La escasez de memoria entra en una fase nueva en 2026: ya no se trata solo de subir precios o priorizar contratos de mayor margen, sino de controlar activamente qué pedidos responden a demanda real y cuáles son “defensivos”. En otras palabras, separar consumo auténtico de acaparamiento (hoarding), ese comportamiento por el que algunos compradores piden más de lo que necesitan para asegurarse suministro… y, de paso, tensar el mercado para todos.
En ese contexto, Samsung Electronics, SK hynix y Micron Technology han empezado a endurecer las condiciones comerciales y a solicitar más explicaciones sobre volúmenes, inventario y destino de sus chips de memoria. La lógica es clara: cuando la oferta es limitada y la demanda ligada a centros de datos y Inteligencia Artificial absorbe capacidad, cualquier sobrepedido distorsiona el equilibrio y multiplica el efecto dominó sobre sectores enteros (portátiles, televisores, automoción o electrónica industrial).
Qué está cambiando: de “vender todo” a “auditar la demanda”
Durante años, el mercado de DRAM y NAND ha convivido con ciclos: subidas, bajadas, ajustes de inventario y renegociaciones de contratos. La diferencia ahora es el tono. Según el análisis de TrendForce, los tres grandes fabricantes están pidiendo a algunos clientes datos más detallados para justificar pedidos: cuánto consumen realmente, qué inventario mantienen y, en determinados casos, quién es el cliente final o cómo se distribuye esa memoria en la cadena.
La medida tiene una lectura estratégica: si el fabricante logra detectar el pedido “inflado” antes de que se convierta en una bola de nieve, puede asignar capacidad con más precisión, proteger relaciones a largo plazo y evitar una escasez artificial creada por miedo (o por especulación).
El elefante en la habitación: la IA y la memoria “prioritaria”
La demanda vinculada a la Inteligencia Artificial no solo aumenta: compite por la misma atención industrial. Parte del músculo productivo, la planificación de obleas y la priorización comercial se orienta hacia memorias y productos con mayor valor para centros de datos. Y eso deja menos margen para la memoria “convencional” que alimenta el grueso del consumo (PCs, móviles, televisores y un sinfín de equipos). En un escenario así, incluso compradores serios y previsibles caen en la tentación de cubrirse “por si acaso”.
No es casualidad que TrendForce describa el momento como una etapa en la que la disciplina de pedidos se convierte en una herramienta de mercado: evitar que la presión de inventario (real o ficticia) termine empujando a más actores a comprar por pánico.
Efectos ya visibles: portátiles bajo presión y componentes que “pesan” más en el coste
El impacto se empieza a notar en el calendario de producto. En el mercado de portátiles, por ejemplo, TrendForce anticipa una caída del 14,8 % intertrimestral en los envíos globales durante el 1T de 2026, y apunta a un cóctel incómodo: encarecimiento de CPU y memoria, ajustes de inventario y decisiones de compra más conservadoras.
Otro indicador relevante es cómo cambia el “peso” de la memoria en el coste de productos masivos. En televisores, la consultora destaca que el coste de DRAM dentro de la lista de materiales (BOM) ha escalado: de rondar el 2,5 %-3 % en modelos típicos, a moverse en el 6 %-7 % en ciertas configuraciones, algo que termina presionando precios o márgenes (y, en la práctica, ambas cosas).
Qué significa esto para el mercado (y para el consumidor)
Para los fabricantes de memoria, el giro tiene dos ventajas:
- reduce el “ruido” en la señal de demanda, y
- permite defender márgenes sin dejar que el mercado se vuelva ingobernable por pedidos inflados.
Para los fabricantes de PCs, móviles o electrónica de consumo, el mensaje es menos cómodo: habrá menos tolerancia a las estrategias de “por si acaso”. Quien no pueda justificar pedidos con consumo claro y planificación realista lo tendrá más difícil para asegurarse suministro estable.
Y para el consumidor final, aunque la memoria sea un componente que rara vez se menciona en una etiqueta, el efecto suele ser directo:
- equipos más caros,
- menos promociones, o
- configuraciones más recortadas (menos RAM o menos almacenamiento) para mantener precios.
La paradoja del acaparamiento: el intento de protegerse empeora el problema
El hoarding se alimenta de sí mismo. Si una empresa teme que falte memoria, compra más. Eso reduce el stock disponible, sube los precios y confirma el miedo del resto. La reacción, entonces, es comprar aún más. Lo que están intentando hacer los grandes fabricantes es cortar ese bucle antes de que se convierta en norma de mercado durante todo 2026.
La pregunta, de fondo, es si este mayor control logrará normalizar la demanda o si empujará a una parte de la industria hacia contratos más rígidos, menos flexibles y con más condiciones. Y ahí es donde 2026 puede volverse un año “de selecciones”: no solo de tecnologías y productos, sino de quién tiene prioridad real en la cadena.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el “hoarding” en el mercado de memoria y por qué encarece los dispositivos?
Es el acaparamiento de inventario mediante pedidos por encima de la necesidad real. Reduce oferta disponible, distorsiona la demanda y suele acelerar subidas de precios en DRAM y NAND.
¿Por qué Samsung Electronics, SK hynix y Micron Technology piden más información sobre los pedidos?
Porque buscan distinguir consumo real de pedidos defensivos y asignar capacidad de forma más eficiente en un mercado tensionado por centros de datos e Inteligencia Artificial.
¿Cómo puede afectar la escasez de memoria a la compra de un portátil en 2026?
Con precios más altos, menos descuentos o modelos base con menos RAM/SSD. Además, las previsiones del sector apuntan a presión en envíos por el encarecimiento de CPU y memoria.
¿Qué sectores, además de la electrónica de consumo, sufren más cuando falta DRAM y NAND?
Automoción, industria y cualquier producto con ciclos de fabricación largos y logística compleja: cuando se corta el suministro de un componente clave, se retrasa todo el ensamblaje.