La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025, firmada bajo la presidencia de Donald Trump, es sobre todo un documento de tecnología con forma de texto geopolítico. Más allá de las referencias a Europa, China o el “Trump Corollary” a la Doctrina Monroe, el mensaje de fondo para el ecosistema digital es claro: quien controle la inteligencia artificial, los chips, las infraestructuras digitales y la ciberseguridad controlará buena parte del orden mundial de las próximas décadas.
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Para un lector de tecnología, el documento funciona casi como una hoja de ruta de prioridades: consolidar el dominio en IA, biotecnología y computación cuántica, asegurar el suministro de semiconductores, blindar las redes críticas frente a ciberataques y utilizar el poder financiero y tecnológico de Estados Unidos como palanca de influencia global.
La tecnología pasa a ser un interés vital, no un tema sectorial
En uno de los primeros bloques, la estrategia enumera los intereses “vitales” de Estados Unidos en el mundo. Junto a la estabilidad del Hemisferio Occidental o la seguridad en el Indo-Pacífico, aparece una frase que sintetiza la importancia del sector tecnológico: Washington quiere garantizar que la tecnología y los estándares estadounidenses, “sobre todo en IA, biotecnología y computación cuántica, sean los que impulsen el mundo hacia adelante”.
No se trata solo de exportar productos, sino de fijar normas técnicas, protocolos y marcos regulatorios que se conviertan en referencia global. El documento asume que quien marque esos estándares tendrá una ventaja estructural en cadenas de suministro, propiedad intelectual, plataformas digitales y, por extensión, en influencia política.
La propia descripción de los “medios” de que dispone Estados Unidos refuerza esa idea. Entre los principales activos del país, la Estrategia incluye:
- la “economía más innovadora del mundo”,
- el “sector tecnológico más avanzado y rentable”,
- y un ecosistema financiero que permite financiar innovación a escala global.
Es decir, el software y el hardware ya no se contemplan como sectores más de la economía, sino como infraestructura de poder nacional, al mismo nivel que las Fuerzas Armadas o la red de alianzas.
IA, cuántica y sistemas autónomos: la próxima generación de poder militar
En el terreno estrictamente militar, el documento deja poco espacio a la interpretación: Estados Unidos quiere mantener y ampliar su ventaja en tecnologías de doble uso y defensa, con énfasis en los dominios donde se considera más fuerte.
La Estrategia menciona explícitamente:
- capacidades en entorno submarino, espacio y nuclear,
- y, sobre todo, tecnologías que “decidirán el futuro del poder militar”:
- inteligencia artificial,
- computación cuántica,
- sistemas autónomos,
- y las fuentes de energía necesarias para sostenerlos.
El mensaje para las empresas de defensa, las startups de robótica y los proveedores de IA es directo: habrá presupuesto y apoyo político para quienes contribuyan a mantener ese margen tecnológico, siempre y cuando encajen con la agenda estratégica.
Al mismo tiempo, la Casa Blanca asume que una parte crítica de esa carrera no se jugará solo en los laboratorios, sino en el terreno de la propiedad intelectual y el espionaje industrial. De ahí la insistencia posterior en combatir el robo tecnológico y el ciberespionaje, especialmente en la relación con China y en la presión que se pide a Europa.
Semiconductores y Taiwán: la geopolítica de los chips, negro sobre blanco
Pocas veces un documento oficial de este nivel reconoce de forma tan directa la dependencia del mundo de un solo nodo de fabricación. La Estrategia subraya que la importancia de Taiwán no es solo geográfica, sino también tecnológica, “en parte por su dominio en la producción de semiconductores”.
Esa frase cristaliza lo que el sector lleva años repitiendo: la isla es un punto de apoyo crítico del ecosistema global de chips, y cualquier conflicto en el estrecho tendría consecuencias inmediatas para:
- la industria de servidores y centros de datos,
- el mercado de electrónica de consumo,
- el despliegue de infraestructuras de red,
- y la evolución misma de la IA generativa, dependiente de GPUs de alta gama.
Que la Estrategia ate explícitamente semiconductores, rutas marítimas y equilibrio militar en Asia confirma que para Washington la política de chips ya no es industrial, sino abiertamente estratégica. Y envía una señal a fabricantes, foundries y proveedores de equipos: la reconfiguración de cadenas de suministro, reshoring y friendshoring no es una moda, sino parte central de la política de seguridad.
Infraestructura digital y “Global South”: competir con el modelo chino
Otro eje tecnológico clave es la lucha por las infraestructuras físicas y digitales en el llamado “Sur Global”. El texto reconoce que las empresas estatales y respaldadas por el Estado chino han sabido aprovechar sus excedentes comerciales para financiar:
- redes de telecomunicaciones,
- proyectos de infraestructura física y digital,
- y préstamos vinculados a la construcción de puertos, carreteras o redes eléctricas.
La Estrategia calcula que China ha reciclado en torno a 1,3 billones de dólares de sus superávits comerciales en forma de créditos a socios. Y advierte de los “costes ocultos” de esas ofertas: espionaje, riesgos de ciberseguridad y trampas de deuda, entre otros.
Frente a ello, Estados Unidos propone una respuesta que combina:
- tecnología (ofrecer soluciones propias en redes, IA, energía o infraestructuras críticas),
- finanzas (aprovechar la profundidad de sus mercados de capitales y el dólar como moneda de reserva),
- y diplomacia económica (coordinarse con Europa, Japón, Corea del Sur y otros aliados, que acumulan importantes activos en el exterior).
Para los países africanos, latinoamericanos o del sudeste asiático, el mensaje es que la batalla ya no será solo entre préstamos chinos y multilaterales, sino entre paquetes completos de infraestructura digital, estándares tecnológicos y alineamiento político.
Ciberseguridad e infraestructuras críticas: alianza obligada con el sector privado
En el capítulo de ciberdefensa, la Estrategia se aleja del discurso genérico y entra en detalles relevantes para cualquier empresa tecnológica o proveedor de servicios críticos.
El documento subraya que los “vínculos críticos del Gobierno estadounidense con el sector privado” son indispensables para:
- vigilar amenazas persistentes contra redes estadounidenses,
- proteger infraestructuras críticas,
- realizar detección en tiempo real, atribución y respuesta,
- y articular tanto la defensa de red como las operaciones cibernéticas ofensivas.
Es decir, se da por hecho que las compañías de telecomunicaciones, cloud, energía, transporte, banca y grandes proveedores de software formarán parte del dispositivo de seguridad nacional, de manera más o menos explícita.
Además, la estrategia liga esta agenda ciber a una política de desregulación selectiva: para mantener la competitividad y la capacidad de innovación, Washington se propone eliminar trabas regulatorias en aquellos ámbitos donde considere que la regulación frena su ventaja tecnológica frente a países rivales.
Europa: llamada de atención en robo tecnológico y ciberespionaje
Aunque el foco del documento no es europeo en clave tecnológica, hay un pasaje que afecta de lleno a Bruselas y a las capitales del continente. En el apartado dedicado a Europa, se anima a los países europeos a combatir con más firmeza el “exceso mercantilista, el robo tecnológico y el ciberespionaje”, junto a otras prácticas económicas consideradas hostiles.
Traducido al lenguaje del sector, implica que Estados Unidos espera:
- una coordinación más estrecha en controles de exportaciones de tecnología sensible,
- una postura común frente a operaciones de espionaje digital contra empresas y organismos,
- y un alineamiento más claro en la defensa de propiedad intelectual, datos industriales y secretos comerciales.
Para la industria europea de cloud, semiconductores, 5G/6G, IA o ciberseguridad, el texto supone un recordatorio de que la autonomía estratégica tecnológica no solo dependerá de programas propios, sino de cómo se articule la relación con Washington y de qué lado se inclinen esos estándares que EE. UU. quiere liderar.
AI como herramienta de influencia: del Golfo a las alianzas tecnológicas
Un ejemplo llamativo del uso de la tecnología como moneda diplomática aparece en el capítulo sobre Oriente Medio. La Estrategia menciona las visitas de Trump a varios países del Golfo en 2025 y afirma que allí el presidente obtuvo el apoyo de estos Estados a la “tecnología de IA superior de Estados Unidos”, reforzando alianzas.
El mensaje implícito es que la IA no solo se concibe como herramienta productiva o militar, sino también como activo de política exterior: un país que quiera integrarse en la esfera estadounidense puede acceder a:
- cooperación en IA,
- acuerdos de defensa,
- y acceso a mercados de capital y tecnología.
El texto propone replicar esa lógica con Europa, Asia y socios como India, formando coaliciones que aprovechen la ventaja comparativa de Estados Unidos en finanzas y tecnología para abrir mercados de exportación y atar alianzas a largo plazo.
Lo que se juega el sector tecnológico en esta nueva etapa
Para una empresa tecnológica, un centro de datos, una startup de IA o un proveedor de semiconductores, esta Estrategia de Seguridad Nacional dibuja varios escenarios:
- Más presión para elegir bandos en temas de estándares, cadenas de suministro y despliegues de infraestructura crítica.
- Más peso de la seguridad nacional en decisiones que antes se veían como puramente comerciales: desde dónde se fabrican chips hasta qué tecnología se despliega en una red 5G o quién mantiene un sistema de IA en producción.
- Más oportunidades para quienes encajen en las prioridades declaradas (IA, cuántica, sistemas autónomos, ciberseguridad, defensa de infraestructuras, semiconductores), pero también más escrutinio.
- Y, en paralelo, más incertidumbre regulatoria y geopolítica para quienes operen a caballo entre distintas jurisdicciones.
Lo que para el sector tecnológico ha sido durante años un debate casi teórico —“geopolítica de la tecnología”— se convierte ahora en política oficial de la primera potencia mundial.
Quien quiera profundizar en el tono y los detalles de este giro puede leer el documento completo en el PDF de la National Security Strategy of the United States of America, November 2025 que acompaña esta información.
vía: Noticias de Madrid