Intel y AMD alertan a China: las CPU de servidor entran en la lista de “cuellos de botella” de 2.026

Durante más de un año, el debate sobre la infraestructura para Inteligencia Artificial (IA) se ha contado casi siempre con el mismo protagonista: las GPU. Sin embargo, el mercado empieza a enseñar otra cara de la misma tormenta. Las CPU de servidor —la columna vertebral del “cómputo tradicional” que sostiene virtualización, redes, almacenamiento, bases de datos y el día a día de cualquier centro de datos— también se están convirtiendo en un recurso escaso. Y, en China, esa presión se está traduciendo ya en avisos formales de plazos de entrega inusualmente largos.

Según información publicada esta semana, Intel ha comunicado a algunos clientes chinos que determinadas CPU Xeon de 4.ª y 5.ª generación pueden llegar a acumular esperas de hasta 6 meses. AMD, por su parte, ha trasladado demoras de entre 8 y 10 semanas en ciertos modelos EPYC. En un mercado acostumbrado a planificar despliegues por trimestres, ese tipo de calendarios rompe presupuestos, altera contratos y obliga a rediseñar compras con un margen de maniobra mucho menor.

Por qué la IA también “se come” las CPU

La explicación rápida es que la IA no vive solo de aceleradores. Un clúster moderno de IA necesita un ecosistema completo alrededor: servidores para orquestación, almacenamiento, servicios de datos, seguridad, virtualización, monitorización y front-ends que alimenten los pipelines. A medida que las compañías pasan del piloto a la producción, la factura en “cómputo general” crece a la vez que el número de GPU.

A esto se suma un fenómeno más reciente: la llegada de sistemas de IA agéntica (capaces de encadenar tareas, operar herramientas y ejecutar flujos más complejos que un chatbot) aumenta la demanda de recursos en servidores que, sin ser aceleradores, siguen siendo imprescindibles para mover trabajo real en entornos empresariales.

Un golpe directo a precios, planificación y poder de negociación

El siguiente efecto es casi automático: cuando el suministro se estrecha, los precios dejan de comportarse como una variable estable. En China, se ha señalado que algunos procesadores con problemas de disponibilidad han registrado subidas superiores al 10 %, una cifra significativa en compras por volumen donde cada punto porcentual cuenta.

Intel, además, estaría racionando entregas de algunos modelos para gestionar la acumulación de pedidos pendientes, una medida que suele aparecer cuando el fabricante prefiere proteger relaciones estratégicas o repartir la escasez antes que asumir un atasco total. AMD, aunque con plazos más cortos, también refleja tensión: si el mercado está pidiendo CPU de servidor a un ritmo que no estaba en las previsiones, la elasticidad real de la cadena de suministro se demuestra en semanas… o en meses.

Fabricación bajo presión: rendimientos, capacidad y prioridades

Detrás de esos retrasos conviven varios factores. En el caso de Intel, se ha apuntado a limitaciones de fabricación y rendimientos (el porcentaje de chips válidos por oblea) como parte del problema. Para AMD, la dependencia de fundición externa añade otra capa: la capacidad global de fabricación y empaquetado se está reordenando alrededor de productos ligados a la IA, con una competencia feroz por los mismos recursos industriales.

En paralelo, el mercado está viviendo un encarecimiento de componentes críticos para cualquier servidor, especialmente la memoria. De hecho, la presión no solo se nota en el “precio final”, sino en cómo se firman los acuerdos: en memoria, los grandes fabricantes habrían empezado a introducir contratos más cortos y fórmulas de “post-liquidación”, donde el precio puede ajustarse después para reflejar el mercado. Es una señal clara de un ciclo en el que el proveedor intenta no quedar atrapado en un precio fijo si la escasez continúa.

El resultado es un entorno donde los departamentos de compras pierden palancas clásicas (compromisos largos, descuentos por volumen estables) y ganan peso variables como la flexibilidad de SKU, la capacidad de aceptar alternativas y la planificación anticipada.

China, un termómetro sensible para Intel… y una prueba de estrés para todos

El foco en China no es casual. Para Intel, el país es un mercado de enorme peso y, al mismo tiempo, una plaza donde confluyen inversión en centros de datos, urgencia por escalar IA y una dinámica de suministro cada vez más vigilada. Los clientes que aparecen en el radar van desde grandes fabricantes de servidores hasta actores de nube de primera línea.

En este contexto, el dato de fondo es igualmente relevante: el mercado de CPU de servidor ya venía en transición. Intel ha cedido cuota en los últimos años, mientras AMD ha ganado terreno, y esa redistribución se produce justo cuando la demanda total aumenta. Dicho de otra forma: no es solo “quién vende más”, sino que el volumen global crece y cualquier desviación en capacidad se convierte en un cuello de botella inmediato.

Qué puede pasar en 2.026: del “just in time” al “just in case”

La industria de centros de datos lleva años afinando cadenas de suministro para operar con inventarios ajustados. Pero la IA está empujando al sector hacia otra lógica: comprar antes, asegurar cupos, aceptar contratos menos cómodos y, en algunos casos, rediseñar despliegues.

A corto plazo, la consecuencia más probable es que proyectos de infraestructura en China —y por arrastre, en otras regiones— tengan que recalcular cronogramas: no por falta de racks o energía, sino por el componente más básico de todos, la CPU. A medio plazo, el mercado podría moverse hacia acuerdos más dinámicos (y más caros), en la línea de lo que ya se observa en memoria: contratos más cortos, más renegociación y más variabilidad de precio.

En un sector donde “tiempo” es dinero —y donde cada semana de retraso en capacidad instalada puede significar perder oportunidades—, 2.026 se perfila como el año en el que la infraestructura de IA deja de medirse solo en GPU y empieza a medirse en la suma de todas sus piezas críticas.


Preguntas frecuentes

¿Qué significa que una CPU de servidor tenga “plazo de entrega” de hasta 6 meses?
Que, desde la confirmación del pedido, el fabricante o canal puede tardar hasta medio año en servir unidades concretas. En proyectos de centro de datos, eso obliga a reservar capacidad y planificar despliegues con mucha más antelación.

¿Por qué la infraestructura de IA necesita tantas CPU si lo importante son las GPU?
Porque las GPU aceleran el entrenamiento e inferencia, pero el sistema completo requiere CPU para orquestar trabajos, mover datos, virtualizar servicios, operar almacenamiento y ejecutar tareas auxiliares que mantienen el clúster funcionando.

¿Qué impacto tiene la subida de memoria en la disponibilidad de CPU de servidor?
La memoria es un componente esencial del servidor. Cuando sube de precio o escasea, muchos clientes aceleran compras para asegurar suministro, lo que puede disparar pedidos de plataformas completas (CPU + memoria + placa + red) y tensionar inventarios.

¿Cómo pueden prepararse empresas y administradores de sistemas ante retrasos en Xeon o EPYC?
Normalmente, ampliando ventanas de compra, homologando alternativas (distintas gamas o configuraciones), diseñando arquitecturas más flexibles y evitando depender de un único SKU crítico para todo el despliegue.

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