El cobre se convierte en el “metal de la IA”: analistas ven precios fuertes hasta 2026 por centros de datos, coches eléctricos y redes eléctricas

El cobre está volviendo a ocupar un lugar protagonista en la conversación tecnológica, pero no por un nuevo chip ni por una innovación de software: por su papel físico e insustituible en la infraestructura que sostiene la economía digital. A medida que la Inteligencia Artificial dispara la construcción de centros de datos, que el vehículo eléctrico gana peso y que los países aceleran la modernización de sus redes eléctricas, el mercado del cobre se está tensionando… y las previsiones apuntan a que esa presión puede prolongarse hasta 2026.

El movimiento no es menor: en 2025, el precio del cobre en Londres llegó a tocar máximos en torno a 11.952 $ por tonelada y cerró el año con una subida cercana al 35%. Detrás de esta escalada hay varios factores simultáneos: expectativas de demanda estructural y, al mismo tiempo, problemas de oferta por interrupciones en minas y restricciones operativas que afectan al ritmo de suministro.

Por qué la fiebre de la IA también es una fiebre de cobre

Aunque a primera vista suene contraintuitivo, los modelos de IA no solo “consumen GPU”: consumen electricidad y, sobre todo, infraestructura para mover esa electricidad de forma segura y eficiente dentro de edificios que concentran densidades de potencia inéditas. Eso se traduce en kilómetros de cableado, barras de distribución (busbars), cuadros eléctricos, transformadores, sistemas de puesta a tierra y un sinfín de componentes donde el cobre sigue siendo el material estándar por conductividad, fiabilidad y madurez industrial.

A esta ola se suma el coche eléctrico, con más cableado y electrónica de potencia que un vehículo de combustión, y una realidad adicional: las redes eléctricas necesitan refuerzo para absorber más demanda, integrar renovables y electrificar sectores completos. En otras palabras, el crecimiento no depende de un solo sector, sino de tres motores que se retroalimentan.

La señal del mercado: previsiones de precios y déficit hasta 2026

Los analistas no hablan de un “pico” aislado, sino de un escenario en el que el equilibrio sigue ajustado. Reuters, por ejemplo, recoge un consenso de mercado donde el déficit global de cobre refinado rondaría las 150.000 toneladas en 2026 (y 124.000 en 2025), un contexto que suele sostener precios elevados.

En paralelo, firmas de inversión también han puesto números al escenario 2026. JP Morgan ha proyectado un precio medio en torno a 11.000 $/t para 2026, junto a un déficit de cobre refinado estimado alrededor de 160.000 toneladas. Y otras recopilaciones de previsiones publicadas a partir de encuestas a analistas sitúan el promedio de 2026 cerca de 10.500 $/t.

Tabla rápida: qué está descontando el mercado para 2026

Indicador (referencia pública)Magnitud para 2026Qué implica
Precio medio estimado (consenso de analistas)~10.500 $/tPrecios “altos” sostenidos, no un rebote puntual
Escenario banco de inversión~11.000 $/t Expectativa de tensión adicional en oferta/demanda
Déficit de cobre refinado (estimaciones citadas)~150.000–160.000 tMercado ajustado: más sensible a cualquier interrupción

(Las magnitudes son estimaciones de terceros publicadas; no son garantías de precio.)

Quién gana y quién sufre si el cobre sigue caro

Beneficiados (en general):

  • Mineras y proyectos de cobre si logran aumentar producción sin retrasos.
  • Industria de transformación (cable, conectores, componentes eléctricos) cuando puede trasladar costes a precio final y mantener márgenes, algo habitual en contratos indexados o revisables.

Perjudicados (o presionados):

  • Constructores de centros de datos y su cadena de suministro (electrificación interna, subestaciones, acometidas), porque parte del CAPEX se encarece.
  • Automoción eléctrica y fabricantes de equipos eléctricos si el coste de materiales se traslada a componentes.
  • Operadores de red y utilities, que afrontan planes de inversión multianuales donde los materiales pesan mucho.

En la práctica, el cobre “no rompe” un proyecto por sí solo, pero sí puede recortar márgenes, obligar a renegociar contratos o acelerar estrategias de aprovisionamiento (compras a plazo, coberturas financieras, diversificación de proveedores y, cuando es viable, rediseños para reducir material).

¿Se puede sustituir el cobre?

A corto plazo, de forma limitada. El aluminio se usa en algunos tramos (por ejemplo, líneas aéreas y ciertos conductores) por coste y peso, pero no es un reemplazo universal: cambia secciones, conectores, pérdidas, calentamiento y requisitos de instalación. En entornos de alta densidad eléctrica (como los centros de datos), la decisión suele priorizar seguridad, rendimiento y estandarización, lo que mantiene al cobre muy presente.


Preguntas frecuentes

¿Por qué el auge de la IA aumenta la demanda de cobre si todo “va por fibra”?
Porque el cuello de botella no es solo el dato: es la potencia eléctrica. La IA empuja centros de datos con más consumo y más distribución interna de energía, y eso requiere mucho cobre en cableado, barras y equipamiento eléctrico.

¿Qué significa un “déficit de cobre refinado” y por qué importa?
Que la demanda supera la oferta disponible de cobre ya procesado para uso industrial. En mercados ajustados, cualquier interrupción en minas o refinerías puede impactar más en el precio.

¿Puede el precio del cobre abaratarse rápido si baja la economía?
Puede haber correcciones, pero el argumento de fondo de muchos analistas es que parte de la demanda es estructural (electrificación, red, centros de datos). Aun así, el precio depende también de China, inventarios, dólar, tipos y eventos en oferta.

¿Dónde se nota antes una subida del cobre: en el consumidor o en las empresas?
Normalmente primero en empresas: presupuestos de obra eléctrica, equipamiento industrial, componentes y cableado. En consumo, el efecto suele llegar de forma indirecta (costes de despliegue, mantenimiento e inversión), no como una “línea” visible en una factura.

vía: Digitimes y hellenicshippingnews

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