India apuesta por los componentes electrónicos con 4.680 millones: ¿la alternativa real a China?

India vuelve a mover ficha en una partida que ya no se juega solo en fábricas, sino también en geopolítica, aranceles y seguridad de suministro. El Gobierno del país ha dado luz verde a un paquete de proyectos para impulsar la fabricación de componentes electrónicos por 418.630 millones de rupias (unos 4.640 millones de dólares), un paso que busca reforzar la producción local y reducir la dependencia de importaciones en un sector cada vez más estratégico.

El anuncio llega en un momento en el que muchas multinacionales llevan años intentando diversificar sus cadenas de suministro con la estrategia conocida como “China+1”: mantener parte de la producción en China, pero sumar capacidad relevante en otros países para mitigar riesgos. India, por tamaño, población, costes laborales y ambición industrial, aparece como el candidato más repetido cuando se habla de alternativas creíbles.

Un plan para dejar de ser solo “la fábrica de ensamblaje”

La clave de esta decisión es que no se centra únicamente en ensamblar el producto final —el último eslabón, a menudo el menos rentable—, sino en subir peldaños en la cadena de valor. Según lo comunicado por el Ministerio de Electrónica y Tecnologías de la Información, los proyectos aprobados se integran en el Electronics Component Manufacturing Scheme (ECMS) y contemplan la fabricación de piezas como carcasas para móviles, subconjuntos de cámara y otros componentes que alimentan la maquinaria del consumo digital global.

La magnitud del paquete aprobado se entiende mejor con dos cifras que lo acompañan: estos proyectos, repartidos por ocho estados del país, aspiran a generar producción de componentes valorada en 2,58 billones de rupias (aproximadamente 28.620 millones de dólares) y a crear alrededor de 34.000 empleos directos. En paralelo, el propio objetivo de India es más grande: hacer crecer el ecosistema de fabricación electrónica desde un volumen de 125.000 millones de dólares en el ejercicio fiscal 2024–2025 hacia 500.000 millones de dólares en el ejercicio 2030–2031.

Quiénes se benefician: de gigantes globales a campeones locales

Entre las compañías que figuran como beneficiarias aparecen nombres con peso en el tablero mundial, como Samsung, Foxconn y Tata Electronics, junto a otros grupos industriales y proveedores del sector. La lectura es evidente: India quiere ser algo más que un destino de mano de obra; pretende convertirse en un país donde el proveedor de primer y segundo nivel también esté cerca, reduciendo tiempos, costes logísticos e incertidumbre.

Este movimiento encaja con la lógica de los últimos años: los grandes fabricantes necesitan cadenas de suministro más resilientes, con dobles fuentes y capacidad regional para responder a shocks —desde cierres por pandemia hasta tensiones comerciales o interrupciones logísticas—. El componente electrónico, además, es una pieza esencial: sin él, no hay teléfono, ni portátil, ni vehículo conectado, ni infraestructura de telecomunicaciones.

El factor Estados Unidos–China: controles, sospechas y el “riesgo país”

El contexto internacional ayuda a entender por qué India acelera. Washington ha endurecido progresivamente los controles de exportación sobre tecnologías avanzadas hacia China, especialmente en semiconductores y equipamiento de fabricación, con el argumento de limitar usos militares y avances en supercomputación e inteligencia artificial. Estas medidas han ido ampliándose y refinándose con el tiempo, aumentando la presión sobre la industria tecnológica global.

A ese clima se suman políticas comerciales más agresivas —incluyendo episodios de aranceles que reconfiguran costes— y un discurso político que, en distintas etapas, ha empujado a priorizar fabricación “más cerca de casa” o en países considerados socios. El resultado, para muchas empresas, es una conclusión práctica: depender de un único país para producir y abastecer el mundo ya no parece una apuesta inteligente.

Apple como termómetro: cuando el iPhone también cambia de dirección

Si hay una empresa cuya cadena de suministro se analiza como si fuera un informe macroeconómico, esa es Apple. Su giro hacia India se ha convertido en un símbolo del nuevo ciclo. Informaciones publicadas en 2025 señalaban que la compañía buscaba que India fabricase la mayoría de los iPhone destinados a Estados Unidos hacia finales de 2026, en un intento por reducir exposición a China y navegar un entorno de posibles costes adicionales en importaciones.

Ese fenómeno, además, no ocurre en el vacío: cuando el producto más emblemático del consumo tecnológico empieza a moverse, detrás suele venir una parte del ecosistema de proveedores. Pero para que el salto sea real, el país receptor necesita algo más que plantas de ensamblaje: necesita componentes, subensambles, materiales, mecanizados, plásticos técnicos, metalurgia de precisión, PCB y logística de calidad industrial. Y ahí es donde encaja el nuevo paquete de proyectos.

India quiere capturar “el valor que no se ve”

En electrónica, el valor no está solo en el último tornillo. Está en el módulo de cámara, en la carcasa mecanizada, en las piezas estructurales, en el laminado de placas, en los materiales para baterías y en la capacidad de producir con calidad repetible a gran escala. Por eso, en las aprobaciones aparecen áreas como enclosures (carcasas), instalaciones de extrusión de aluminio, y proyectos vinculados a materiales para celdas, que apuntan a una estrategia de localización más profunda.

La ambición es clara: si India logra que el componente clave se fabrique localmente, el país no solo suma empleo, también gana músculo industrial, know-how y capacidad de negociación. Y, a medio plazo, puede atraer más inversión por efecto “cluster”: cuando el proveedor está cerca, fabricar se vuelve más eficiente.

¿Puede ser India “la nueva China”? La pregunta correcta quizá es otra

La comparación con China es inevitable, pero también tramposa. China no se convirtió en potencia manufacturera de la noche a la mañana: lo hizo tras décadas de inversión en infraestructura, puertos, energía, formación industrial, ecosistema de proveedores y un marco de producción a escala monumental.

India, en cambio, avanza con fortalezas evidentes —mercado interno gigantesco, demografía, costes competitivos, capacidad tecnológica creciente—, pero también con retos clásicos: infraestructura desigual, complejidad regulatoria entre estados, necesidad de mejorar logística, y el desafío de formar y retener talento industrial en segmentos de alta precisión. En pocas palabras: puede convertirse en un gran polo de fabricación, sí, pero replicar el “modelo China” completo es otra historia.

Por eso, más que preguntar si será “la nueva China”, muchos analistas plantean una cuestión más realista: ¿en qué partes de la cadena puede India convertirse en líder y en cuáles será un complemento?. El movimiento de hoy sugiere una respuesta: India quiere ser fuerte en componentes clave para electrónica de consumo, especialmente en el entorno del smartphone y sus periféricos industriales.

Una apuesta que también se mide en exportaciones y empleo

India no oculta el objetivo: construir un ecosistema capaz de producir a escala global y elevar sus cifras de exportación. El sector electrónico ya ha mostrado una trayectoria de crecimiento y se ha convertido en una pieza central de la narrativa “Make in India”. En ese marco, el plan de componentes no es un anuncio aislado, sino parte de un puzzle de incentivos y políticas industriales que buscan convertir la manufactura tecnológica en un motor sostenido de empleo y balanza comercial.

La aritmética del movimiento también tiene lógica fiscal: las subvenciones y esquemas de incentivos suelen justificarse por el retorno en inversión privada, creación de empleo, impuestos derivados de actividad económica y desarrollo de capacidades estratégicas. Y, en un mundo donde la electrónica se cruza con defensa, comunicaciones y soberanía tecnológica, el componente se vuelve casi “infraestructura nacional”.

El próximo examen: ejecución, tiempos y calidad

A partir de aquí, el reto no es el anuncio: es la ejecución. En industria, el éxito se mide por cronogramas, capacidad instalada, productividad, calidad y cumplimiento. Para que India consolide este salto, necesitará que los proyectos aprobados se traduzcan en plantas operativas, proveedores integrados, homologaciones superadas y un flujo estable de producción que convenza a las multinacionales de mover más volumen.

Si lo logra, India no solo ganará titulares: ganará una posición más fuerte en la economía global. Si falla, seguirá siendo una alternativa parcial, útil para diversificar, pero incapaz de absorber la magnitud que hoy sigue concentrada en China.

Lo que sí parece claro es que el mundo está reescribiendo el mapa industrial de la electrónica. Y India quiere aparecer en ese mapa no como nota a pie de página, sino como protagonista.


Preguntas frecuentes

¿Qué es el Electronics Component Manufacturing Scheme (ECMS) de India?

Es un esquema de incentivos impulsado por el Gobierno indio para fomentar la fabricación local de componentes electrónicos, reducir importaciones y fortalecer el ecosistema industrial con proyectos subvencionados.

¿Qué tipo de componentes pretende fabricar India con este plan?

Entre los componentes citados figuran carcasas para teléfonos móviles, subconjuntos de cámara y otras piezas necesarias para la industria electrónica, con foco en aumentar el contenido local en productos finales.

¿Por qué tantas empresas están diversificando producción fuera de China?

Por una combinación de riesgos: tensiones geopolíticas, controles de exportación en tecnología avanzada, cambios arancelarios, interrupciones logísticas y la necesidad de cadenas de suministro más resilientes con múltiples centros de producción.

¿Cuáles son los principales retos para que India sea un gran hub de electrónica?

Infraestructura y logística consistentes, escalado industrial con calidad repetible, coordinación regulatoria entre estados, disponibilidad de proveedores de precisión y formación de talento técnico para manufactura avanzada.

Fuente: Reuters

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