India quiere llevar la nube a la órbita: Agnikul y NeevCloud anuncian centros de datos espaciales para IA

La carrera por la infraestructura de Inteligencia Artificial ya no se libra solo en polígonos industriales, desiertos con subestaciones eléctricas y grandes campus de “hiperescalares”. En las últimas semanas, un nuevo concepto ha vuelto a ganar protagonismo: subir capacidad de cómputo al espacio para ejecutar inferencia de IA en órbita. En ese contexto, la firma india de tecnología espacial Agnikul Cosmos y el proveedor de nube para IA NeevCloud han firmado un acuerdo para lanzar un módulo de “centro de datos” en órbita antes de que termine 2026, utilizando una plataforma que aprovecha una pieza clave del cohete: su etapa superior.

El anuncio coloca a India en una conversación que hasta ahora sonaba más a futurismo que a calendario, pero que empieza a llenarse de planes concretos, presentaciones a reguladores y acuerdos comerciales. La idea, resumida: si la IA necesita cada vez más energía y más silicio, quizá parte de esa demanda pueda desplazarse a una infraestructura orbital alimentada por el Sol, con nodos de cómputo cerca de donde se generan o capturan datos (satélites, sensores, enlaces de comunicaciones), y con promesas de nuevos modelos de latencia, seguridad y disponibilidad.

Una etapa superior que no se desecha, sino que se “recicla” como plataforma en órbita

Agnikul, incubada en el ecosistema de IIT Madras y conocida por desarrollar cohetes con componentes impresos en 3D, propone un giro respecto a la lógica tradicional del lanzamiento: en vez de descartar la etapa superior una vez liberada la carga útil, su tecnología pretende convertir esa parte del cohete en un activo funcional en el espacio, capaz de alojar hardware y software.

El consejero delegado de Agnikul, Srinath Ravichandran, lo explicó con una frase que retrata el cambio de mentalidad: la etapa superior “se mantiene activa y funcional” para convertirse en un recurso reutilizable que pueda hospedar capacidades de cómputo o de datos. En otras palabras, el vehículo que “sube” algo a órbita también podría convertirse en “dónde” vive parte de la infraestructura.

NeevCloud, por su parte, aporta el enfoque de nube e IA. Su fundador y CEO, Narendra Sen, eleva el tono: no se trataría solo de un centro de datos aislado, sino de una “capa” nueva de infraestructura de inferencia orbital. La terminología (“orbital edge”, “space data centre modules”) busca encajar el concepto en el lenguaje ya conocido por desarrolladores y arquitectos: edge computing, pero con el borde del sistema literalmente en órbita baja (LEO).

Calendario: piloto antes de que termine 2026 y escalado a más de 600 nodos

Según la información difundida por medios indios del sector, el acuerdo contempla un primer piloto que debería lanzarse antes de que finalice 2026. Si la validación técnica y operativa sale bien, el plan es ambicioso: superar los 600 “Orbital Edge data centres” en los tres años posteriores al éxito del piloto.

Esa cifra, por sí sola, funciona como declaración de intenciones. Incluso si el término “centro de datos” en órbita no equivale a un CPD terrestre con miles de racks, la escala proyectada sugiere una apuesta por modularidad: muchos nodos pequeños, repetibles, actualizables y distribuidos, con despliegues sucesivos.

¿Para qué serviría una “nube” en el espacio?

El caso de uso que se repite en los comunicados es el de inferencia en tiempo real: ejecutar modelos cerca del punto donde se requieren decisiones rápidas o donde se generan datos que no conviene bajar íntegros a tierra. El discurso incluye industrias sensibles como defensa y finanzas, asociadas además a un argumento que en 2026 pesa especialmente: control soberano del dato y mitigación de riesgos geopolíticos.

La propuesta no es nueva en lo conceptual, pero sí lo es en su intento de aterrizarla en una arquitectura comercial: nodos de cómputo en LEO que, en teoría, podrían atender peticiones de inferencia, filtrar o preprocesar datos y reducir la necesidad de transportar grandes volúmenes a centros de datos terrestres. En paralelo, existe el reclamo energético: en el espacio hay acceso a radiación solar más constante que en superficie, lo que abre la puerta —al menos sobre el papel— a replantear parte del coste energético de la IA.

Los retos que la industria no puede ignorar

El entusiasmo convive con una lista de realidades técnicas que cualquier administrador de sistemas traduciría a una palabra: operación.

Un “data center” en órbita implica lidiar con radiación, degradación de componentes, gestión térmica (en vacío no se disipa calor como en aire; se depende de radiadores y diseño), limitaciones de mantenimiento físico, tiempos de reemplazo ligados a lanzamientos, y una cadena de conectividad que depende de enlaces espaciales y estaciones terrestres. Además, a escala de constelación, se suman preocupaciones regulatorias y de sostenibilidad orbital: tráfico espacial, residuos, coordinación internacional.

De hecho, analistas del sector de centros de datos ya advierten de que, aunque haya cada vez más compañías explorando este camino, “hacerlo funcionar” a gran escala será la parte difícil. El movimiento de Agnikul y NeevCloud se interpreta así como un experimento de alto perfil: si el piloto demuestra valor real —y no solo una demo—, la idea podría ganar tracción.

Una tendencia que se acelera: de la noticia a las propuestas ante reguladores

El anuncio de India llega en un momento en el que otros nombres están empujando narrativas similares. En Estados Unidos, SpaceX ha presentado ante la FCC una propuesta para una constelación de hasta 1.000.000 de satélites orientados a “centros de datos” alimentados por energía solar en órbita, un número que incluso los analistas consideran improbable en su forma literal, pero que muestra la dirección estratégica. En paralelo, Starcloud ha aparecido asociada a una propuesta de hasta 88.000 satélites, dentro de un debate que empieza a parecer una nueva “carrera armamentística” del cómputo, esta vez orbital.

En ese tablero, India busca posicionarse con una ventaja narrativa: no solo lanzamiento, sino servicio. Agnikul no vendería únicamente el viaje al espacio, sino también parte del “hogar” donde se alojan cargas de cómputo, reduciendo —según la propia compañía— la necesidad de que el cliente diseñe y despliegue satélites completos.

Qué deberían vigilar desarrolladores y equipos de infraestructura

Para los perfiles técnicos, lo más relevante quizá no sea el titular, sino las preguntas que abre:

  • ¿Qué tipo de cargas se ejecutarán realmente en esos nodos? (inferencia ligera, pipelines de streaming, filtrado, compresión, modelos especializados).
  • ¿Cómo se desplegarán y actualizarán? (imágenes inmutables, despliegue tipo edge, control remoto, telemetría, mecanismos de rollback).
  • ¿Qué SLA es realista en un entorno sin intervención física inmediata?
  • ¿Cómo se integran esos nodos con infraestructuras en tierra? (backhaul, estaciones, peering, seguridad de extremo a extremo).

En 2026, todavía son más preguntas que respuestas. Pero la señal de mercado es clara: el coste energético de la IA, la necesidad de soberanía y la búsqueda de nuevas superficies de computación están empujando a empresas a tratar la órbita como el siguiente “borde” del sistema.


Preguntas frecuentes

¿Qué significa exactamente “centro de datos en el espacio” en este anuncio?
Se refiere a módulos de cómputo para Inteligencia Artificial alojados en órbita baja (LEO), pensados para ejecutar inferencia y tareas de procesamiento, no necesariamente un CPD clásico con miles de servidores.

¿Por qué reutilizar la etapa superior de un cohete puede abaratar despliegues orbitales?
Porque evita diseñar un satélite desde cero para hospedar el hardware: la etapa superior se aprovecha como plataforma activa en órbita, reduciendo parte del coste y complejidad de integración.

¿Qué ventajas técnicas tendría la inferencia de IA en órbita frente a la inferencia en centros de datos terrestres?
El argumento principal es acercar el cómputo a ciertos flujos de datos y operar con nodos tipo edge computing espacial, además de explorar un modelo energético basado en energía solar en el entorno orbital.

¿Cuáles son los mayores riesgos operativos de un “data center orbital” para equipos de sysadmin y desarrollo?
Gestión térmica en vacío, radiación, mantenimiento limitado, actualizaciones remotas exigentes, dependencia de enlaces espaciales y regulación del tráfico orbital, además de la complejidad de monitorizar y asegurar una constelación distribuida.

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