red. La ambición es clara: construir infraestructura planetaria sin concentrarlo todo en un único punto.

En paralelo, Anthropic anunció una inversión de US$ 50.000 millones para levantar centros de datos en Estados Unidos junto a Fluidstack, empezando por ubicaciones en Texas y Nueva York, con la idea de sumar más emplazamientos después. La compañía, conocida por su familia de modelos Claude, enmarca la decisión en la necesidad de contar con infraestructura “a medida” para su propia demanda de cómputo.

La fiebre inversora también se dejó ver en proyectos regionales de enorme escala. Amazon Web Services comunicó planes de inversión por US$ 15.000 millones para desarrollar nuevos campus en Indiana, un estado que se está posicionando como polo de infraestructura digital. Y Google trasladó al mercado su intención de invertir alrededor de US$ 40.000 millones en centros de datos en Texas, reforzando la concentración de inversión en estados con fuerte disponibilidad de suelo industrial y ecosistemas energéticos en expansión.

En el Medio Oeste, Meta anunció que invertirá más de US$ 1.000 millones en un centro de datos de IA en Beaver Dam (Wisconsin), otro ejemplo de cómo la infraestructura de entrenamiento y operación de IA se está desplazando a ubicaciones que hasta hace poco quedaban fuera del mapa principal de los “hubs” tradicionales.

Virginia se consolida como “corredor” de infraestructura, pero la escala cambia las reglas

Si hay un territorio que resume el auge de los centros de datos en Estados Unidos es Virginia, donde el ecosistema de redes, energía y operadores lleva años madurando. La diferencia ahora es la escala.

Vantage Data Centers anunció un campus de 192 MW cerca de Fredericksburg (condado de Stafford), con una inversión comunicada de US$ 2.000 millones. Es una cifra que, por sí sola, ya sitúa el proyecto en el rango de los grandes despliegues de infraestructura crítica.

En esa misma lógica de “megacampus”, CleanArc Data Centers puso en marcha su primer gran proyecto en el condado de Caroline (Virginia): un campus de 900 MW, con una primera fase de 300 MW prevista para entrar en servicio en el primer trimestre de 2027, y ampliaciones posteriores escalonadas en la próxima década. La potencia anunciada lo acerca a la categoría de infraestructura energética tanto como a la de infraestructura digital.

A ello se sumó la aprobación en Powhatan (Virginia) de un campus con 365 MW iniciales, impulsado por Dominion Energy y gestionado por JLL. El dato relevante no es solo la potencia, sino el mensaje implícito: el despliegue de centros de datos ya se negocia y se planifica con actores energéticos y gestores inmobiliarios como piezas centrales, no como proveedores periféricos.

Energía: la gran restricción que impulsa acuerdos nucleares y megaproyectos eléctricos

Noviembre también dejó una señal de fondo: la IA está forzando a mirar de frente la cuestión energética. Westinghouse —que ha defendido acelerar la construcción de hasta 10 reactores AP1000 en Estados Unidos de aquí a 2030— y Google Cloud anunciaron una colaboración para aplicar herramientas digitales e Inteligencia Artificial a la construcción y operación nuclear, con la promesa de reducir fricciones en un sector donde los plazos y la complejidad suelen convertirse en el mayor coste.

La presión no es teórica. En Carolina del Norte, Energy Storage Solutions (E22) comunicó un campus de 900 MW valorado en US$ 19.200 millones en el área de Kingsboro (condado de Edgecombe), con previsión de comenzar obras en 2026. La magnitud del proyecto desató debate local: medios regionales subrayaron que el consumo previsto equivaldría a la producción total de una central nuclear del estado, una comparación que ilustra por qué los centros de datos ya están en el centro de la conversación pública.

En Sudamérica, la energía volvió a aparecer como elemento estructural: Guyana acordó con Cerebras la construcción de un centro de datos de IA de 100 MW alimentado por gas natural, vinculado al complejo Wales Gas-to-Energy. El país busca convertir su nueva realidad energética en una palanca de desarrollo tecnológico.

Latinoamérica: México, Brasil, Chile y Colombia entran en la fase de grandes apuestas

En paralelo al empuje estadounidense, varios anuncios reforzaron el posicionamiento de Latinoamérica como región de crecimiento, especialmente en torno a cloud e IA.

Actis lanzó la plataforma TERRANOVA, con un plan de inversión de US$ 1.500 millones para desarrollar campus de centros de datos en México, Brasil y Chile. El primer proyecto se ubicará en Querétaro y apunta a iniciar su desarrollo a principios de 2026, con un calendario que contempla Brasil a continuación y Chile más adelante.

En México también se anunció el proyecto para instalar el primer Centro de Cómputo de Alto Rendimiento e IA en América Latina, en Nuevo León, con inversión inicial de US$ 1.000 millones liderada por AI-GDC y Cipre Holding. El caso, sin embargo, mostró la sensibilidad del mercado ante los titulares: NVIDIA desmintió que vaya a realizar inversión financiera directa, aunque el proyecto se presenta como apoyado en su tecnología.

Brasil vivió uno de los movimientos más mediáticos: el proyecto de centro de datos asociado a TikTok en el complejo portuario de Pecém (Ceará) avanzó con la incorporación de Omnia, respaldada por Patria Investimentos. Reuters situó el proyecto en 50.000 millones de reales (unos US$ 9.250 millones), con 300 MW de consumo y operaciones previstas para 2027, en alianza con Casa dos Ventos.

Chile, por su parte, dio luz verde ambiental al Data Hall Quilicura de Ascenty, un proyecto de US$ 140 millones cuya construcción comenzará en enero de 2026. Y en Colombia, Claro finalizó la modernización del Triara Megacenter en Medellín con una inversión superior a US$ 13 millones, reforzando capacidades en nube, IA y ciberseguridad.

A nivel operativo regional, NextStream anunció un centro de gestión integrada para operar en tiempo real 10 centros de datos distribuidos en cinco países de Latinoamérica, una pieza que apunta a profesionalizar y centralizar la operación a gran escala.

Otros anuncios que también destacaron en ese periodo

Además de la lista principal, en el radar de la industria se colaron otros movimientos relevantes recogidos en el mismo periodo por medios especializados: desde el cierre del proyecto de infraestructura de AWS conocido como Project Rainier hasta nuevos planes en Wisconsin ligados a capacidad masiva para IA, señales de que el mapa de centros de datos en Estados Unidos sigue expandiéndose más allá de los hubs clásicos.


Preguntas frecuentes

¿Qué significa que un campus de centros de datos tenga 900 MW y por qué es una cifra tan importante?
Implica que el proyecto compite en escala con grandes infraestructuras energéticas, y obliga a planificar red eléctrica, subestaciones y contratos de suministro como parte central del desarrollo.

¿Por qué se habla de reactores nucleares y gas natural cuando se anuncian centros de datos de IA?
Porque el entrenamiento de modelos de IA requiere electricidad constante y masiva; asegurar generación firme —nuclear o gas— se está convirtiendo en una ventaja estratégica para atraer inversión.

¿Qué diferencia a un “data center de IA” de un centro de datos tradicional de cloud?
Suele diseñarse para alta densidad de cómputo (muchas GPUs), redes internas más rápidas y refrigeración avanzada, con el objetivo de entrenar modelos y operar inferencia a gran escala.

¿Qué regiones de América están captando más inversión en data centers y por qué?
Estados como Virginia, Texas e Indiana concentran anuncios por su mezcla de suelo disponible, conectividad y capacidad energética; en Latinoamérica destacan polos como Querétaro, Nuevo León y Pecém por su estrategia industrial y conectividad.

encuentra artículos

newsletter

Recibe toda la actualidad del sector tech y cloud en tu email de la mano de RevistaCloud.com.

Suscripción boletín

LO ÚLTIMO

Las últimas novedades de tecnología y cloud

Suscríbete gratis al boletín de Revista Cloud. Cada semana la actualidad en tu buzón.

Suscripción boletín
×