El boom de la IA dispara la Bolsa y economistas del BCE esperan una corrección

El auge de la inteligencia artificial ha llevado las valoraciones de buena parte del sector tecnológico estadounidense a niveles que recuerdan a la era puntocom. Cinco economistas vinculados al Banco Central Europeo (BCE) consideran que una corrección de las actuales valoraciones bursátiles es probable incluso si la IA termina cumpliendo las enormes expectativas depositadas en ella. La advertencia resulta especialmente relevante para Europa: los hogares de la zona euro acumulan unos 440.000 millones de euros de exposición a tecnológicas estadounidenses.

Las claves del boom bursátil de la IA en 20 segundos

  • Las valoraciones del mercado estadounidense están cerca de máximos históricos según el ratio CAPE.
  • Los autores consideran probable una corrección, incluso si el crecimiento de la IA justifica el optimismo actual.
  • Nvidia ejemplifica el auge: su cotización se ha multiplicado unas 20 veces desde 2022.
  • Los hogares de la zona euro tienen unos 440.000 millones de euros expuestos a tecnológicas de EEUU.
  • Europa presenta valoraciones menores, pero difícilmente quedaría aislada de una caída estadounidense.

El análisis, publicado el 17 de agosto de 2026 en el blog del BCE, está firmado por Malin Andersson, Johannes Breckenfelder, Stefano Corradin, Kalin Nikolov y Maria Antonietta Viola. Hay un matiz necesario: sus opiniones no representan necesariamente la posición oficial del BCE ni del Eurosistema.

La pregunta que plantean resulta especialmente interesante para el sector tecnológico. La IA puede convertirse en una de las tecnologías más importantes de las próximas décadas y, al mismo tiempo, provocar una corrección bursátil entre las empresas que están protagonizando su desarrollo.

No son escenarios incompatibles.

Nvidia muestra hasta dónde han llegado las expectativas sobre la IA

La inteligencia artificial ha cambiado en pocos años la estructura de la industria tecnológica. GPU, memoria HBM, centros de datos, redes de alta velocidad y capacidad eléctrica se han convertido en recursos estratégicos mientras los grandes proveedores cloud destinan cantidades crecientes de capital a infraestructura.

Nvidia representa mejor que ninguna otra compañía esta transformación.

Los economistas recuerdan que su cotización se ha multiplicado aproximadamente por 20 desde 2022, coincidiendo con la explosión comercial de la IA generativa y el aumento de la demanda de aceleradores para entrenamiento e inferencia.

La cuestión que plantean no es si Nvidia vende realmente más chips o si la IA genera demanda. Ambas cosas son observables. El problema financiero aparece al determinar cuánto crecimiento futuro está incorporado ya en el precio de las acciones.

Los autores utilizan para ello el ratio CAPE, que relaciona el precio de las acciones con una media de diez años de beneficios reales ajustados por inflación.

El indicador del mercado estadounidense se encuentra cerca de sus máximos históricos y próximo a niveles observados durante la burbuja puntocom. En la zona euro también ha aumentado, aunque permanece considerablemente por debajo.

El paralelismo con Internet requiere cuidado. Que dos periodos presenten valoraciones elevadas no significa que vayan a terminar de la misma manera.

De hecho, el análisis plantea algo más interesante: ni siquiera es necesario que exista una burbuja para que llegue una corrección.

La IA puede cumplir las expectativas y las acciones caer igualmente

Las grandes revoluciones tecnológicas tienen una relación complicada con los mercados financieros.

El ferrocarril durante el siglo XIX, la electricidad y la radio durante las primeras décadas del XX e Internet en los años noventa generaron enormes expectativas de crecimiento. Todas eran tecnologías reales que terminaron modificando profundamente la economía.

Eso no impidió que aparecieran ciclos de fuertes subidas y posteriores caídas.

Los economistas presentan dos explicaciones.

La primera parte de un mercado racional. Cuando surge una nueva tecnología, resulta extremadamente difícil calcular cuál será su impacto económico. Los primeros inversores están comprando, en cierto modo, una opción sobre un futuro potencialmente enorme.

Una empresa puede fracasar, pero otra puede terminar convirtiéndose en el próximo gran gigante tecnológico. Esa posibilidad justifica pagar valoraciones elevadas.

La situación cambia cuando la tecnología se extiende por toda la economía.

La incertidumbre deja de concentrarse en unas pocas compañías y pasa a convertirse en un riesgo mucho más amplio. Los inversores pueden exigir entonces una mayor prima de riesgo y reducir lo que están dispuestos a pagar por los beneficios futuros.

Las cotizaciones podrían caer aunque los beneficios siguieran aumentando.

La segunda explicación es más próxima al concepto tradicional de burbuja: los inversores pueden sobreestimar las posibilidades de una tecnología y elevar las acciones por encima de lo que posteriormente justifican los resultados empresariales.

En ambos escenarios aparece una posible corrección.

Por eso los autores no intentan determinar si el mercado de la IA es racional o irracional. Consideran que la experiencia de anteriores revoluciones tecnológicas hace razonable prepararse para un ajuste en algún momento, aunque reconocen que es imposible anticipar cuándo ocurrirá.

Las Magnificent Seven concentran buena parte del riesgo

El desarrollo de la IA tampoco está repartido uniformemente entre todas las compañías tecnológicas.

Una parte considerable del capital se concentra alrededor de las denominadas Magnificent Seven: Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla.

Varias ocupan posiciones especialmente relevantes dentro de la infraestructura de IA.

Microsoft, Alphabet y Amazon operan algunas de las mayores plataformas cloud del mundo y están realizando grandes inversiones en centros de datos. Meta desarrolla sus propios modelos y construye enormes infraestructuras de entrenamiento. Nvidia suministra buena parte de los aceleradores utilizados por estas compañías.

Esta concentración termina trasladándose a los índices bursátiles.

Cuando un inversor compra determinados fondos globales o ETF indexados, una parte relevante de su dinero acaba invertida indirectamente en estos gigantes debido a su elevada capitalización.

Ahí aparece el vínculo con Europa.

Europa tiene 440.000 millones expuestos a tecnológicas estadounidenses

Según los cálculos recogidos en el análisis, los hogares de la zona euro mantienen aproximadamente 440.000 millones de euros de exposición a acciones tecnológicas estadounidenses.

Buena parte no corresponde a compras directas.

Los fondos de inversión son los mayores propietarios directos de acciones de las Magnificent Seven entre los inversores europeos analizados. Al estudiar quién tiene participaciones en esos fondos, los hogares aparecen como el grupo con mayor exposición indirecta.

También existen posiciones relevantes de aseguradoras y fondos de pensiones.

El auge de los ETF baratos y de los productos que replican índices internacionales ha facilitado que millones de inversores tengan exposición al crecimiento tecnológico estadounidense. Al mismo tiempo, el enorme tamaño alcanzado por unas pocas empresas puede introducir una concentración que no siempre resulta evidente para quien compra un producto denominado global o diversificado.

Una caída de estas compañías tendría además efectos que irían más allá de las pérdidas individuales.

Si una corrección provoca reembolsos importantes, los fondos pueden verse obligados a vender activos para devolver el dinero a sus clientes. Esas ventas pueden ejercer presión adicional sobre los precios y generar nuevos reembolsos.

Los autores consideran por ello que una caída intensa de las Magnificent Seven puede adquirir una dimensión de estabilidad financiera para la zona euro.

Europa no vive el mismo entusiasmo bursátil por la IA

La situación del sector tecnológico europeo es diferente.

Las valoraciones bursátiles de la zona euro han aumentado, pero permanecen muy por debajo de las estadounidenses. Los mercados europeos continúan además dominados en mayor medida por compañías de sectores tradicionales.

Los economistas tampoco detectan actualmente en el sector europeo de tecnologías de la información y las comunicaciones un comportamiento equivalente al de la era puntocom.

Eso no significa que Europa esté quedándose al margen de la inteligencia artificial.

La adopción empresarial está aumentando y la inversión digital acumulada durante la última década ha crecido más de tres veces lo que lo ha hecho el PIB de la zona euro durante el mismo periodo, según los datos utilizados en el análisis.

Europa parece estar viviendo una expansión de la IA menos intensa en Bolsa, pero eso tampoco la protege de Wall Street.

Los mercados estadounidenses y europeos mantienen históricamente una correlación elevada. Una corrección importante de las tecnológicas estadounidenses podría trasladarse a las bolsas europeas y terminar afectando a la confianza, las condiciones de financiación y las decisiones de contratación de las empresas.

El verdadero riesgo puede estar en todo lo construido alrededor de la IA

El análisis del BCE llega además en un momento especialmente interesante para la industria.

La carrera por la inteligencia artificial ya no consiste únicamente en desarrollar mejores modelos. Las grandes tecnológicas están construyendo centros de datos, comprando aceleradores, contratando capacidad eléctrica y desplegando redes para soportar una demanda de computación que esperan que continúe creciendo.

El mercado está valorando a estas compañías en función, entre otras variables, de que esas inversiones generen suficientes ingresos y beneficios futuros.

Ahí estará una de las grandes pruebas del actual ciclo de IA.

Una desaceleración del crecimiento no necesitaría significar el fracaso de la tecnología. Podría bastar con que los beneficios tardasen más de lo esperado en justificar las inversiones realizadas para que los mercados revisaran sus expectativas.

Internet ofrece precisamente una referencia útil.

La burbuja puntocom destruyó enormes cantidades de valor bursátil, pero Internet no desapareció. Al contrario, terminó convirtiéndose en la infraestructura sobre la que se construyó buena parte de la economía digital actual.

Con la IA podría darse una paradoja similar: que la tecnología termine siendo incluso más importante de lo previsto y que, durante el camino, las empresas vinculadas a ella atraviesen una fuerte corrección.

Los cinco economistas no saben cuándo ocurrirá ni desde qué nivel comenzaría el ajuste. Tampoco aseguran que las cotizaciones actuales sean irracionales.

Su advertencia es más incómoda para una industria acostumbrada a discutir si existe o no una burbuja: la corrección puede llegar independientemente de la respuesta a esa pregunta.

Preguntas frecuentes

¿Los economistas del BCE creen que la IA es una burbuja?

No necesariamente. Su análisis contempla tanto la posibilidad de que las valoraciones sean racionales como que exista un exceso de optimismo. En ambos escenarios consideran probable que aparezca una corrección en algún momento.

¿Por qué Nvidia aparece en el análisis?

Los autores utilizan Nvidia como ejemplo del fuerte aumento de las expectativas alrededor de la IA. Señalan que su cotización se ha multiplicado aproximadamente por 20 desde 2022.

¿Cuánto dinero europeo está expuesto a las tecnológicas de EEUU?

Los hogares de la zona euro acumulan alrededor de 440.000 millones de euros de exposición, principalmente mediante fondos de inversión y ETF.

¿Una corrección bursátil significaría que la IA ha fracasado?

No. El análisis recuerda que anteriores revoluciones tecnológicas atravesaron ciclos de auge y caída bursátil pese a que posteriormente transformaron la economía.

Fuentes: Portal Financiero y Banco Central Europeo

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