Irán supera ya los diez días casi sin internet global

Irán sigue prácticamente aislado de internet más de diez días después del nuevo apagón digital que comenzó el 28 de febrero, en plena escalada militar con Estados Unidos e Israel. La situación no responde a una caída técnica puntual ni a un simple problema de red: organizaciones de monitorización y de derechos digitales describen un corte casi total, con el tráfico internacional hundido y millones de personas sin acceso normal a la red global en uno de los momentos más delicados para la población civil.

Los datos que más se repiten en estos días apuntan todos en la misma dirección. NetBlocks informó el 9 de marzo de que el apagón había entrado en su décimo día con una conectividad situada en torno al 1 % de los niveles habituales. Dos días después, Access Now seguía calificando la situación como un apagón casi total iniciado el 28 de febrero, mientras Human Rights Watch recordaba que Cloudflare Radar había detectado una caída del 98 % del tráfico al comienzo del corte. Con el calendario ya en 13 de marzo, el bloqueo supera con claridad los diez días consecutivos.

iran traffic volumen
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La coincidencia temporal con los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel sobre Irán ha convertido el apagón en una pieza más del actual escenario de guerra. Reuters informó el 28 de febrero de que ambos países lanzaron ataques sobre territorio iraní, abriendo una nueva fase de confrontación regional. En ese mismo contexto, grupos como Access Now y Human Rights Watch sostienen que las autoridades iraníes recurrieron de nuevo al apagón como herramienta de control de la información y de aislamiento interior.

Un país desconectado en mitad de la crisis

Lo más grave del caso no es solo el porcentaje de tráfico perdido, sino lo que significa en la práctica. Cuando la conectividad cae hasta niveles próximos al 1 %, el resultado no es una navegación lenta o intermitente, sino un país casi incapaz de comunicarse con el exterior con normalidad. En estas circunstancias, aplicaciones de mensajería, servicios internacionales, medios, plataformas de trabajo, herramientas de verificación y canales de emergencia dejan de funcionar o quedan reservados a una minoría con acceso privilegiado o soluciones alternativas.

Human Rights Watch ha denunciado que este cierre de las comunicaciones aumenta el riesgo para la población civil porque corta el acceso a información urgente en pleno conflicto, dificulta el contacto con familiares y bloquea la documentación independiente de posibles abusos. Access Now ha insistido en el mismo argumento: un apagón de internet durante una guerra no solo restringe la libertad de información, sino que puede tener consecuencias directas sobre la seguridad, la salud y la supervivencia de quienes están atrapados sobre el terreno.

Además, el aislamiento no parece afectar por igual a todo el ecosistema digital. Human Rights Watch señaló que medios afines al Estado habían indicado que solo determinados sitios previamente aprobados seguían accesibles a través de la Red Nacional de Información iraní. Esa arquitectura, que Irán lleva años desarrollando, permite mantener una parte de los servicios internos bajo control estatal mientras se corta el acceso abierto a la red global. No es una desconexión caótica, sino una restricción deliberada y selectiva.

El nuevo corte llega tras otro gran apagón en enero

Este episodio tampoco es un hecho aislado. Irán ya había vivido en enero de 2026 otro apagón nacional prolongado, impuesto tras las protestas antigubernamentales. Reuters informó entonces de que el bloqueo había comenzado el 8 de enero y seguía causando graves daños a empresas y trabajadores semanas después. Human Rights Watch habló de un cierre de 21 días acompañado de fuertes restricciones de comunicación. Ese precedente ayuda a entender por qué las organizaciones de derechos digitales temen que el país avance hacia una forma de aislamiento cada vez más estructural.

En enero, Reuters ya describía una situación en la que la red doméstica iraní permitía solo accesos limitados a servicios como webs gubernamentales o intranets escolares, mientras seguía sin restablecerse una conexión amplia al internet global. Es decir, el modelo que ahora vuelve a verse en marzo ya había sido ensayado antes: una especie de internet interior, filtrado y vigilado, útil para determinadas funciones estatales, pero insuficiente para la vida digital normal de empresas, profesionales, medios y ciudadanos.

Ese contexto también explica por qué el nuevo apagón preocupa tanto fuera de Irán. No se trata únicamente de una medida coyuntural en medio de una guerra, sino de una señal más de que el régimen dispone ya de mecanismos capaces de reducir drásticamente la conectividad exterior durante largos periodos. Cuando esa capacidad se normaliza, el apagón deja de ser una excepción y pasa a convertirse en una herramienta de gobierno.

El impacto va más allá de la política

Las consecuencias económicas y sociales de estos cortes son profundas incluso cuando no hay una cifra única que resuma todos los daños. Reuters ya documentó en enero el malestar de empresarios y cámaras de comercio por una desconexión que golpeaba a negocios, exportadores y trabajadores de la economía digital. Cuando la conexión internacional desaparece, no solo se apagan redes sociales o aplicaciones de ocio: también se interrumpen pagos, comunicaciones comerciales, autenticaciones, herramientas de trabajo remoto y canales básicos para operar con el exterior.

En marzo, ese problema se agrava porque el apagón coincide con bombardeos, tensión regional y un flujo de información especialmente sensible. En un escenario así, la red deja de ser únicamente una infraestructura económica y pasa a ser también una infraestructura humanitaria. Sin internet, verificar alertas, conocer zonas afectadas, avisar a familiares o acceder a información independiente resulta mucho más difícil. Por eso organizaciones internacionales insisten en que este tipo de bloqueos no pueden tratarse como una mera decisión técnica de orden público.

Lo que está ocurriendo en Irán también anticipa un debate global que va más allá del país. La guerra, la censura y la soberanía digital están empezando a cruzarse de una forma cada vez más agresiva. Cuando un Estado puede reducir casi a cero su tráfico internacional y dejar operativa solo una red interior aprobada por el poder, internet deja de ser un espacio abierto por defecto y pasa a depender, de forma brutal, de decisiones políticas y militares. Irán no es el único lugar donde se discute ese riesgo, pero sí uno de los ejemplos más duros y visibles de hasta dónde puede llegar.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo lleva Irán casi sin internet global?

El nuevo apagón comenzó el 28 de febrero de 2026 y seguía activo el 11 de marzo, según Access Now. NetBlocks informó el 9 de marzo de que ya había entrado en su décimo día, por lo que a 13 de marzo supera claramente los diez días consecutivos.

¿Qué nivel de conectividad mantiene Irán durante el apagón?

NetBlocks situó la conectividad en torno al 1 % de los niveles normales el 9 de marzo, mientras Human Rights Watch señaló que Cloudflare Radar registró una caída inicial del 98 % del tráfico al comienzo del corte.

¿El apagón de internet en Irán fue un fallo técnico o una decisión política?

Las organizaciones que siguen el caso lo presentan como una medida impuesta por las autoridades iraníes en un contexto de guerra y control de la información, no como una avería aislada o un ciberataque accidental.

¿Sigue funcionando algo de internet dentro de Irán?

Sí, pero de forma muy limitada. Reuters ya explicó en enero que la red doméstica iraní permitía accesos restringidos a algunos servicios internos, y Human Rights Watch indicó en marzo que solo ciertos sitios preaprobados seguían accesibles a través de la Red Nacional de Información.

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