La “cadena Optimus” de Tesla mira a EE. UU., pero sigue atada a los proveedores chinos

Tesla quiere convertir a Optimus en el gran giro estratégico de la compañía: un robot humanoide capaz de trabajar en fábricas, realizar tareas repetitivas y, con el tiempo, entrar en hogares y entornos profesionales. Elon Musk ha insistido en trasladar la producción y el ensamblaje final a Estados Unidos, en línea con la idea de “reindustrializar” la fabricación avanzada. Sin embargo, la realidad de la robótica moderna es menos patriótica y mucho más práctica: el músculo de componentes, subensambles y materiales críticos sigue concentrado en China.

Es lo que algunos analistas ya describen como una “Optimus chain”: una red de suministros que, incluso si el robot termina montándose en suelo estadounidense, depende de un ecosistema asiático maduro para las piezas que hacen posible que un humanoide sea algo más que una demo.

El salto de la automoción a los humanoides

Tesla no está tratando a Optimus como un experimento marginal. En su documentación corporativa y en declaraciones recientes, la empresa ha reiterado su hoja de ruta: presentar la tercera generación del robot (Gen 3) en el primer trimestre de 2026, preparar la primera línea de producción y arrancar la fabricación antes de que termine 2026, con la ambición de escalar hasta una capacidad planificada de 1.000.000 de robots al año. En el mismo material, Tesla sitúa el proyecto de Optimus en California como “en construcción”, un matiz que sugiere despliegue industrial y no solo laboratorio.

El mensaje se refuerza en paralelo con movimientos internos: Musk llegó a plantear que Tesla finalice la producción de los Model S y Model X en el segundo trimestre de 2026 para liberar espacio en la planta de Fremont y priorizar Optimus. La señal es clara: el robot deja de ser un concepto futurista y pasa a competir por metros cuadrados, inversiones y recursos de una fábrica real.

China, la ventaja invisible: piezas, experiencia y escala

En robótica humanoide, “tener una idea” no basta. Hay que convertirla en actuadores fiables, reductores compactos, motores precisos, sensores, cableado, baterías, placas, conectores y cientos de componentes que deben encajar con tolerancias milimétricas. Y ahí China parte con ventaja.

Según fuentes del sector citadas por medios especializados, Tesla comenzó ya hace unos tres años a trabajar con cientos de proveedores chinos, no solo comprando piezas, sino colaborando con algunos en investigación y desarrollo y en el diseño de hardware. La foto que se dibuja es la de una relación profunda: proveedores que no se limitan a servir catálogo, sino que participan en cómo se define el propio producto.

El argumento de fondo lo resumía un análisis reciente: aunque el ensamblaje final se ubique en EE. UU., la “cadena” de la robótica seguirá dependiendo de China por volumen de fabricación, velocidad y especialización en componentes clave. No es una dependencia anecdótica: se habla de la mayoría de materiales y suministros críticos concentrados allí, con riesgo directo si el comercio se enreda en restricciones o licencias.

El precio de “desconectar” de China: un robot casi tres veces más caro

Un dato ilustra por qué esta dependencia no se corrige con un simple “vamos a traerlo a casa”. Morgan Stanley estimó que desarrollar una cadena de suministro para Optimus Gen 2 sin participación china elevaría casi por tres el coste de fabricación.

El ejemplo más llamativo está en los actuadores, el corazón mecánico que mueve las articulaciones. Sin China, su coste pasaría aproximadamente de 22.000 a 58.000 dólares. El bloque de chips y software también subiría (de unos 3.000 a 7.000 dólares). Y, en conjunto, el “bill of materials” (lista total de materiales) se dispararía de alrededor de 46.000 a 131.000 dólares, con incrementos similares en manos “diestras”, pies, visión artificial y baterías.

En otras palabras: fabricar un humanoide competitivo no es solo un reto de ingeniería, también es una carrera por dominar la cadena de valor y el coste unitario. Si Tesla quiere que Optimus llegue a un precio viable para empresas (y, más adelante, consumidores), cortar de golpe con la cadena china no sería un paso técnico, sino una sentencia económica.

El cuello de botella de las tierras raras: cuando una pieza detiene el calendario

La dependencia no se limita a tornillos o carcasas. Hay un punto especialmente delicado: los imanes y materiales vinculados a tierras raras, fundamentales para motores y actuadores.

En abril de 2025, Musk ya reconoció que la producción de Optimus se vio afectada por restricciones chinas a la exportación de imanes de tierras raras. Según explicó, China pedía garantías de que esos materiales no tendrían uso militar, y Tesla trabajaba para conseguir licencias de exportación, un proceso que puede prolongarse durante semanas o meses. Es un ejemplo de manual: incluso con diseño propio y ambición industrial, un solo componente regulado puede frenar el escalado.

Esa fragilidad convierte la “Optimus chain” en un tablero geopolítico. Si los permisos se endurecen o los flujos se ralentizan, el golpe no se mide en titulares, sino en líneas de producción paradas, retrasos y costes extra.

Un pulso industrial con efecto dominó

La apuesta de Tesla llega en un momento en el que China no solo fabrica componentes: también está construyendo su propio liderazgo en robótica humanoide. Morgan Stanley señalaba que China ha emitido cinco veces más patentes relacionadas con humanoides que Estados Unidos en los últimos cinco años, una cifra que sugiere músculo de innovación además de músculo industrial.

Para Tesla, el desafío se parece al de la electrónica de consumo en su día: la marca puede diseñar, integrar y definir el producto final, pero la cadena de suministro global decide qué es posible fabricar, a qué coste y con qué ritmo.

La gran pregunta ya no es si Optimus caminará mejor o tendrá una mano más sofisticada. La pregunta es si Tesla será capaz de industrializarlo sin quedar atrapada entre dos fuerzas que tiran en direcciones opuestas: el deseo de producir en EE. UU. y la realidad de una cadena de suministro que, hoy por hoy, sigue hablando mandarín.


Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente la “Optimus chain” y por qué importa?
Es la red de proveedores, materiales y subcomponentes necesarios para fabricar el robot Optimus. Importa porque, aunque el ensamblaje final se haga en Estados Unidos, muchas piezas críticas siguen dependiendo de fabricantes y suministros concentrados en China.

¿Qué componentes hacen más difícil fabricar un humanoide fuera de China?
Los actuadores (mecanismos que mueven las articulaciones) aparecen como el mayor factor de coste y complejidad. También pesan los sistemas de visión, baterías, manos “diestras” y componentes electrónicos integrados, además de materiales regulados como imanes de tierras raras.

¿Cuándo planea Tesla empezar a fabricar Optimus a escala?
Tesla ha indicado que desvelará Optimus Gen 3 en el primer trimestre de 2026 y que planea iniciar la producción antes de que termine 2026, con una capacidad planificada a largo plazo de 1.000.000 de robots al año.

¿Por qué las tierras raras son un riesgo para el calendario de Optimus?
Porque parte de los imanes y materiales usados en motores y actuadores están sujetos a controles de exportación. Tesla ya ha admitido que restricciones chinas afectaron a la producción, obligando a gestionar licencias y validaciones adicionales.

vía: scmp

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