La batería reemplazable de la UE tendrá excepciones para smartwatches

La normativa europea que obligará a facilitar la sustitución de baterías desde febrero de 2027 no afectará por igual a todos los dispositivos electrónicos. La Comisión Europea estudia excepciones para relojes inteligentes, pulseras de actividad y otros equipos de pequeño tamaño cuando permitir el cambio por parte del usuario pueda comprometer la seguridad, la resistencia al agua o el funcionamiento del producto.

Las claves de la batería reemplazable en 20 segundos

  • La obligación general se aplicará desde el 18/02/2027.
  • Los smartwatches podrían quedar exentos del cambio realizado por el usuario.
  • La excepción no estaría reservada al Apple Watch ni a una marca concreta.
  • Los móviles siguen otra regulación con requisitos de durabilidad, protección IP y reparación profesional.

La medida se ha interpretado como una concesión al Apple Watch, pero no existe una exención individual negociada para Apple. Las normas europeas se aplican a categorías de producto, así que cualquier excepción alcanzaría también a dispositivos equivalentes de Samsung, Garmin, Google, Huawei y otros fabricantes.

El matiz es importante. Quedar fuera de la obligación de que el usuario sustituya la batería no significa necesariamente que el componente pueda quedar sellado de forma permanente. La regulación puede permitir que el cambio lo realice un profesional siempre que existan recambios, documentación y un procedimiento que no destruya el dispositivo.

El problema técnico de abrir un reloj inteligente

Los smartwatches presentan dificultades que no aparecen con la misma intensidad en otros productos electrónicos. Una carcasa de pocos milímetros debe alojar la pantalla, la batería, el procesador, sensores biométricos, antenas, motores hápticos y circuitos de carga.

Cada décima de milímetro cuenta. Introducir una tapa desmontable, tornillos adicionales o un sistema de extracción accesible puede obligar a reducir la capacidad de la batería, aumentar el grosor o modificar la distribución interna.

También está la resistencia al agua. Muchos relojes inteligentes se utilizan durante la práctica deportiva, bajo la lluvia o incluso en natación. Mantener un sellado estable requiere adhesivos, juntas y tolerancias de fabricación muy precisas.

Una apertura diseñada para que cualquier usuario cambie la batería añade puntos potenciales de entrada de humedad. El problema no termina en abrir el dispositivo: también debe poder cerrarse de nuevo con garantías similares a las originales.

Las baterías de ion de litio añaden otro riesgo. Son pequeñas, están pegadas cerca de otros componentes y pueden deformarse o perforarse durante una manipulación incorrecta. Un destornillador, una herramienta metálica o una presión mal aplicada pueden provocar un cortocircuito interno.

Por este motivo, la Comisión Europea estudia si determinados dispositivos ponibles deben quedar exentos de la sustitución directa por parte del consumidor. La discusión no consiste únicamente en proteger a los fabricantes de un rediseño, sino en decidir cuándo una reparación doméstica resulta razonable y cuándo debería reservarse a un técnico.

El Apple Watch encaja en esa categoría porque utiliza una batería integrada bajo la pantalla y una carcasa diseñada para mantener su sellado. Pero la misma dificultad aparece en la mayoría de relojes inteligentes actuales.

La excepción, si se aprueba en los términos estudiados, no validaría automáticamente cualquier diseño. Los fabricantes podrían tener que demostrar que la sustitución por el usuario supone un riesgo técnico o de seguridad que no puede reducirse de forma razonable.

Qué exige realmente el Reglamento europeo de baterías

El Reglamento (UE) 2023/1542 establece que desde el 18/02/2027 las baterías portátiles incorporadas en numerosos dispositivos deberán poder retirarse y sustituirse durante la vida útil del producto.

La norma afecta a una amplia variedad de equipos, entre ellos auriculares, altavoces, lectores electrónicos, juguetes, cámaras, mandos, consolas portátiles y dispositivos conectados. No obliga a recuperar las antiguas tapas traseras de los teléfonos móviles ni exige que la batería pueda extraerse con la mano.

Una batería puede permanecer dentro de la carcasa y requerir herramientas. El requisito es que la operación pueda realizarse sin destruir el aparato, sin conocimientos profesionales y sin recurrir a equipos difíciles de conseguir.

El uso de adhesivos tampoco queda prohibido por completo. Un fabricante puede seguir fijando la batería con pegamento siempre que este permita retirarla mediante un procedimiento razonable.

Los problemas aparecen cuando la extracción exige aplicar calor, utilizar disolventes, cortar adhesivos muy resistentes o desmontar componentes delicados que pueden romperse. La regulación intenta evitar que un cambio de batería termine convertido en una reparación compleja.

La accesibilidad física es solo una parte. También deben existir baterías compatibles, instrucciones y repuestos disponibles durante los plazos establecidos. Una batería reemplazable sobre el papel aporta poco si el fabricante deja de venderla poco después de retirar el dispositivo del mercado.

La norma tampoco impide que determinados cambios queden en manos de reparadores profesionales. Esa posibilidad ya aparece en otras regulaciones europeas y permite mantener diseños cerrados cuando existen razones técnicas justificadas.

Los móviles tienen unas condiciones diferentes

Los teléfonos inteligentes y las tabletas están sujetos al Reglamento (UE) 2023/1670 de diseño ecológico, aplicable desde el 20/06/2025. Sus requisitos no son idénticos a los del Reglamento general de baterías.

Un fabricante puede limitar la sustitución de la batería de un smartphone a reparadores profesionales cuando el dispositivo cumple determinadas condiciones de resistencia y duración.

En los teléfonos, una de esas condiciones es contar con protección mínima IP67 frente al polvo y al agua. La batería también debe conservar al menos el 83 % de su capacidad nominal después de 500 ciclos completos y un mínimo del 80 % tras 1.000 ciclos.

Las tabletas siguen un esquema parecido, aunque el nivel mínimo de protección exigido es IP42. En ambos casos, cumplir los requisitos no elimina la obligación de que la batería pueda cambiarse. Lo que cambia es quién puede realizar la intervención.

Por eso no es correcto afirmar que cualquier móvil con IP67 queda automáticamente exento. Tampoco basta con que el fabricante anuncie una retención del 80 % después de 1.000 ciclos.

Cada modelo debe cumplir todas las condiciones aplicables y documentar su conformidad. Los fabricantes también deben mantener determinados recambios disponibles durante varios años después de dejar de vender el dispositivo.

Las cifras de degradación plantean además un reto técnico. Garantizar un 80 % de capacidad tras 1.000 ciclos depende de la química de la celda, la gestión térmica, los límites de carga, el voltaje y el comportamiento del software.

Algunos fabricantes ya reducen la velocidad de carga cuando la batería está caliente, limitan temporalmente el 100 % o aprenden los horarios del usuario para completar la carga poco antes de que retire el dispositivo del enchufe. Estas medidas pueden alargar la vida útil, pero también condicionan la experiencia de uso.

El impacto en el diseño de los próximos dispositivos

La regulación obligará a revisar el diseño interno de muchos productos. Los fabricantes tendrán que elegir entre facilitar el acceso a la batería, demostrar que cumplen una excepción o reservar la sustitución a profesionales bajo las condiciones permitidas.

En dispositivos de mayor tamaño, la adaptación puede consistir en introducir tornillos, lengüetas adhesivas o módulos independientes. En auriculares y relojes, donde el espacio es mucho más limitado, el cambio resulta más complejo.

Una batería extraíble puede reducir la densidad energética del conjunto porque necesita una carcasa propia, conectores y espacio adicional. Ese coste puede traducirse en menos autonomía o en productos algo más grandes.

También existe una consecuencia positiva para el diseño. La obligación de pensar en la reparación desde el principio puede evitar estructuras en las que pantalla, batería y placa estén unidos de forma que reemplazar una pieza obligue a desmontar todo el dispositivo.

La industria tendrá que decidir si crea modelos específicos para Europa o adopta el mismo diseño en todos los mercados. Mantener una única versión simplifica fabricación, certificación y logística, por lo que algunos cambios europeos podrían terminar extendiéndose a otros países.

El resultado dependerá de cómo se redacten las excepciones. Una exclusión demasiado amplia permitiría conservar buena parte de los diseños actuales. Una norma demasiado rígida podría penalizar la autonomía, el tamaño o la protección frente al agua sin ofrecer una mejora proporcional.

El punto intermedio pasa por exigir que las baterías puedan sustituirse durante la vida útil del producto, aunque en determinados equipos pequeños la intervención quede reservada a un profesional.

Preguntas frecuentes

¿El Apple Watch tendrá que llevar una batería extraíble en 2027?

No necesariamente. Podría acogerse a una excepción para dispositivos ponibles pequeños, aunque no existe una exención exclusiva concedida a Apple.

¿La Unión Europea prohíbe pegar las baterías?

No de forma absoluta. Los adhesivos pueden utilizarse si permiten retirar la batería sin calor, disolventes o procedimientos que dañen el dispositivo.

¿Un móvil IP67 queda fuera de la obligación de batería reemplazable?

No automáticamente. También debe cumplir los requisitos de conservación del 83 % de capacidad tras 500 ciclos y del 80 % después de 1.000 ciclos.

¿Una batería reemplazable tiene que poder cambiarla el usuario?

La regla general busca que el usuario pueda hacerlo, pero determinadas categorías pueden permitir que la sustitución quede en manos de reparadores profesionales.

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